A Digna Batista le prometieron que “se estaba dirigiendo al paraíso” cuando le pagó a contrabandistas para que la trajeran de República Dominicana a Chile. En vez de eso, tuvo que cruzar el desierto cubierta de minas terrestres para luego encontrarse con una bienvenida aún menos agradable, en una sociedad que lidia para acomodarse con un creciente número de inmigrantes del Caribe.

La discriminación, abuso laboral y políticas de inmigración obsoleta han hecho difícil el acomodo para los más de 50 mil haitianos y 15 mil dominicanos que son parte de una historia de migración económica que está moviendo rápidamente la agenda política antes de la elección presidencial de fines de este año.

El peligro es real. Más de 50 mil minas fueron enterradas por los militares en los ’70, motivados por la paranoia con respecto a Perú, según consigna la nota de The Guardian. Además, a pesar de que el Ejército se comprometió a decomisarlas para 2012, el avance ha sido lento y cerca de 40 mil todavía siguen en su lugar. Las señales de alerta son inadecuadas, mal ubicadas o ignoradas por los migrantes desesperados. Y el año pasado, un dominicano de 24 años –Daniel Sosa– perdió su pie cuando pisó una mina, cuando intentaba entrar al país de forma ilegal para buscar trabajo, luego de que se le negara la visa.

Prejuicios y sociedad racista

Pero incluso los migrantes que llegan al país de forma legal enfrentan prejuicios. “(Los migrantes) son a menudo muy discriminados. Algunos realmente están sufriendo y no es sólo un problema legal, es porque una parte de la sociedad chilena es tan racista“, sentenció al medio la socióloga María Emilia Tijoux.

Hasta los años ’90 Chile sólo tenía una pequeña población negra, por lo que la reciente llegada de inmigrantes negros ha causado revuelo. Un estudio genético de 2014 encontró que uno de dos chilenos es descendiente de los miles de esclavos traídos desde Africa entre los siglos dieciséis y diecinueve. Sin embargo, la elite chilena ha preferido enfatizar por largos años sus orígenes europeos y los recién llegados son ahora sujetos de debate.

Batista cuenta que ella ha experimentado tanto amabilidad como hostilidad.

Falta de derechos y legislación obsoleta

Muchos haitianos encuentran trabajos mal remunerados como mano de obra en áreas como la construcciónagricultura y servicio doméstico, sectores que ya no atraen a la mayoría de los chilenos.

Sin derechos legales completos, algunos son explotados, dice la líder de la comunidad haitiana Widner Darcelin, quien señala que los migrantes en algunos casos trabajan por meses sin tener pago. Además, a comienzos de este mes, un haitiano sin hogar llamado Joseph Polycart murió de hipotermina, luego de que lo echaran dos veces de un hospital en una noche fría.

El actual sistema es ampliamente criticado por obsoleto. Una de las leyes de inmigración –legado de la dictadura de Pinochet– considera a todos los inmigrantes como potenciales subversivos, como señala Jean Claude Pierre-Paul, un trabajador social haitiano.

Y la situación podría ser peor. El candidato de centro derecha, y ex presidente Sebastián Piñera, quien ha sido comparado con Donald Trump tras sus dichos en relación a la inmigración –propuso controles fronterizos más ajustados y la expulsión de todos los inmigrantes irregulares– en plena precandidatura presidencial.

Rodrigo Sandoval, jefe del Departamento de Inmigración del Ministerio del Interior, dice que Chile necesita una nueva ley de inmigración que ayude a atraer más extranjeros que compensen el envejecimiento de la población y la escasez de mano de obra. Sin embargo, sus propuestas han provocado una reacción de derecha en las redes sociales, donde los xenófobos lo describen como un traidor que está permitiendo que Chile sea “invadido”.