El domingo se realizaron las primarias de Chile Vamos y del Frente Amplio. Para nuestra joven coalición, fue la primera vez que participamos de una elección y de manera conjunta. Las primarias parlamentarias nos convierten en la única alianza que se comprometió como tal para las elecciones de noviembre. Viendo el resultado de ayer en perspectiva, tras décadas donde el binominalismo era la única opción, es claro que hay objetivos mínimos cumplidos, sin los cuales sería imposible afrontar el desafío histórico de construir una fuerza política y social para dar fin al ciclo neoliberal, que ya asoma como el de más larga duración de la historia de nuestro país. Sin embargo, esto no puede nublar el principal dato político para las fuerzas del Frente Amplio: la derecha más que cuadruplicó nuestros votos, y de hecho tanto Piñera como Ossandón sacaron más votos como candidatos que nuestra coalición completa. Todas las posturas triunfalistas y grandilocuentes que escuchamos las semanas previas quedaron off-side, recordándonos que el camino que nos toca recorrer es muy largo y debe ser recorrido con humildad. Hacer un análisis reposado de los resultados y de los meses de campaña previos se vuelve entonces indispensable.

Lo primero es ver los números. El Frente Amplio tiene aproximadamente 250.000 militantes “formales” (es decir, en sus partidos legalmente constituidos); en las elecciones de concejales 2016, la suma de sus listas llegó a aproximadamente 275.000 sufragios. El día de ayer, obtuvimos un poco más de 325.000. Así, si bien la base electoral del Frente Amplio se consolida (yendo a votar también para elecciones primarias), el actuar como alianza no ha sido capaz de aumentar nuestros niveles de convocatoria. Esto es doblemente preocupante cuando la estrategia desplegada ha apuntado claramente a “ampliar la audibilidad” mediante posiciones ambiguas, en contraste con la determinación que han mostrado los diversos movimientos sociales de los últimos años, tanto en la profundidad de sus demandas como en su disposición a confrontarse directamente con los partidos de la transición.

Los analistas políticos tradicionales, entendiendo a la política como una línea recta en lugar de un espacio donde se enfrentan distintos intereses y pasiones, ya nos llaman a “virar al centro”. Para nosotros, que tenemos el desafío de construir un proyecto histórico sobre el país en el que queremos vivir, esa lógica es sumamente dañina; pero es funcional a cómo hemos venido haciendo las cosas hasta ahora. La campaña electoral del Frente Amplio requiere un profundo cambio de rumbo, en el que prioricemos la construcción de unidad política en torno a las demandas fundamentales que han movilizado a nuestra sociedad en los últimos años, al calor de un conflicto constante con la derecha y también con la Concertación. Mantener el rumbo actual no nos otorga densidad en el largo plazo ni es efectivo electoralmente en el corto.

En lo inmediato, las candidaturas de la Concertación vuelven a ubicarse en primera plana junto a las demás. El caso de Alejandro Guillier es particularmente emblemático. Como siempre han hecho los partidos que lo apoyan, intentan mostrarlo como un candidato progresista mientras siguen vinculados a los principales grupos empresariales del país. Pero en esta ocasión el fenómeno es aún más fuerte, pues ni siquiera sus promesas o programa apuntan a desarmar el modelo neoliberal. A diferencia de Bachelet 2013, el relato fundamental de Guillier destaca porque nadie lo conoce, y su intervención en el día a día lo muestra como un candidato conservador (como han sido sus posturas en las polémicas sobre el proyecto aborto) y neoliberal (que sigue entendiendo gratuidad como becas y que mantiene una posición errática respecto a las AFP). Hacernos un espacio propio en la política requerirá enfrentarnos sin temor a estas posiciones, y rechazar de manera tajante cualquier abrazo del oso del tipo “todos contra la derecha”.

Así las cosas, tenemos la esperanza intacta. Ayer confirmamos que tenemos todas las chances para construir un proyecto político cimentado en las luchas sociales y con plena convicción de que otro país es posible. Se mantienen vivas las chances de conquistar un espacio importante en el parlamento, para actuar de manera articulada con quienes se movilizan por más derechos. Necesitamos ajustes muy profundos e importantes. Pero en un desafío como éste, nadie dijo que sería fácil.