Una mirada general al territorio santiaguino

Hace años venimos realizando un trabajo silencioso a nivel territorial. Por ahora no aparecemos en los diarios, ni en la radio ni menos en la televisión. Nuestra labor se ha construido en diversos espacios públicos, reconociéndonos y ayudándonos a fortalecer redes y realizar trabajos comunitarios, feministas, pluriculturales, artísticos, ambientales y de clase.

Las hebras de estas redes políticamente activas están constituidas por pobladoras/es, activistas y universitarios/as que hicieron el camino de regreso a sus barrios y poblaciones de origen, en vez de hacer el magíster en el extranjero o cambiarse de comuna para tener una vida más amable en términos de “ambiente”. Esto no es una crítica resentida sino una descripción gruesa que nos ayuda a entender concretamente los antecedentes de los trabajos realizados y los que se dejan de hacer a nivel territorial por las opciones que se toman en la vida. Nuestra forma de hacer tejido social parte de abajo y a la izquierda, y no es una jactancia, es sólo la constatación de un hecho para que conozcan nuestras coordenadas, sin ánimos de superioridad moral.

La experiencia dice que un gran porcentaje de la población de las clases populares yace desarticulada viendo un televisor de mil pulgadas, con muy poca participación en los espacios públicos y con una vida política comunitaria de corto alcance, con un escaso arraigo en las juntas de vecinos tomadas por veteranos de la derecha o la nueva mayoría, repletos de malas prácticas.

El descontento existe, es real y patente pero no existe suficiente sustancia crítica ni información acompañada que permita realizar lecturas de la realidad en que vivimos fuera del bombardeo mediático alarmista en lo policial y desinformante en lo político económico.

Lo anterior se potencia con el hecho de que la intelectualidad de izquierda no se desgasta conversando con la señora Juanita, porque esta no entiende o porque quizás nunca tenga la oportunidad real de hablarle pues nunca se topa físicamente con ella. ¿Hace cuánto tiempo que la intelectualidad de izquierda no le habla a su amado pueblo? El diálogo ha sido casi inexistente y la segregación ha hecho lo suyo, no sólo a nivel espacial, sino también a través del lenguaje cifrado y el abandono, consciente o no, de identidades populares. Súmale a esto la atomización de la izquierda junto a sus peleas morales y teoréticas en su seno interno y, por favor, hágase el panorama.

¿Frente Amplio popular?

Lo anterior es un breve, y muy general, estado del arte para llegar a una discusión concreta. He leído unas cuantas columnas interesantes acerca de grupos políticos que proponen otra forma de hacer las cosas para este Chile capitalista-neoliberal. Una de ellas es la de Roxana Miranda que más allá del lenguaje denostativo, dice que ella reconoce en el FA una fuerza que llega para mostrar un cambio que dejará todo donde está en tanto son la continuación necesaria de la elite de la Nueva Mayoría. Su rol, según la autora, sería el de relegitimar el sistema moribundo con eslóganes vacíos.

Respondiendo a eso aparece una columna de Gonzalo Guzmán, Militante del zonal norte del Movimiento Autonomista, quién señala que el Frente Amplio “también somos los y las pobres, los y las marginales, también somos de esa clase media frágil y precarizada, también somos jóvenes que creamos colectivos, centros culturales y/o trabajamos en casas okupas o cualquier otra organización autogestionada” y resalta una frase en la cual sostiene: “El FA irrumpe con el fin de recuperar el poder y recomponer el tejido social. Políticamente viene a generar un nuevo clivaje en Chile”.

Acto seguido aparece en El Desconcierto una columna de Felipe Lagos, militante de Nueva Democracia grupo perteneciente al FA, que repasa la propuesta teórica de Laclau y Mouffe, en comparación a Gramsci, para luego levantar la idea de que el FA nace sobre las bases del descontento social y popular no obstante otros, dentro del propio FA, intenten la reducción de estas movilizaciones a ‘demandas transversales’ o ‘manifestaciones ciudadanas’. Sobre estas últimas etiquetas enfatiza: “No hacen suficiente justicia al contenido concreto, histórico de estas motivaciones. Porque la expectativa de alcanzar una sociedad de derechos (si queremos reducir a esos términos el horizonte de expectativas), por muy reformista que pueda parecer, es la fuerza motriz de una clase trabajadora que ha sido despojada sistemáticamente de esos mismos derechos en el pasado reciente”

Me quiero detener en lo que tienen en común las observaciones del militante ND y del militante Autonomista para dirigir a los militantes del FA las siguientes preguntas: ¿Cuáles son esas lógicas populares que emergen en ciertos discursos frenteamplistas y que parecen darle un importante sentido al conglomerado? ¿Operan lógicas populares con las cuales se podría horadar la institucionalidad neoliberal? ¿Existe un trabajo en ese sentido?

Se ve mucho la voluntad de poder, los giros y mover el discurso hacia el centro político, hacia lo ciudadano, hacia la mayor posibilidad de captar votos. Veo el “ahora a ganar”. Veo los candidatos. Veo a los líderes apresurándose a sacarle el piso a procesos históricos complejísimos en países latinoamericanos. Entiendo lo de ganar diputados por aquí y allá y hasta comparto lo de ir generando referentes sociales y desahogar la vida de las clases no favorecidas haciendo que las leyes sean más permeables ante la fuerza acumulativa de las clases populares y sus luchas básicas transversales. Pero, ¿dónde está el territorio, de qué manera participa en todo esto?

Comunidad y territorio

¿Cómo se concibe la comunidad en esta lógica? Comprendo que las fuerzas de cambio no esperan recomponer el tejido social desde la institucionalidad, pues eso sería a la postre una “debilidad por sobrepotección”, dónde un padre organizador opaca las propias potencialidades de la comunidad y el territorio a la vez que se las deja en bandeja. Entonces, ¿de qué manera se pretende realizar esa labor de abordar las “comunidades plebeyas” y, más aún, la institucionalidad desde las lógicas plebeyas? Quizá solamente se está impostando una voz que en verdad no tienen. No veo tampoco porque debieran tenerla. No veo por qué debieran saber manejarse en una población si nunca han vivido ni han hecho trabajo político en ella. No veo por qué deban saber de la organización de los clubes de barrio o del trabajo de las juntas de vecinos, si nunca han estado en uno ni otra. Por otro lado, nunca es tarde para comenzar. Ahora bien, ¿hay estrategias concretas para este trabajo?

A mí me parece que el trabajo FA se da más desde la cultura universitaria, desde el discurso, sobre todo ahora que acontece la coyuntura electoral. ¿Qué tanto se afincarán las lógicas del “ganar” una vez que se obtengan unas cuantas diputaciones? ¿Qué tanto la dinámica por conservarse en el poder liberal mermará la de construir poder popular comunitario y social?

Relevo el necesario abordaje de las lógicas comunitarias, del imprescindible trabajo de levantamiento de memoria territorial, la comunicación decisional a través de las vocerías más que de representantes o caudillos, a generar espacios de cultura para la comunidad, a generar trabajo colaborativo sin competencia, inclusivo y en el espacio público. Si estos componentes no están, entonces tiendo a pensar que estoy frente a un slogan más que a un músculo con alcance transformador en la línea de las históricas luchas populares.