El domingo 2 de julio es un día relevante para los destinos del país. Habrá un ejercicio democrático que presentará, por un lado, a quienes instalaron el modelo económico neoliberal y a sus beneficiarios. Por otra parte, estarán los que se han colocado a la cabeza de su cuestionamiento, quienes, desde las movilizaciones del 2011, se han rebelado contra los abusos y desigualdades que caracterizan a la sociedad chilena.

Los críticos del modelo, representados por el Frente Amplio, apuntan contra Piñera, porque simboliza las injusticias que vive el país. En efecto, el ex Presidente representa a los rentistas y especuladores. Con Piñera se identifican todos que han fundado su riqueza en la bolsa, en la utilización de los paraísos fiscales, en la colusión empresarial, y los que han corrompido a la clase política para generar leyes que los beneficien.

Piñera no es un trabajador, sino un rentista que vive de la especulación financiera. Tampoco es un verdadero empresario, partícipe de la producción de bienes, servicios y generador de empleo. No es un innovador, porque no aporta al desarrollo del conocimiento ni a nuevos procesos productivos que propicien una mayor riqueza para el país.

Las diferencias de Ossandón y Kast con Piñera, que han provocado tanto escándalo en los medios de comunicación, no debieran confundir. Son absolutamente secundarias, porque ninguno está dispuesto a modificar la economía neoliberal ni el orden político excluyente. Piñera, y sus socios de la lista del Chile Vamos están comprometidos en la defensa del injusto sistema que viven los chilenos.

La mayoría nacional, y especialmente los jóvenes, se da cuenta que la incapacidad del Estado para responder a sus demandas no tiene que ver sólo con errores de las políticas públicas. El modelo económico es el que cierra las puertas a una distribución equitativa de la riqueza. La concepción social de la focalización es la que estigmatiza a los más pobres, excluye de derechos a las capas medias, y posibilita el lucro en actividades del área social. Es la institucionalidad política, consagrada en la Constitución de 1980, la que restringe la participación ciudadana.

La protesta ciudadana no quiere sólo reivindicaciones parciales. Apunta a construir nuevos caminos económicos, sociales y políticos, que permitan entregar a todos los chilenos iguales oportunidades en la vida. Esa demanda exige que la salud, la educación, el trabajo y la previsión social sean derechos ciudadanos, garantizados por el Estado. Al mismo tiempo, la ciudadanía demanda una política económica activa, que diversifique la estructura productiva, para que nuestro país no viva la incertidumbre que significa la exportación de materias primas y para que trabajadores y pequeños empresarios tengan mejores oportunidades de empleo y negocios en la vida.

En suma, el anhelo ciudadano obliga a una nueva estrategia de desarrollo, que asegure oportunidades económicas y sociales para todos los chilenos y que termine con las restricciones políticas.

Si bien el adversario de la mayoría de los chilenos es la derecha rentista y especuladora, representada por Piñera, el verdadero enemigo es el sistema económico y el régimen político. Contra ellos apuntan las propuestas contenidas en los programas de Beatriz Sánchez y Alberto Mayol. Por tanto, ir a votar a las primarias constituye un compromiso ineludible


Economista