El 11 de abril de 2016 falleció la pequeña Lissette Villa en el CREAD Galvarino, una de las residencias del Sename. Su caso volcó la atención de una sociedad que, hasta ese momento, desconocía las dramáticas cifras de niños y niñas fallecidos a cargo de organismos del Estado e hizo estallar la crisis terminal en la que vive el servicio.

Quien era directora del centro en ese momento era la sicóloga Mónica Monje, quien publicó por primera vez sus impresiones respecto al caso de Lissette y la situación del Sename en un extenso testimonio en Ciper.

La muerte de Lissette

“Quiero dejar bien claro que si Lissette falleció, ese hecho es suficientemente contundente para que yo asuma que no puedo salir “ilesa” de lo sucedido, aun cuando no estaba presente en el momento de su deceso. Lo asumo como profesional, como psicóloga y directora del Centro de Reparación Especializado de Administración Directa (CREAD) Galvarino, el mismo que habitaba Lissette cuando murió. No soy cómplice de ningún intento de ocultar nada relacionado con su muerte, ni de encubrir a nadie, y no tengo compromisos personales ni políticos”, comienza contando.

El relato da cuenta de detalles inéditos en torno al día en que murió Lissette y las condiciones del centro. Todo, dice la ex directora, intentó contárselo a la actual directora del Sename. “No fui recibida: me atendió uno de sus asesores y me señaló que por “ley del lobby” debía pedir una audiencia”, dice.

Además, todos los documentos también están en manos de la Fiscalía. Monje relata que esperaba que con el juicio se apuntaría a los responables y que la crisis del Sename era tan evidente que el gobierno revertiría la situación. “Me equivoqué. Todo el “mal” del Sename se centró en cinco o seis funcionarios inculpados. El resto (responsables de departamentos técnicos, encargados de salud, supervisores, jueces de familia y también parlamentarios que deciden los presupuestos y planificaciones sin conocer la realidad del Sename en las residencias), no fue interpelado”, asegura.

Audiencia de formalización caso Lissette Villa / Agencia Uno

La sicóloga  cuenta que ella misma trató a Lissette durante unos años. El 11 de abril de 2016, el día que murió Lissette, dice que “la información era escasa, confusa y estábamos completamente en shock”. Cuando llegó a su oficina, vio Lissette en el suelo con equipos del SAPU y bomberos intentando reanimarla.  “Aproximadamente a las 21:05 horas dejaron de hacerlo. Lissette no pudo salir del paro cardiorrespiratorio”.

Esa misma noche comenzó otra historia: de omisiones, secretos, ocultamientos e inculpaciones cruzadas. Los medios de comunicación daban cuenta de versiones distintas y con escaso rigor; sectores políticos pedían ‘cabezas’. Al otro día ya se rumoreaba que la causa de la muerte habría sido una sobredosis de medicamentos. En momento en que lo único cuerdo era esperar los resultados del Servicio Médico Legal, distintas versiones iban y venían. Mientras, en medio de un clima enrarecido, al interior del CREAD y del servicio en su conjunto, cada uno trataba de ‘salvar el pellejo‘”, afirma.

Mónica da cuenta de que la historia de Lissette estuvo marcada por el abandono. A los 5 años ingresó por primera vez a una residencia del Sename y a los 8 entró al CREAD Galvarino.

Sin embargo, la idea era trasladarla a otro centro más idóneo para ella, pero presentó dificultades en este. “Junto con otra educadora comenzamos a visitar a Lissette en su nueva residencia para apoyar su adaptación. Poco después supimos de la intención de esa residencia de solicitar que la niña fuera re-ingresada al CREAD Galvarino, declarándose incompetente para asumir su cuidado. Esta situación es habitual en algunas residencias colaboradoras (OCAS), no solo le sucedió a Lissette”, dice.

En 2013 volvió al CREAD Galvarino. Al poco tiempo ingresaron un hermano y su hermana.

La sicóloga da cuenta de que ante esta situación de problemas familiares, se tramitó el cambio de Lissette y de su hermana menor a otro centro, cuestión que duró solo tres meses antes de volver al Galvarino. Entonces, se debió a una situación de vulneración que la pequeña contó que vivió en el nuevo centro, el que, una vez más, “se declaró incompetente para asumir su cuidado”.

Respecto a la muerte de la pequeña, da cuenta de que “no hay ninguna interpelación ni a las autoridades del Sename ni a las de su Departamento de Protección y Restitución de Derechos (Deprode). La jefa de este departamento, en declaración a la Fiscalía, se desentiende de la elaboración del protocolo de actuación en crisis donde se explicitan las contenciones autorizadas por el servicio. Desconozco qué fue lo que la motivó a declarar así siendo que ese documento es elaborado por su equipo”.

