“Hasta ahorita el capitalismo lo que ha traído ha sido muerte a las comunidades”. Así de contundente se expresa María de Jesús Patricio Martínez, quien se presenta para candidata a la presidencia de México para 2018 en representación de los más de 10 millones de indígenas del país.

Martínez, una indígena nahua de 53 años, fue electa a fines de mayo como vocera del recién formado Concejo Indígena de Gobierno (CIG), una organización que se creó bajo el auspicio y la ideología del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) para presentar a un miembro del indigenismo en las elecciones presidenciales de julio del próximo año. Conocida como “Marichuy”, ejerce como médica tradicional del estado de Jalisco.

“Llegó la hora del contraataque”, espeta la abanderada del CIG en una entrevista con BBC Mundo. Según ella, “cada vez que viene un tiempo electoral es lo mismo, la gente tiene una esperanza, pero está todo amañando, va cambiando la persona pero sigue quedando lo mismo”.

Ahora, Martínez plantea “destruir ese sistema impuesto desde arriba” y de cambiar la estrategia que durante años no ha servido al 8% de la población indígena para ser vista ni escuchada. “Tenemos que agarrar unas herramientas que son de un grupo no tanto para quedar en el poder pero para hacer la organización de abajo”, señala.

Entre sus primeros desafíos está alcanzar casi un millón de firmas en al menos 17 entidades federativas, para conseguir el registro y participar en las elecciones. “Sí, sí, se logran, que las quieran aceptar es otra cosa, que nos quieran poner trabas es otra cosa, pero que se logran, se logran”, asegura Martínez.

No será hasta octubre cuando el CIG empezará a delinear su estrategia, pero anticipa que hará campaña recorriendo el país para ir sumando voces, pero asegura que se tratará de una forma distinta de hacer política. “Ya hay algunos que han dicho: ‘Marichuy, te voy a buscar uno de esos (asesores) de imagen, no, ni sé lo que son esas cosas. Las comunidades se van a manifestar cómo son y cómo han sido, para qué maquillar algo”. “Nos han acostumbrado a que así tiene que ser”, añade, “por qué no hacerla diferente, ¿sería ponerme minifalda para llamar la atención? No”, sentencia.

Dos décadas después de la rebelión zapatista de 1994, la situación del pueblo indígena no ha mejorado. Es por eso que el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) dejó atrás su postura contraria a los procesos electorales para impulsar la iniciativa de que los indígenas participan en los comicios.