Cuando Andrés Parra tenía dudas sobre qué tratar en su tesis de Sociología, le bastó con mirar a su alrededor un sábado en la mañana para encontrar la respuesta. En el metro, un padre iba con sus dos hijos rumbo a la escuelita de fútbol de Cobreloa, al lado de ellos iba un joven leyendo un libro de fútbol, en los diarios se hablaba del “segundo tiempo” del primer gobierno de Bachelet y la división de las clases sociales de Chile se veían reflejadas en el estadio.

“Ahí dije ‘algo pasa aquí’. Uno como familia empieza a organizar su vida en torno al fútbol y sus horarios. Un poco lo que nos pasará el domingo, organizar el desayuno, el almuerzo o el ir a votar a las primarias en torno a la final de la Copa Confederaciones”, dice Parra en conversación con El Desconcierto.

Finalmente decidió hacer su tesis sobre fútbol femenino, justo cuando se organizaba en Chile el Mundial Femenino Sub-20 2008, el primer torneo de ese tipo en realizarse en Latinoamérica.

Andrés Parra, sociólogo deportivo

—Además de la contingencia, ¿cuáles fueron los principales elementos que te llamaron la atención del fútbol femenino en Chile?
—Confluían una serie de cosas. El machismo, el prejuicio en un campo que es absolutamente de hombres, el cómo las mujeres superaron ciertas barreras para incorporarse al fútbol. De a poco empezaron a armar su lenguaje. No se trataba de disfrazarse con el lenguaje o los códigos de los hombres, sino que aportar su propio enfoque. Ese quiebre me llamó mucho la atención, sobre todo con un mundial femenino, algo tan importante.

¿Cómo ves el cambio entre esos tiempos de la ANFP (Asociación Nacional de Fútbol Profesional) de Mayne-Nicholls y lo que ha sido posteriormente el fútbol femenino?
—Es que en ese tiempo, por ejemplo, estaba Marta Tejedor como entrenadora, incluso interactuaba con Bielsa. Estamos hablando de tiempos que fueron mejores. Ahora ya no tuvo más apoyo, se mantuvo como una actividad amateur y se perdieron una buena generación. Por ejemplo vemos hoy muy bien posicionada a Christiane Endler yendo al PSG, a Bárbara Santibáñez y a Sofía Hartard (ambas al Sporting Huelva). No se apoyó más, nuevamente volvió a ser una actividad como de ocio.

—¿Qué otros factores crees que influyeron en ese tiempo?
—Es que tampoco seamos inocentes con que esto es por nobleza del fútbol, también en algún momento hubo marketing, con Marta (Brasil) o Alex Morgan (Estados Unidos) posicionando esto mundialmente. Después en Chile lo han dejado morir. Uno ve que las chiquillas de Colo Colo han sido campeonas de la Libertadores, con varios campeonatos nacionales seguidos, pero es en base a su propio esfuerzo y no porque se apoye la disciplina.

—También pensando que Colo Colo es de los pocos equipos que algo le paga a sus jugadoras.
—Es interesante eso porque en Estados Unidos la selección estuvo a punto de no jugar si no se le equiparaban los sueldos con los hombres. En términos de resultados, la selección femenina norteamericana es mucho mejor que la de hombres, y sin embargo el sueldo era tremendamente diferente.

—Después de tu tesis te quedó gustando el mundo del deporte, ¿qué otras cosas te llamaron la atención desde el punto de vista sociológico?
—En Chiledeportes veía que, al comparar los deportistas chilenos que llegan sin apoyo a olimpiadas o grandes campeonatos, uno se da cuenta del desarrollo de otros países. Tú te das cuenta cuando va un deportista nuestro cargando su bolso y sus cosas, versus los de al frente que llevan todo un equipo de apoyo. También me llamaba la atención el deporte a nivel de geolocalizaciones: en San Miguel el patinaje, en regiones con disciplinas que no se dan en Santiago. Lo social y el deporte van muy de la mano.

