Actualmente, en torno a 500 mil migrantes residen en Chile. Una cifra relativamente baja si se compara con el casi millón de chilenos que reside en el extranjero y con las tasas de migración de la OCDE o de otros países de Latinoamérica. Sin embargo, es incuestionable que se trata de un fenómeno creciente y desconocido en nuestro país: en pocos años, son más las personas que llegan a Chile que las que salen.

Y como todo fenómeno novedoso, es natural que nos genere una sensación de curiosidad y miedo. Lo que no es natural es que, en vez de incentivar la curiosidad para aprovechar ese ingente caudal de nuevas experiencias, culturas e impulso emprendedor; algunos sectores de nuestra sociedad aprovechen el miedo para azuzar las frustraciones, la discriminación y, en definitiva, el odio al otro para mantener las barreras sociales y asentar sus privilegios.

Durante el gobierno de Sebastián Piñera no sólo se impuso sin motivo conocido la visa consular a los ciudadanos dominicanos —generando un flujo de inmigración irregular que cae mansamente en manos de inescrupulosos y abusadores—, sino también se presentó un proyecto de ley que según los expertos generaría más problemas de irregularidad, exclusión y conflicto social que los que ya tenemos hoy. En su actual campaña, el candidato de la derecha ha estigmatizado a los inmigrantes asociándolos a bandas de delincuentes, narcotráfico y contrabando, además de proponer medidas restrictivas a su ingreso.

Por su parte, la actual administración no ha tenido una voluntad clara de avanzar en una ley de migración con foco en derechos humanos y elaboró un proyecto que no ha sido presentado al Congreso, pues no logra el consenso entre sus propios partidarios.

Todo ello, ha generado que la migración en nuestro país sea una nueva fuente de desigualdad, exclusión y discriminación. Los agoreros del miedo han ido construyendo sus muros de división sobre la base de mitos que han calado en algunos sectores de la población.

Por ejemplo, el mito que los migrantes son una carga para el Estado. Falso. Los migrantes son un aporte en inversión, trabajo e innovación. Sus niveles de educación son más altos que los nuestros —un promedio de 12,3 años de estudios frente a los 10,6 de los chilenos—. Su aporte a la fuerza laboral es mayor que la nuestra —un 77% de los migrantes son población activa, cifra que llega al 83% de haitianos y venezolanos, versus un 57% de los chilenos. Es decir, y esto lo saben bien los países que se han forjado gracias a la inmigración como EE.UU., Australia o Nueva Zelandia, los migrantes contribuyen más al desarrollo de Chile tanto como los propios chilenos.

O el mito que los migrantes traen delincuencia. Falso. En los delitos de alta connotación pública los migrantes son más víctimas que victimarios. Entre el 80% y el 90% de las causas ingresadas a la Defensoría Penal Pública por homicidio, robo o delitos sexuales en la que están involucrados extranjeros, estos aparecen como víctimas. Algo parecido ocurre con los delitos contra la libertad de la personas, los hurtos y los cuasidelitos.

Desde Revolución Democrática y el Frente Amplio proponemos:

    -Una nueva ley migratoria: que reconozca la migración como un derecho humano y el consecuente deber del Estado de reconocer los derechos de los migrantes en igualdad de condiciones que los nacionales. No es posible que las mercancías tengan menos barreras para movilizarse que las personas.

    -Una nueva institucionalidad: el Departamento de Extranjería y Migración no es suficiente para una política migratoria integral. Es necesario impulsar un servicio nacional de migraciones que desarrolle una política migratoria a nivel nacional, que trascienda el Ministerio del Interior e incorpore las carteras del área social.

    -Un proceso extraordinario de regularización: según estimaciones realizadas a partir de datos de registros del Ministerio de Educación, la cantidad de migrantes en situación irregular se situaría actualmente en torno a los 80 mil y 100 mil personas. La mayor parte de ellos por acción del propio Estado. A pesar de que se ha demostrado una y mil veces que las restricciones políticas y policiales no detienen a los migrantes y, por el contrario, incentivan las redes de tráfico, los bolsones de pobreza y la marginalidad.

    En resumen, proponemos una nueva mirada a la migración. Una mirada de acogida y reconocimiento, que se base en los derechos que todos tenemos por el sólo hecho de ser personas y no por el lugar en que nos tocó nacer. Una mirada comprometida con la igualdad y con poner fin a toda forma de discriminación, racismo y exclusión. Una mirada que aune las esperanzas de quienes dejan todo por un futuro mejor con las necesidades de una sociedad de nuevo talento, anhelo productivo y energía creadora.


    Precandidato a diputado por Revolución Democrática en el Distrito 8