Soñaba con ser piloto de Fórmula 1 –“bien masculina”–, dice. Luego se proyectó como doctora, pero su escasa habilidad en los ramos científicos la llevaron a tomar una decisión “totalmente práctica”. Y es que alguna ventaja tenía que tener haber crecido con un papá al lado que se leía “hasta las defunciones de los periódicos”. Fue así como Verónica Schmidt optó por el Periodismo, ámbito en el que se desempeña desde hace 17 años.

Su trayectoria como reportera de calle y su mirada aguda y puntuda de la actualidad la llevaron al frente del programa de CNN “Noticias Express”, donde cada mañana repasa la contingencia nacional con una buena dosis de amabilidad y buen humor.

Tras debutar en TVN, esta santiaguina de 38 años aterrizó en Chilevisión de la mano de su entonces profesor de tesis y ahora candidato presidencial Alejandro Guillier. Luego de un segundo paso por el canal estatal, en 2008 se incorporó al plantel de conductores del recién estrenado canal CNN Chile, una de las pocas sucursales locales en el mundo que tiene la señal de noticias de Turner. “De los que llegamos al inicio, soy la única que sigue ahí”, precisa.

De su trayectoria profesional, destaca los años de reporteo de calle a sus espaldas y haber logrado entrar al mundo de la televisión “sin ningún pituto y sólo por la meritocracia”, una de sus banderas más defendidas. Ahora combina el desempeño en la cadena del grupo Turner con la maternidad de sus dos pequeñas, por lo que reconoce sentirse “muy afortunada”.

La periodista recibe a El Desconcierto en las dependencias del canal justo después de finalizar su transmisión en vivo. “¿Por qué me quieren entrevistar a mí?”, pregunta. Pese a ser de los rostros más veteranos de la estación, pasa desapercibida para gran parte de los auditores: “Tengo la sensación que a veces trabajo más para los colegas de otros medios que para la gente, casi nadie nos ve a esta hora”, espeta.

Schmidt es discreta, reflexiva y políticamente correcta. No quiere entrar en polémicas ni ser protagonista de grandes titulares. Habla con rotundidad pero salpica sus palabras de una especie de dulzura que la muestra aún más convencida de su opinión. Tras una breve charla inicial, junta la puerta y se dispone a responder: “¿Démosle?”, sugiere.

“Sin contenido basura y mejor calidad”

¿Qué rescatas y qué crees que habría que mejorar de cada uno de los canales por los que has pasado?

Cada uno tiene su sello. En TVN aprendí lo que significa el impacto de trabajar en un canal que se ve hasta Tierra del Fuego. Mi paso por Chilevisión significó aprender a trabajar con muchos menos recursos e infraestructura, y hacer muchas más cosas porque había menos personal. En CNN tuve que ejercitarme más en la conducción; mientras que en otros canales desarrollé más el músculo de la calle.

Me gustaba mucho estar en la calle y siento que un conductor de noticias se hace mucho habiendo tenido calle, porque sabes las dificultades que un movilero puede tener y eres capaz de sostener la transmisión desde la empatía con el otro. Sabes que el cable a veces no llega o que no le puedes preguntar cuando tiene una protesta atrás.

¿Qué opinas del modelo de televisión pública de Chile y de los escasos recursos que se le invierten?

Cuando hablamos de que el Estado se meta, inevitablemente eso está sujeto a que el canal esté supeditado a la mano del gobierno que de turno, y eso me parece muy complejo. La TV pública tiene que cumplir un rol no sólo con los objetivos económicos de la empresa, sino también con contenidos que la gente necesita ver y que no necesariamente son rentables. Tener un espacio de cultura –aunque esto no te rente–, tener programación infantil, tener un espacio para la discapacidad, etc. Que los contenidos respondan a la diversidad de un país –aunque eso signifique tener números rojos– tiene que ver con la responsabilidad social de un canal.

¿Cuál es el desafío de la televisión pública chilena?

Una buena mezcla de entretención con contenido. Te mentiría si te dijera que la televisión tiene que educar. No, porque hay gente que quiere que la TV lo entretenga y toma un libro o el diario para educarse. El desafío, sin desmerecer lo que hay, está en ofrecer contenidos y al mismo tiempo entretención, pero sin contenido basura y con mejor calidad.

¿Cómo es tu relación con las redes sociales?

Me cargan. Las necesito por el tipo de trabajo que hago, pero no tengo ningún problema en bloquear al tipo que me insulta o me fastidia. Me he encontrado muchas veces con eso y me carga porque la gente se cree con el derecho a insultarte escondida detrás del anonimato, de un pseudónimo o de una foto que no me muestra ni su cara. Las redes sociales se han mal utilizado en ese aspecto. Aún así, hay gente que te tira comentarios desde el respeto, y yo los agradezco todos.

¿Qué relevas de tu profesión?

Me gusta lo que hago porque me permite conectarme en el mundo en el que vivo y saber lo que pasa para poder tomar decisiones, como cuando vas a votar y necesitas saber a quién das tu voto. Gracias al periodismo he conocido realidades y lugares que nunca hubiera conocido. Ha sido un vehículo que me ha permitido abrirme el mundo en todas sus dimensiones y valorar lo que tengo. Por ejemplo, cuando veo lo que pasa en Venezuela, me digo ‘uff, siempre hay uno que está peor’.

¿Y lo que menos te gusta?

