La Intendencia de Santiago no ha tenido problema en otorgar permiso a grupos fanáticos que realizan manifestaciones incitando directamente el odio y la discriminación. Hasta ahora, el gobierno de Chile ha permitido que esas voces se alcen como si fuesen interlocutores legítimos. “Los a favor y los en contra”, como llamó hoy una pésima nota de Canal 13 aportando a la confusión. “El bus de la diversidad versus el bus de la libertad”, insistían.

Una manifestante evangélica vociferaba en la manifestación: “¡Nos quieren imponer cómo educar a nuestros hijos! ¡El currículum escolar enseña que hay que acabar con la familia y matar a los heterosexuales!”. ¡No, señora! Hay que permitir que otros vínculos afectivos tengan derecho a existir y que la heterosexualidad no sea la norma ni lo “normal”, porque eso genera violencia y exclusión directa sobre quienes no somos heterosexuales (o cisgénero).

Desmedido además el actuar de Carabineros. Se golpeó y detuvo violentamente a manifestantes, como a las activistas de MUMS y, especificamente, a una dirigenta trans que protestaba contra la circulación de la propaganda llamando al odio.

Finalmente, el “bus” que atacaba directamente la niñez trans no se atrevió a hacerlo y prefirió modificar el mensaje por uno de contenido homofóbico. De cualquier forma, me sigo quedando con las palabras de Evelyn Silva (Fundación Selenna de niñez trans), dirigidas a su hija: “sin embargo, la gente no sabe que hay buses, como aquel, que pasan por tu vida y las de les niñez trans a diario, por los cuales nadie firma para detenerlos”. Las personas que trabajan con niñez trans -me incluyo-, hasta donde conozco, no solicitaron censurar el maldito bus. Han exigido, más bien, una condena explícita por parte del gobierno al contenido del “bus-cartel-de-odio”. De cualquier forma, no está de más enterarse que los discursos de odio no son “libre expresión” y que en países más desarrollados, una ministra secretaria general de gobierno no avala a medias que se promueva el odio ni la violencia. Resultado: carabineros agrediendo más trans, colas y tortas. ¡Más travestis, menos pacos! ¡Más educación, menos violencia!

Lo que me pareció más preocupante esta vez fue la gran cantidad de gente que se convocó “contra la ideología de género”. Conversé con dos profesoras de enseñanza básica y me sorprendió la pobreza de sus argumentos a favor de “la biología”, la “naturaleza” y la “libertad individual” (de tanto en tanto nos interrumpía un viejo/macho/agresor que insistía en “darnos la mano” a mí y a mi compañera transgénera). Es muy triste pensar que los niños y niñas que los acompañan crecerán “anti-trans” y “anti-gay”. Casi me dio pena ver cómo me miraban, esta rareza inconcebible y diabólica que debo parecerles. Da impotencia, porque en su mayoría eran personas ignorantes y temerosas. Un rebaño, pero disponible a encarnar la peor de las ideologías de exterminación. ¿Ideología de género? ¿Biología? A mí no me vengan con hueás. Soy travesti, soy trans, soy hermafrodita, soy intersex, soy transgénerx y soy transexual. Conozco niñxs trans, sé que existen, he trabajado con ellxs y sé lo que cuesta. Espero que puedan aprender a conocer y a no tener tanto miedo. Me dio rabia y después me entristeció intentar acercarme pacíficamente a conversar con otro grupo anti LGBTI, cuyo único argumento fue un hombre que me correteó interponiendo el cuerpo (no eran pocos los nacionalistas, fachos, nazis y otros “amigos” de la heterosexualidad reglamentaria, ¿invisibles al sabio ojo “familiar”?). En contraste: qué lindxs lxs colas, tortas y trans en edad escolar que van a todas, saben argumentar y comunicar sus ideas. Con esa imagen en mente me voy a casa.

¿Por qué el Estado legitima posturas criminales disfrazadas de libre expresión, a costa de la población transgénero y LGBTI? Porque tienen miedo a ser criticados. Porque temen innovar en políticas públicas. ¡Porque temen perder votantes y eso sí que les importa! De lo contrario, no nos explicamos la irresponsabilidad e inconsistencia de un aburguesado y católico padre de nueve hijos, el político José Antonio Kast, propagandeándose en contra de una niñez que le resulta del todo inconcebible, la transgénero, mano a mano junto al violento pentecostal autodenominado pastor Javier Soto. Para Kast y Soto solo existen algunos niñxs; ni a un senador Chahuán, ridícula y deseperadamente abrazado de una bandera chilena rayada con la consigna “No a la ideología de género”, pese a que dirigentas trans, junto con una niña trans y familia incluida -me consta- se habían tomado el mal rato de intentar educar su poco entendimiento. ¿Con qué técnica se educa a un parlamentario así? Fue muy complejo y desagradable intentar culturizar al sector más contrario a votar leyes favorables a nuestra población. Al menos algunxs lo intentamos. ¿Cómo puede permitirse que un Walker, Van Rhysselberghe u Ossandón, legisle sobre población trans mientras presenta indicaciones vergonzosamente infundadas, con el fin único de bloquear los proyectos, año tras año?

