Cada vez que se aproxima el mes de julio, el planeta tenis mira hacia a Londres. Dos semanas al año convertidas en la instancia ideal para que los ingleses muestren al mundo su impronta y costumbres.

Wimbledon es el torneo más antiguo del mundo y el que todos los tenistas sueñan ganar alguna vez. Fue disputado por primera vez en 1877 y a su pista central se le conoce como “La catedral”. Y gran parte del aura que envuelve a este torneo, que lo diferencia de otros campeonatos de tenis y eventos deportivos en general, pasa por el histórico respeto a la tradición. Es la esencia por excelencia del certamen que hoy disputarán los tenistas nacionales Nicolás Jarry y Christian Garín.

A continuación revisamos las particularidades de este torneo, elementos infaltables que provocan amor u odio, pero que a la vez lo hacen tan, pero tan especial.

1. El pasto es para las vacas

La frase acuñada por grandes tenistas como Adriano Panatta y Guillermo Vilas, incluso por Marcelo Ríos ante el fastidio de jugar en una superficie de botes irregulares con gran posibilidad de resbalar, es el sello de Wimbledon, ya que es el único de los cuatro Grand Slam que se disputa sobre césped. De hecho, en la rama masculina apenas hay seis torneos al año en esta superficie, frente a 22 en polvo de ladrillo y 37 en canchas duras. Las 19 pistas que se utilizan en el torneo se componen en un 100%  del tipo “raigrás perenne”, que mejora la durabilidad y soporta mejor el creciente desgaste del juego.

2. Lluvia y más lluvia

Una de las tradiciones más incómodas para jugadores y público es la permanente amenaza de lluvia que puede llegar a desesperar por las continuas interrupciones que ella provoca en una jornada de tenis y que no pocas veces obligó a jugar la final masculina un día lunes. Hace unos años los organizadores cedieron a la presión y se vieron obligados a instalar un techo móvil que cubre la pista central en sólo 10 minutos. Muy a su pesar…

3. Riguroso blanco

Ningún tenista quiere enfrentarse a los oficiales encargados de asegurar el cumplimiento del código de vestimenta. En 1963 se introdujo la regla de que la indumentaria de los deportistas debía ser “predominantemente” blanca. Y en 1995 se ajustó para indicar que sería “casi enteramente” blanca. En 1988 y 1990, Andre Agassi se negó a participar por esta imposición, pero agachó la cabeza ante la importancia del torneo. De hecho, su primer “grande”  fue el de Wimbledon 1992.

4. Frutillas con crema

Irse de Wimbledon sin comerse un pote de frutillas con cremas resulta una tremenda herejía. La leyenda indica que el rey Jorge V, coronado en 1911, las introdujo en el torneo, pero en realidad es una costumbre que se remonta a sus inicios. Y no se trata de cualquier tipo de frutilla. La oficial del torneo es la de la variedad Elsanta, cultivada en granjas de Kent, en el sureste de Inglaterra, las cuales son recogidas el día antes de su venta. En dos semanas de torneo se consumen unos 30.000 kilos de  frutillas, lo que equivale a unas 112.000 porciones.

5. Halcones al acecho

Con el objetivo de evitar que las palomas puedan hacer acto de presencia durante los partidos, desde tiempos remotos la organización se encarga de adiestrar halcones que impidan que otros pájaros puedan acceder a las pistas e importunar a los jugadores. Aunque, de vez en cuando, alguna paloma logra su objetivo.

6. El domingo se descansa

A diferencia de otros torneos del Grand Slam, en Wimbledon se descansa el primer domingo de torneo, conocido como el “Middle Sunday”. Sólo en 1991, 1997 y 2004 se jugó, en los tres casos por culpa de la lluvia, que suspendió partidos en días anteriores. Para los ingleses es un día para la familia.

7. Puntualidad “british”

El All England Club -sede del torneo- abre todos los días a las 10:30 horas exactas, ni un minuto antes ni uno después. Y, por supuesto, los partidos siempre comienzan a la hora marcada: de hecho, en 1999, el argentino David Nalbandian sufrió la puntualidad británica y fue descalificado en el torneo por llegar algunos minutos tarde a la pista.

8. Señorita y caballero

Durante el partido, las tenistas son nombradas por el juez como “Miss” o “Mrs” (soltera o casada). La regla no se aplica para los hombres. La excepción es cuando alguno de ellos pide un challenge, es decir, la repetición a través del llamado ojo del halcón (hawk-eye), un sistema informático para seguir la trayectoria de la pelota.

9. Esto no es un circo

Uno de los principales objetivos del club es realzar el carácter único y la imagen del torneo, manteniendo los estadios y canchas relativamente libres de patrocinios comerciales y de posicionamiento de productos. La ausencia de publicidad hace que solo se resalten los elegantes púrpura y verde oscuro, los colores oficiales de Wimbledon.


Periodista, autor de los libros “La Historia del Tenis en Chile 1882-2006” y “Grandes Historias del Tenis chileno”