Las primarias presidenciales del pasado domingo representaron, sin duda alguna, un hito en la historia política reciente de nuestro país. Por primera vez una fuerza política alternativa a la derecha y la Nueva Mayoría presentó sus distintas opciones presidenciales a la decisión del electorado, demostrando su capacidad de organización, unidad y perspectiva de largo plazo en el camino hacia una profundización democrática y la superación del neoliberalismo como modelo económico y social. Una tarea no menor para estos seis meses de existencia del Frente Amplio, que con las elecciones del 2 julio cierra su primer ciclo y da inicio a una nueva etapa.

No podemos dejar de mirar ese proceso con la necesaria autocrítica. La masiva presencia tanto del “voto duro” de la derecha, como el “voto útil” anti-Piñera que captó el fenómeno de Ossandón en las urnas, y que les permitió superar el millón de personas, debe ponernos en alerta. La brecha existente entre Chile Vamos y los 327.000 votos del Frente Amplio ha acaparado los principales titulares de la prensa, agudizando la percepción pública de que Sebastián Piñera será, inevitablemente, el próximo presidente de nuestro país. Frente a ello, desde Nueva Democracia, creemos necesario avanzar en el diagnóstico de nuestro actual estado como nueva fuerza política y en los desafíos que nos deparan los próximos meses.

En primer lugar, debemos decir que evaluamos positivamente el aporte desempeñado dentro del Frente Amplio por nuestro precandidato presidencial, Alberto Mayol. Su proclamación en marzo del presente año contribuyó, sin ninguna duda, a dinamizar la carrera presidencial dentro de nuestra coalición, en un momento en que incluso se planteaba la posibilidad de restarse de dicha competencia, priorizando exclusivamente nuestras apuestas parlamentarias. Además, su disponibilidad para contribuir a la recolección de firmas para Revolución Democrática, cediendo protagonismo frente a la precandidatura de dicho conglomerado, Beatriz Sánchez, y además abrió las puertas para la realización de primarias presidenciales legales cuando gran parte de la coalición apostaba a primarias ciudadanas no convencionales. Tareas que parecían imposibles, se lograron impulsar.

Finalmente, su profundidad programática en el periodo de campaña demostró que el Frente Amplio tiene el potencial de generar un proyecto para el país, con perspectivas de largo plazo y sin necesidad de retroceder en las demandas que, en los últimos años, han planteado distintos movimientos sociales. Planteamos propuestas contundentes mirando al futuro, con coherencia histórica, dimos saltos hacia adelante para instalar temas concretos que entregan bases para la construcción de un nuevo proyecto.La candidatura de Alberto Mayol no fue, sin embargo, la opción de la mayoría de los votantes del Frente Amplio. Los más de 100.000 obtenidos por él no fueron suficientes, como hemos sido testigos, para nominarlo como el abanderado de esta nueva fuerza. Las propuestas de nuestro candidato lograron convocar a un tercio de la votación “frenteamplista”, demostrando que la identificación de la izquierda social y política, a la que Alberto buscó representar, debe ocupar un lugar importante al interior de la coalición. Abrimos una puerta a organizaciones, liderazgos y movimientos, que sin estar dentro del Frente Amplio, se sumaron a este trabajo y sueño.

Nunca caeremos en lecturas autocomplacientes. Eso no les hace nunca bien a alternativas que con arraigo popular buscamos construir con seriedad una nueva realidad nacional. Pero sin lugar a dudas tenemos que destacar que fuimos capaces de jugar en primera división con los recursos de fútbol aficionado, por ejemplo, el costo del voto de la candidatura liderada por Alberto Mayol fue de 9 veces menos que el de Beatriz Sánchez y 63,3 que de la de Sebastián Piñera. Apoyado por solo dos de las once organizaciones que componen oficialmente el Frente Amplio, y siendo el candidato con menos apariciones en prensa, logramos representar a un tercio de nuestra base electoral global.

Los próximos meses deben ser de reflexión, autocrítica y trabajo permanente. Desde Nueva Democracia asumimos y nos ponemos a disposición de la candidatura de Beatriz Sánchez, como legítima representante del proyecto colectivo que el Frente Amplio está en proceso de construir. Lo hacemos, sin embargo, sin renunciar a la tradición histórica de la izquierda chilena que, en sus distintas expresiones generacionales y ocupacionales –adultos mayores y jóvenes, trabajadores, trabajadora y estudiantes– se reunieron y trabajaron por dar vida a la candidatura de Alberto Mayol. Una tradición histórica que debe adecuarse a los nuevos tiempos, pero no renunciar a esa vieja pero alentadora esperanza de construir una sociedad distinta al capitalismo que hoy en día amenaza el buen vivir de nuestro país y nuestro planeta. Esta izquierda debe tener, sin duda alguna, un lugar importante dentro del Frente Amplio.

Por otro lado, debemos superar la brecha en votación que nos separa de la derecha chilena y posicionarnos como la alternativa real al poder empresarial, que ha colonizado a este sector y a los partidos de la Nueva Mayoría. Esto sólo se logrará con trabajo. No hay ningún atajo posible. Una de nuestras falencias, sostenemos, es el escaso conocimiento público del proyecto “frenteamplista”. No debemos descansar, por ende, en los próximos cuatro meses, en seguir dando a conocer nuestras ideas en todos los rincones del país. La franja televisiva a la que tuvimos acceso fue un avance, pero claramente insuficiente en la difusión de nuestras ideas. Nada reemplazará el trabajo y la discusión cara a cara con trabajadores, estudiantes, pobladores y movimientos sociales, la única forma de devolver a la política su real dimensión colectiva.

Finalmente debemos, desde la izquierda del Frente Amplio que queremos construir, seguir trabajando en generar un fuerte enraizamiento en las fuerzas sociales vivas que en el Chile de hoy sufren los más duros golpes del capitalismo neoliberal. La única forma de transformarnos en una alternativa real de gobierno –y no, en una nueva élite– es ser legítimos representantes de los trabajadores y trabajadoras de nuestro país, víctimas del endeudamiento, las pensiones miserables y un sistema de salud absolutamente deficiente. Debemos refundar este país –mediante una Asamblea Constituyente– haciéndonos cargo de los sentimientos y las esperanzas profundas de nuestro pueblo, y así combatir la despolitización y la desigualdad que hoy en día asolan la vida cotidiana de los habitantes del país, que aún no creen que la política pueda aportar a la solución colectiva de nuestros problemas.

Desde Nueva Democracia apostamos a seguir construyendo esa izquierda propositiva, a seguir desplegándonos por nuestros territorios y continuar arraigándonos en la vida de los trabajadores y trabajadoras del país, de la que también somos parte. La precandidatura presidencial de Alberto Mayol fue el primer paso. Pero no será, de ningún modo, el último.


Mesa Ejecutiva Nueva Democracia