—¿Qué otros deportes crees que son importantes en ese sentido?
—Yo tengo un gran respeto por el tenis, creo que es el deporte más importante de la historia de Chile. A veces a uno se le olvida, emborrachado sobre todo con los triunfos futbolísticos de hoy, pero siempre digo que si no fuera por el Chino Ríos no tendríamos la mentalidad de esta generación. Estamos de acuerdo con que Zamorano y Salas aportaron, pero ver a un chileno número 1 del mundo, que le tiraban unos saques de cientos de kilómetros por hora y respondía con una volea cruzada. Es algo que a todos nos tocó. Eso se ratificó después con González y Massú. Estos han sido 20 años de lo mejor del deporte chileno.

—¿El hincha se ha mal acostumbrado con estas generaciones?
—Sí, pero por temas sociales. Esta es lo que llamo la generación “banda ancha”. Todo es rápido, no hay frustración de por medio, no controlamos la ansiedad. Antes para escuchar a mi grupo favorito tenía que conseguirme un cassette con un compañero, ir a buscarlo a su casa, copiarlo y devolverlo. Me podía demorar semanas. Hoy pongo Spotify y lo tengo en un minuto. Aquí el éxito llegó rápido y es fácil marearse y no darse cuenta de cuánto cuestan las cosas.

—¿Cómo se manifiesta eso en los estadios?
—El público que hemos visto en el Estadio Nacional ha pasado a ser más “fan”, de esos que van a sacarse selfies al estadio para Instagram. No le preocupa mucho el resultado. En esto también influye que la autoridad ha tratado el fútbol como si fuera un espectáculo de cine, y en eso tienen que ver mucho Estadio Seguro y otras medidas. Otro tema es la elitización de los precios de las entradas. Los propios jugadores han manifestado su molestia cuando no cantan, no apoyan y pifian.

—En la semana estuvo la polémica del Chapulín (Mario Moreno) con Johnny Herrera.
—Mal. El viajar tantos kilómetros para ir a insultar a alguien. No hay por qué desearle mal al rival local en el plano internacional, menos cuando están jugando por Chile. Esos tipos no son hinchas de la selección, sino de ellos mismos, cuando uno ve la Marea Roja y todas esas cosas al final son fanáticos de ellos. Están muy equivocados y no sé de dónde consiguen los fondos para viajar a ver todos esos partidos.

—La hinchada también expresa cierto sentir de la gente. Un caso emblemático es el recordado partido entre Colo Colo y Wanderers. ¿Es una expresión del descontento que pareciera vivir el país?
—Hay mucha indignación. Hoy en día se ve como un valor, y ni siquiera hace falta una razón para estar indignado. Ejemplos como lo que pasó el otro día en el metro, donde casi destruyen una caseta, tienen que ver con eso. Pero también hay otras cosas detrás que son potentes. En el ejemplo de Colo Colo, la razón era que los porteños no querían que los colocolinos celebraran su torneo allá. Tiene que ver con el choque constante de Santiago y las regiones, con un país muy centralizado. El fútbol también tiene ese esquema de “los poderosos”.

El domingo

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Por un lado Andrés Parra tiene fe, diciendo que la selección de Chile “está para todo”. Por otro se muestra decepcionado de los últimos debates políticos de cara a las primarias presidenciales, asegurando acerca del debate televisivo del lunes de Chile Vamos: “Fue una bajeza. ‘La señora’, ‘el barro’. Muestra lo peor de lo nuestro”.

—En ese escenario, ¿cree que el chileno va a preferir el partido a las primarias?
—Es que mientras esté esa burbuja en lo político, al chileno medio le queda mejor ir a ver fútbol y salir un rato. Ojalá todos vayamos a votar, aunque sea un voto de castigo. El partido es a las dos de la tarde.

—¿La final cómo la ves?
—El hincha cree. A mí el partido que me quitó el freno de mano fue el que le ganamos a Brasil en el Estadio Nacional por clasificatorias al Mundial. Igual estamos viendo a la Alemania del 2018 o 2022 fácilmente. Tienen 4 estrellas sobre el pecho, pero estoy disfrutando este momento.

—¿Y cómo crees que influirá la coincidencia del partido con las primarias?
—Va a ser muy llamativo. Puede que se vea como un tema de que el fútbol “nos une” mientras los políticos nos desunen. Que este domingo muestre la distancia de lo político con la realidad social.