“Lamentablemente, no existe posibilidad de encontrar con vida a los mineros Jorge Sánchez y Enrique Ojeda”.

La fatal confirmación llegó ayer, de parte de la empresa canadiense Mandalay Resources, propietaria de la mina Cerro Bayo en Chile Chico, lugar donde dos trabajadores mineros sufrieron un accidente el pasado 9 de julio y donde se realizaban intensas labores de rescate.

En el escueto comunicado que confirma la muerte de los mieneros Sánchez y Ojeda, la mina asegura que realizará los estudios para poder reanudar la obra. La vida continúa.

Pese a los resguardos, las experiencias pasadas -los “33” de San José- y el avance tecnológico, trabajar en minería sigue siendo un riesgo. La semana pasada, otro minero falleció en Coronel tras un derrumbe. Junto a los dos de Chile Chico, vienen a enlodar una larga lista de muertos en la minería: Desde el año 2010, más de 525 trabajadores han fallecido en accidentes laborales.

Accidentabilidad minera

Según el Balance Nacional de Accidentabilidad Minera, que elabora cada año el Sernageomin, entre 2000 y 2016 hubieron un total de 472 accidentes en la minería, que arrojaron 525 fallecidos.

El peak fue el año 2010 con 41 accidentes y 45 muertos. Desde entonces, tras la traumática experiencia de los 33 en la mina San José, se adoptaron mayores medidas de seguridad, aunque los accidentes mineros siguen siendo una realidad. El año 2016, se produjeron 17, que dejaron a 18 trabajadores muertos.

La propia Mina Cerro Bayo fue lugar de algunos de ellos. En el año 2010, Ricardo González Hernández falleció producto de una explosión en la faena. Después, en julio de 2013, se vivió otro accidente fatal: Remigio Andrade, quien recibió un golpe en la cabeza de un equipo de lebate que le ocasionó la muerte.

El Sernageomin lleva contabilizó dos accidentes fatales en minería durante el primer trimestre de 2017, una de las cifras más bajas en los últimos años. En solo una semana, tendrá que agregar otros tres muertos.