“¿Dónde estaban cuándo las mataban?” era el grito que se escuchaba en las afueras de Compañía 1440, entre Bandera y Morandé, en pleno centro de Santiago. Hace sólo un par de minutos, los cinco integrantes de la Sala Penal de la Corte Suprema -los jueces Carlos Künsemüller, Haroldo Brito, Lamberto Cisternas, Jorge Dahm y Milton Juica- leyeron su dictamen sobre el recurso de nulidad para reducir la condena de Mauricio Ortega Ortiz.

Son poco más de las 13 horas de este martes y organizaciones como la Red Chilena Contra la Violencia Hacia la Mujer, Ni Una Menos y la Confech protestan con rabia. La Fiscalía no logró demostrar que Ortega tuvo intención de matar a Rifo, argumentando sobre la tipificación que tienen los crímenes de femicidio o femicidio frustrado y que -según el ministro Lamberto Cisternas- “no quedó cabalmente demostrada la intención de matar”.

En mayo de 2016, a tres cuadras de su casa en Coyhaique, Mauricio Ortega persiguió con un bloque de concreto a su entonces pareja Nabila Rifo. La agarró, le pegó en la cabeza y le sacó los ojos. La encontraron con el cráneo y los dientes fracturados. Según ella misma contó, se “hizo la muerta” para evitar que Ortega terminara de asesinarla.

De este modo, la Corte Suprema decidió acoger parcialmente el recurso de nulidad que presentó la defensa de Ortega que había solicitado anular el juicio oral realizado el pasado 2 de mayo por vicios constitucionales. Los ministros dictaminaron que lo de Ortega no fue un femicidio frustrado, sino que sólo incurrió en el delito de lesiones graves contra Nabila, rebajando así su condena de 26 a 18 años.

La indignante resolución llevó a las agrupaciones que se encontraban afuera de la Corte a hacer sentir su desazón e ira por la sentencia. Como manifestación de rechazo, tiñeron una de las fuentes del patio de la Corte Suprema con pintura roja, simbolizando la sangre derramada por Nabila Rifo y la complicidad de la Justicia chilena.

En poco rato, Fuerzas Especiales de Carabineros se apersonaron en el lugar para disuadir la protesta. Mientras ellos filmaban a las protestantes, una de ellas los encara y les dice “las mujeres ya no tenemos miedo”, acusándolos de cómplices del femicidio y del Estado que violenta día a día a las mujeres.