Daniel Mansuy es uno de los intelectuales de derecha que se ha agrupado en el Instituto de Estudios de la Sociedad (IES), un joven think thank que busca disputar el proyecto político de su sector a centros de estudios más tradicionales, como Libertad y Desarrollo o la Fundación Jaime Guzmán.

Plegado a una corriente política que busca recuperar la vocación de masas de la derecha, al igual que otro de sus referentes como el sociólogo Pablo Ortúzar, Mansuy realizó una crítica radiografía del Frente Amplio tras las primarias.

En su columna “La izquierda estrecha”, publicada en el diario La Tercera, el filósofo político evidencia los malos resultados de esta agrupación en las primarias, donde obtuvieron poco más de 325 mil votos.

Para Mansuy, “aunque muchos de sus dirigentes han dedicado la semana a elaborar sofisticadas teorías para explicarnos que triunfaron, es difícil negar que los números están muy por debajo de sus propias expectativas. Después de todo, el Frente Amplio busca encarnar una voluntad popular que habría estado -según ellos- secuestrada por el duopolio, el neoliberalismo y la alienación capitalista”.

“En suma, ni la franja, ni la alta exposición de sus líderes, ni el nivel de conocimiento de su principal candidata pudieron generar un movimiento electoral demasiado temible.
La conclusión más obvia es que el Frente Amplio tiene enormes dificultades a la hora de hablarle a las masas y, en definitiva, al pueblo”, subraya.

El filósofo político es categórico: “Más allá del folclore y del discurso grandilocuente, no hay nada popular en el Frente Amplio. De hecho, su supuesto radicalismo es perfectamente funcional al sistema”.

“Su rebeldía tiene algo de impostada porque detrás del lirismo se esconde un conformismo intelectual bastante ramplón. Digamos que el Frente Amplio reemplazó las categorías marxistas clásicas por un lenguaje que invoca todas y cada una de las vanguardias culturales de las élites ilustradas”, puntualiza.

Para Mansuy, “la franja de Beatriz Sánchez fue el festival de los buenos sentimientos y lo políticamente correcto: ellos son feministas, animalistas, ambientalistas, universalistas y defensores de las minorías y la diversidad. La pregunta que aún no recibe respuesta es cómo diablos podría producirse algo así como un proceso efectivo de transformación desde un collage heterogéneo”.

También explica que esta “nueva moral” que defiende el Frente Amplio “supone un profundo desprecio por la cultura y el arraigo populares, a los que miran desde la condescendencia (el caso de la inmigración es el más patente, aunque no el único)”.

“La izquierda ha dejado de ocuparse de las masas desfavorecidas, prefiriendo dirigirse a nichos muy acotados. Gana así espacio mediático (porque tiene la benevolencia de los nuevos predicadores: no es casual que su candidata venga del periodismo), pero pierden consistencia política y electoral (así está muriendo, por ejemplo, nada más ni nada menos que el socialismo francés)”, argumenta.

Tras esta radiografía, el analista emite un diagnóstico claro: “El Frente Amplio padece aquello que Marx llamaba cosmopolitismo burgués y, por lo mismo, no logra conectar con una realidad ajena a sus categorías intelectuales”.

“En ese contexto, no resulta extraño que Manuel José Ossandón -el candidato conservador y patriarcal- les haya sacado más de 45 mil votos. No hay peor ciego que el que no quiere ver“, concluye.