“Presentándonos en Chile siglo XIX, una compañera comentó que le gustaba jugar fútbol y el profesor le preguntó: ¿Y sabes cabecear bien? en un tono directamente sexual. La compañera, sin entender la “broma”, le pidió que reiterara la pregunta. El profesor volvió a preguntar repetidas veces, mientras hacía un movimientos de cabeza como insinuando -a criterio del curso- la realización del sexo oral. Se generó un momento muy incómodo”.

Este es uno de los testimonios que fueron recopilados por las y los estudiantes de Historia de la Universidad de Santiago, tras la realización de un catastro que reveló numerosas experiencias de acoso sexual de parte los docentes Luis Ortega y Augusto Samaniego. Frases intimidatorias, miradas lascivas e invitaciones inapropiadas son algunas de las situaciones que durante años fueron normalizadas y terminaron por despertar el desahogo de los universitarios.

El sumario administrativo contra ambos profesores se inició en octubre con más de una decena de casos contemplados y -terminando el mes de junio- todavía no hay resultados. En la espera, uno de los docentes, Luis Ortega, se ha mantenido realizando una cátedra en el ciclo básico de Licenciatura, lo que obligó a la mayoría de los estudiantes a tomar su ramo. Pese a que tras la protesta de algunos se dispuso una clase paralela con otro docente, el acusado se mantuvo ejerciendo la docencia.

El rector de la universidad, Juan Manuel Zolezzi, no se había pronunciado públicamente hasta ahora. En contacto con El Desconcierto, sostiene que la continuidad de las clases de Ortega se explica porque “las decisiones de carga académica son decisiones de sus departamentos y facultades (director y decano) y del fiscal, si estima algo particular”.

A juicio de los estudiantes, hoy nadie les garantiza el derecho a aprender en una comunidad libre de acoso sexual de parte de los profesores, pese a que el problema no remite a una realidad desconocida.

En los últimos años, se han reportado una serie de denuncias por acoso sexual al interior de la Universidad de Chile y la Universidad de Concepción, entre otros establecimientos de educación superior, los que han visibilizado un problema transversal y han desafiado a la institucionalidad a encontrar formas expeditas y transparentes de resolverlos.

Durante años, tanto en Chile, como en otras universidades del mundo, estos hechos han sido objeto de encubrimiento y omisión.

Zolezzi: “Esperemos que el fiscal termine su trabajo”

Valeria Abott de La Torre, delegada de género de la carrera de Historia, explica que han vivido una serie de aplazamientos en la investigación e indiferencia de las autoridades, quienes han decidido no pronunciarse ante el conflicto. Por ello, como medida de presión, hace una semana decidieron tomarse el edificio de la Facultad de Humanidades “para exigir una respuesta o solución”, apunta.

La toma alcanzó a durar unos días hasta que fueron desalojados con violencia en un operativo que contempló a un amplio contingente de Fuerzas Especiales, carros lanzaaguas y helicópteros, quienes ingresaron a las instalaciones de la universidad.

Sin embargo, el desalojo no apagó el conflicto. El primer catastro sobre el acoso sexual abrió una caja de Pandora que no se ha cerrado hasta ahora, cuando la Facultad de Humanidades sigue acogiendo denuncias de estudiantes, egresados y funcionarios, respecto a estas experiencias.

“Muchas personas se acercaron al centro de estudiantes. Algunas dijeron: ‘Soy egresada y también viví esto, ¿dónde declarar?’, así que abrimos un nuevo catrastro y han aparecido nuevos testimonios de acoso que apuntan a Augusto Samaniego y Luis Ortega“, recalca Valeria.

Aunque la normativa de la institución establece que los sumarios investigativos pueden durar hasta 60 días, los plazos no son estrictos. En la universidad, dicen los alumnos, hay sumarios que llevan 20 años sin cerrar, lo que acentúa los temores ante la burocracia.

Por su parte, desde una reunión con el Consejo de Rectores las Universidades Chilenas (Cruch), Zolezzi pide que “todos esperemos que el fiscal termine su trabajo” y recalca el carácter secreto de la investigación.

“A a mí, como jefe de servicio, me corresponde ser juez de primera instancia de los sumarios en la Usach. No me puedo pronunciar ni a favor ni en contra de funcionarios en sumarios, sean estos como sumariados o como testigos”, explica.

Además, la autoridad de la Usach manifiesta que la demora en los resultados de la investigación, se debe, entre otros, al trabajo de designar al fiscal y recibir su aceptación del caso, además del “número elevado de testigos” y de las nuevas diligencias pedidas en los descargos.

De hecho, hace más de una semana, el mismo rector informó al Consejo Académico Superior que había devuelto el sumario porque eran necesarias nuevas indagaciones. “Estuvo en última instancia, pero él pidió más pruebas”, acusa la delegada de género de Historia.

No me halagas, ¡me violentas!

A los estudiantes la espera les parece un exceso y una burla hacia sus demandas, por lo que se mantienen en paralización indefinida. Amanda Mitrovich, presidenta del centro de alumnos de la carrera, asegura que han recibido apoyo de parte de los académicos, pero no de las autoridades.

“Estamos en un punto muy problemático”, reconoce, agregando que han intentado diversas formas de presión, sin resultados hasta ahora. Además de las marchas al interior de la institución, hace un par de días se manifestaron con pancartas en el frontis del Servicio Nacional de la Mujer y la Equidad de Género. “No me halagas, ¡me violentas” y “no queremos sentir miedo de venir a la universidad” fueron algunas de las consignas. También realizan asambleas y discusiones para determinar los próximos pasos a seguir.

Hace un mes, en entrevista con Publimetro, Augusto Samaniego aseguró que las denuncias son injurias de parte de un grupo de alumnos, cuyo objetivo es el “asesinato de imagen de dos profesores”. El docente agregó que no puede dar más declaraciones debido al carácter secreto del sumario y que “no ha sido placentero no poder dar respuestas a las calumnias de los acusadores”.

Además, Samaniego fue entrevistado por el matinal “Mucho Gusto” de Mega, donde reiteró su inocencia y descartó miradas lascivas e insinuaciones, minimizando el cuestionamiento de las alumnas: “Mi pega de profesor es mirar a los ojos de los estudiantes”, dijo.

Para sus alumnas, la lucha sigue hasta terminar con las prácticas de acoso sexual al interior de la universidad y conseguir la destitución de ambos docentes. A principios de junio, lograron el apoyo de un conjunto de egresados y ex alumnos de la Usach, quienes aseguraron hacerse parte de sus demandas y enfatizaron en lo preocupante que es relativizar estas prácticas en una carrera dedicada a la formación de profesores.

No están solas y la misma pregunta se hace Valeria, a la espera de protección y justicia para sus compañeras: “Se le ha bajado el perfil a esto, pero ¿cómo vamos a tener acosadores sexuales haciendo clases a futuros profesores?”.