¿Hasta cuándo tendremos que soportar a todos estos pastores, legisladores y gobernantes acomplejados y cobardes que incitan la muerte? ¿Saben acaso lo que es ser golpeada en la calle mientras te gritan a centímetros de tu cara? “¡¿Soy homofóbico, evangélico y qué huéa?!”. ¿Entienden que en Chile el género todavía es causal de maltrato, exclusión y muerte? ¿Sabe el Papa católico, quien ha hecho las comparaciones más aberrantes sobre personas transgénerx, que en una iglesia católica de la comuna de Independencia, en 2015, se realizó el bautizo de dos miembrxs de Fundación Transitar (organización de niñez trans), bajo sus nombres sociales? Como no creyente y participante de esa organización, pude observar que Kevin y Carolina estaban dando un paso muy significativo para ellxs, y que eso era lo que importaba. Crear espacios seguros y afectos donde no los había. Un espacio social-comunitario pese al Estado sordo, al oro de El Vaticano y las palabras que en la calle se transforman en cuchillos.

También son conocidas las grotescas conferencias que dicta la egresada de derecho Andrea Balbontín, a través de una red de iglesias evangélicas de barrio alto. A partir de exposiciones teóricamente insostenibles  y traumas subjetivos y personales, no se alcanza a discernir claramente cuánta consciencia -o intencionalidad- posee, al igual que el Papa, de que sus palabras invocan directamente el odio, la muerte y la exclusión sobre un grupo específico de personas. Los inventores de la “ideología de género” son los únicos sobreideologizados. Yo con Balbontín podría convivir, ella no conmigo. Si soy el pecado, la enfermedad y la corrupción. Por otra parte, son ignorantes porque no se han educado y porque no conocen comunidades reales. ¿O acaso resulta más conveniente y provechoso  desconocer?

También confunden y mezclan el activismo gay hegemónico con las demandas específicas de la niñez trans. Es cosa de revisar, por ejemplo, la obsesión inexplicable con el matrimonio igualitario y el temor irracional a que se revele la homosexualidad en etapas escolares, a partir de las declaraciones del líder del movimiento local “Padres Objetores contra la Ideología de Género”. Extremadamente absurdas y homofóbicas. Faltas de instrucción absoluta. Nada saben de “género”.  Nada saben sobre realidades de la niñez trans. Jamás han compartido con niños y niñas trans. Ni siquiera se atreven a conversar con unx trans*. Entonces, ¿de qué hablan y cuáles son sus verdaderos intereses?

La semana pasado me contaron que en una de las escuelas donde se había logrado buena convivencia escolar, “la alumna trans” deja el aula por veinte días. Por miedo. Porque la golpearon adivinen por qué motivo: porque socialmente se ha enseñado que cada cierto tiempo se nos puede golpear con impunidad. Porque el sexismo es la base del currículum escolar. Porque el Papa dice que no debemos existir. ¡Que ahora vaya el Papa a decirle directamente a los más de ¿300, 1.000, 2.000? Niñxs trans que existen hoy en Chile, que desde este momento ya no pueden existir más, porque las iglesias y su prédica sobre la “ideología de género” así lo decretaron! Que el Papa y el Pastor borren el miedo, el odio y la violencia que han propagado en la calle y en la escuela.

La presidenta apenas se comprometió con el matrimonio igualitario durante su cuenta pública. El matrimonio igualitario no cambia en nada los proyectos de vida de niñxs trans. El  candidato Piñera no agrega nada sobre personas LGBTI a  su proyecto  de gobierno (menos sobre niñxs trans). Lxs candidatxs presidenciales están en la etapa más básica de acercamiento a la niñez trans y personas LGBTI. El Gobierno lleva años permitiendo todo tipo de “opiniones” odiosas e ignorantes en materia LGBTI y de derechos de la niñez trans. Chile cuenta con organizaciones de niñez trans que realizan trabajo comunitario y comparten visiblemente de un modo que no tiene símil en el mundo. Pero acá, el ego, la ceguera, la intransigencia y los compromisos de los poderosos pueden más. El Gobierno legitima una vez más, palabras que en la vida diaria se transforman en muerte, odio, violencia y exclusión.

La realidad de la niñez trans y la población LGBTI existe, no es un cuento, no es un engaño y no merece seguir siendo violentada ni ninguneada por el gobierno ni por organizaciones que se respaldan tras una supuesta  libertad de expresión.


Mujer trans, profesora de Artes Visuales, Investigadora en niñez trans, ex candidata a concejala por Santiago.