Es un lugar común que los promedios son engañosos, y que las partes disyuntan el todo. Pues bien, las primarias en el Frente Amplio (FA) nos han dado una prueba de ambos asertos.

En primer lugar, el FA obtuvo en las recientes primarias un número de votos muy similar a los que lograron los partidos que lo integran en las elecciones de concejales de 2016: algo más de 300 mil. Pasaron ocho meses, el FA se formó y legalizó electoralmente, tuvo una presencia impensada en los medios, levantó dos precandidatos presidenciales que presentaron sus propuestas (y diferencias), y realizó un despliegue territorial. Los resultados fueron  magros, por no decir nulos en términos de votos. Esto, al mirar la información agregada.

Doy por descontado que la gente de izquierda es muy consciente de su opción, y va a votar sin importar qué tipo de elección se trate, contra la opinión de amigos del FA que me dicen que no es así, y que la votación se triplicará o cuadriplicará en noviembre en la primera vuelta, y que el FA pasará a la segunda. Lo dudo, aunque me encantaría equivocarme.

A pesar de estos resultados a nivel país, al revisar las cifras por Regiones, observamos rarezas y cifras inesperadas. Entre Arica y Atacama la votación del FA se desplomó desde 45,1 a 18,5 mil votos entre la elección de concejales 2016 y la primaria de este domingo recién pasado. Un 59% menos. Arica y Parinacota (-76%); Tarapacá (-48%); Antofagasta (-47%), Atacama (-58%).

¿Cómo se explican estos guarismos? Me han indicado que el tema es Bolivia. Es decir, las posturas de Mayol y Sánchez frente al conflicto con el vecino país. El primero ha propuesto un canje territorial, y la segunda no se pronuncia, pues hay un fallo pendiente en La Haya. Al parecer, ambas posturas no satisfacen al electorado nortino de izquierda.

Y a mi juicio, en el caso particular de Arica y Parinacota, podría influir que los votantes del Partido Liberal de Vlado Mirosevic, diputado de la Región, no se sienten cómodos con ser parte del FA, aunque su directiva decidió ingresar al conglomerado y apoyar a Sánchez.

En el otro polo, están las Regiones que aumentaron la votación del FA. Coquimbo (136%); Valparaíso (36%); Maule (87%); La Araucanía (400%); y Los Ríos (86%). Particularmente llamativos son los casos del Maule y La Araucanía, las dos regiones más pobres del país. El FA habría avanzado en sectores populares que le han sido esquivos. Y en Valparaíso es más que probable un “efecto Sharp”.

En las demás Regiones, Metropolitana, Bío-Bío, Los Lagos, Aysén y Magallanes, se mantuvo la votación. La RM sigue concentrando cerca de la mitad de los electores del país, con sus bastiones en las comunas de Santiago y del Barrio Alto de la ciudad capital.

En conclusión, observamos una realidad volátil y diversa a nivel regional. El FA avanza, retrocede o está estancado en votación desde octubre de 2016. Queda mucho trabajo por hacer. Después del resultado de las primarias, creo que se aleja la posibilidad de pasar a segunda vuelta en diciembre.

Pero el FA ya se ha instalado. El desafío al duopolio neoliberal sigue vigente. Paciencia. La banda presidencial, creo, nos espera el 2022.


Escritor y economista