Fue la primera mujer en ser ministra en Francia y se convirtió en la presidenta de primer Parlamento Europeo. Simone Veil, figura clave de la política francesa, feminista y sobreviviente del holocausto, falleció este viernes a los 89 años. 

Numerosas hazañas se acumulan en la apasionante vida de Veil. Cuando tenía menos de 20 años, fue deportada junto a su familia al campo de concentración nazi de Auschwitz, donde permaneció durante casi un año hasta ser liberada. Junto a sus dos hermanas, Milou y Denise, fueron las únicas supervivientes de su familia. Su brazo permaneció marcado con su número de prisionera: 78651.

“Sesenta años después, todavía me atormentan las imágenes, los olores, los gritos, la humillación, el viento y el cielo lleno del humo de los hornos”, reconoció en una entrevista de televisión.

Simone regresó a Francia junto a su hermana, donde logró estudiar derecho y ciencias políticas y graduarse de la prestigiosa Sciences-Po. Tiempo más tarde, se casó con Antoine Veil y tuvo tres hijos. Nada detuvo su carrera judicial.

En 1974, la abogada y política enfrentó uno de sus más grandes desafíos. Se convirtió en Ministra de Salud y tuvo la difícil misión de aprobar una ley sobre la interrupción voluntaria del embarazo. Eran tiempos difíciles para su propuesta: los conservadores la insultaron y la acusaron de ser peor que Hitler, pero ella no dudó.

El 26 de noviembre de ese año pronunció un histórico discurso frente a la multitud: “No podemos seguir cerrando los ojos ante los 300.000 abortos que, cada año, mutilan a las mujeres de este país, que ofenden nuestras leyes y humillan a aquellas que los padecen”.

Tras complejos tres días de debate y rechazo, Simone Veil logró su objetivo y el aborto quedó legalizado. Su figura política se engrandeció debido al complejo contexto político en que enfrentó esta discusión, saliendo victoriosa y anotando un triunfo imborrable para las mujeres francesas.

Años más tarde, Veil se convirtió en la primera presidenta del Parlamento Europeo. En principios de la 90, regresó al gobierno francés como ministra de Justicia y hoy se mantiene como una referente indiscutida de la política en su país, así como su lucha feminista es reconocida transversalmente.

“Que su ejemplo inspire a nuestros compatriotas, que encontrarán en ella lo mejor de Francia”, sentenció el presidente Emmanuel Macron, al despedirla. Su historia no deja dudas: “Francia pierde una de sus grandes conciencias”, cerró.