“Lo que la gente no sabe es que cuando los niños del Sename entran en crisis y son llevados a un servicio de urgencia para ser evaluados por médicos especialistas, son atendidos sin prioridad por un sistema de salud colapsado. Muchas veces esos niños terminan amarrados a camillas a la espera de atención, la que en ocasiones puede tardar horas, creando un cuadro de ansiedad y desesperación mayor. Lo que la gente no sabe es que los niños del Sename, a pesar de ser niños vulnerados, no tienen prioridad ni siquiera para tratamientos de urgencia en el sistema de salud”, continúa la sicóloga.

“Lo que asombra es que, a pesar de la conmoción que provocó la muerte de Lissette, nada haya cambiado. Y ello, a pesar que después de Lissette, falleció también por causas que se investigan el menor James y luego otro niño más. Pareciera que la muerte de esos niños/as dejó de ser visible. También para aquellos políticos que en su momento rasgaron vestiduras y hoy siguen al margen de la situación del Sename, sin apuro para promulgar la Ley de Protección Integral, deuda pendiente con la infancia de nuestro país”.

CREAD Galvarino

La precariedad del CREAD

Explicando cómo funciona el Sename, asegura que “en un servicio jerarquizado como el Sename, toda orientación técnica proviene desde su dirección nacional”. El problema con las direcciones técnicas del Deprode es “que ese departamento es un ente cerrado e impermeable a las sugerencias que se elaboran desde los equipos técnicos y profesionales de los centros”.

Una situación crítica en el Galvarino, según cuenta Mónica, es cuando pasaron de ser un Centro de Tránsito y Diagnóstico (CTD), a un CREAD, un centro de protección de administración directa del Estado. “Sería importante saber qué hecho motivó que el Departamento Técnico decidiera el aumento de plazas de niños/as posibles de atender. Por qué pasamos de un cupo de 80 niños/as siendo CTD (con menor tiempo de permanencia), a 100 plazas cuando fuimos denominados CREAD (ampliándose el tiempo de permanencia, asociado a una meta de carácter ‘técnico’)”.

Según la profesional el aumento de plazas generó mayor hacinamiento en el centro. “Una vez que asumí como directora del CREAD, informé a todos los Tribunales de Familia que nos encontrábamos con alta dotación de niños varones, a punto de no contar con camas para recibirlos. Hicieron oídos sordos”, dice.

Además, cuenta que según su experiencia un centro especializado debiese tener como mínimo “un terapeuta ocupacional a contrata, un médico pediatra de cabecera, un psiquiatra, una enfermera 24-7 y profesionales especializados en problemas de aprendizaje debido a las severas dificultades en esta área que presenta al menos el 80% de los niños/as ingresados”.

“En febrero de 2016, como directora del CREAD, solicité a la Dirección Regional del Sename la contratación de un pediatra, o al menos de horas pediátricas. Al momento de fallecer Lissette, ni siquiera se había recibido una respuesta”, asegura. La profesional continúa: “Esta realidad indica que los niños bajo el cuidado y protección del Sename no son un grupo prioritario de atención en salud para ninguna institución. Es más, dada su vulnerabilidad ya conocida, es inconcebible que no cuenten con estudios neurológicos cuya evaluación es relevante en tanto algunos presentan una serie de dificultades generadas desde el periodo perinatal o a lo largo de su desarrollo”.

Protesta de Trabajadores del Sename / Agencia Uno

Mónica es enfática en señalar que el CREAD Galvarino no contaba con resolución sanitaria ni desfibrilador al momento de fallecer Lissette. “No existe convenio con ambulancias ante una emergencia y tampoco se cuenta con técnicos en enfermería capacitados en primeros auxilios”, agrega.

La sicóloga afirma que el Deprode no hace capacitación previa a los profesionales, los que “deben atender a un sujeto de atención altamente dañado bio-psicoemocionalmente sin ninguna preparación anterior especial”.

“Las normas internacionales de contención indican que éstas deben hacerse por profesionales de la salud capacitados. Ahora bien, el servicio les encomendó esta responsabilidad a funcionarios no capacitados. Además, existe escaso conocimiento de la envergadura de una desregulación motora y emocional de un niño/a sujeto de atención en un CREAD. Hay que decir que la atención de salud que los niños del Sename encuentran en el sistema público, al único que pueden acceder, es solo tratamiento ambulatorio, no existe hospital de día, no se cuenta con camas psiquiátricas suficientes, son egresados antes de finalizar su tratamiento porque deben atender a otro niño/a con complejidad mayor, los atienden en urgencia en camillas sin el apoyo necesario a los funcionarios del centro, quienes en su mayoría son educadores y deben permanecer en los centros de salud al cuidado del niño/a, etc”, agrega.

Para finalizar, Monje hace un llamado: “Observo al interior del Sename y veo que nada ha cambiado, excepto que un puñado mínimo de funcionarios se transformó en el chivo expiatorio de la misma institución y de la sociedad en su conjunto. ¿Podrá esa actitud provocar cambios y transformar la manera de hacer políticas de infancia en Chile? ¿Qué pasó con el CREAD Galvarino, con los otros CREAD y las residencias colaboradoras luego de la tragedia de Lissette? Silencio”.