Que no es necesario ser periodista para ejercerlo, porque este trabajo lo puede hacer gente que no es periodista y lo hace perfecto. Pasa lo mismo con los actores. ¡Y qué increíble tener un espacio en el mundo del periodismo sin ser periodista! En donde cabemos todos. Pero, por otra parte, me cuestioné cuál es el peso de la profesión en relación a otras: abogados, médicos, ingenieros. Pero me hubiese gustado estudiar algo en el que yo supiera que el haberlo estudiado tenía un valor.

“Nunca he sufrido discriminación por ser mujer en mi trabajo”

¿Cómo ha cambiado el tratamiento de la violencia de género en los medios?

La violencia hacia la mujer tiene ahora más cabida, y en buena hora. Pero también me pasa que hay una línea muy sutil entre tanta exposición de la violencia y el hecho de que el agresor sienta que está normalizada, que es un tema más de las noticias.

¿Qué responsabilidad han tenido los periodistas y los medios en este cambio?

La violencia hacia las mujeres siempre ha existido lo que pasa es que antes no era tema, no sé por qué. A veces me pregunto qué pasa con aquellos hombres –una minoría pequeñísima– que son agredidos. Ellos sí, que están invisibilizados y silenciados. Porque, ¿te imaginas qué significa para un hombre reconocer que una mujer le pega? Hay una cuestión de macho, de masculinidad en eso. En cambio, la mujer hoy tiene el espacio para que reconozca que es agredida y ser acogida por una red humana.

Me encantaría que se ampliara el tema de la violencia contra la mujer y se hablara de violencia hacia las personas, y ahí entra la de la tercera edad, de los niños del Sename, la violencia animal… la mujer lo abrió como concepto de género pero hay que seguir porque vivimos como si la violencia estuviera normalizada.

Hubo un caso que seguro recordarás: el de la muñeca inflable, que mostró una imagen de Chile al mundo de un país muy machista, sobre todo a nivel institucional. ¿Crees que Chile es un país machista?

Es políticamente incorrecto lo que te voy a decir, pero me parece que hubo una sobrereacción con este tema, sobre todo desde el punto de vista de la defensa del feminismo. Lo de la muñeca me pareció una vulgaridad: sea una muñeca inflable, un hombre inflable o un juguete sexual de otra índole. El tipo tuvo la mala suerte de que fue una muñeca, pero me pareció una ordinariez. Y eso se llevó a otro tema que tenía que ver con lo femenino y para mi gusto eso se desvirtuó. Para mí, el problema no era que fuera una muñeca, sino el concepto del regalo.

Me parece que decir categóricamente que Chile es un país machista es injusto. En algunas cosas lo es, pero por ejemplo hay una ley de femicidios –que en otros países ni siquiera existe–, o tenemos espacio en los medios para preocuparse cuando a una mujer le sacan los ojos, o a otra la matan.

¿Cuál es la responsabilidad de los periodistas para que los temas de género, y en especial la violencia contra las mujeres, no desaparezca de la agenda mediática y se pueda tratar con mayor rigurosidad?

Una manera seria de hacerse cargo del tema es tratar de convencer a las mujeres de que basta una cachetada, un grito, una agresión en cualquiera de las formas. Nuestro rol es intentar concientizar a la mujer de que no tiene que esperar que le pongan la cara morada, porque los casos que conocemos siempre son de mujeres que aguantaron mucho. La tarea pasa por frenar esta dinámica de aguantar y para eso se requiere entregar información, datos y herramientas para que las mujeres sepan que tienen que hacer si les toca.

Ahora, hay un tema aún más dramático: cuando estas mujeres resisten la violencia por dependencia económica. Eso es mucho más duro. Ahí me pregunto cómo esta mujer puede salir de su círculo violento.

¿En tu desempeño profesional, has sentido alguna vez discriminación por parte de un entrevistado, un jefe, un compañero, a nivel salarial…?

No, nunca lo he sufrido, afortunadamente. Sobre la discriminación, hay cosas que me pasan cuando se establecen medidas que buscan imponer ciertas cosas a las mujeres. Por ejemplo, la ley de cuotas. Una mujer no necesita de la ayuda de ninguna ley para demostrar que es inteligente. A Michelle Bachelet la fueron a buscar sus colegas en procesión a la ONU porque imagino que en aquel momento pensaron que tenía la capacidad, la inteligencia, la experiencia política. No necesitó ninguna ley que dijera que cada tres gobiernos tiene que haber una gobernante que sea mujer. Hay muchos casos en el Parlamento de mujeres que están ahí y no llegaron por una ley. Tengo sentimientos encontrados cuando hay ciertos “beneficios” que nos dan a las mujeres como si fuéramos estas pobrecitas que necesitan ayuda para llegar a algún lugar. Me carga esto.

Prefiero que se pelee por igualdad de sueldo a igualdad de cargo o igualdad de experiencia laboral, eso sí me importa, pero no me interesa que me anden ayudando para llegar a ninguna parte cuando yo tengo confianza en las capacidades profesionales o intelectuales. Creo que con estas iniciativas se menosprecia las capacidades de las mujeres, sobretodo en la política. A lo mejor no hay mujeres porque no les interesa invertir tanto tiempo y esfuerzo en eso cuando tienen niños chicos. O, a lo mejor, si no les han dado el espacio, tienen que darle otra vuelta más y pensar cómo ganárselo.

A veces este tipo de medidas se implementan para compensar una serie de “desventajas” por los roles vinculados al cuidado que tradicionalmente se ha otorgado a las mujeres.

Lo que pasa es que a veces queremos ser las heroínas de todo y una no puede hacer todo. Si tu quieres llegar a unas determinadas capacidades laborales y quieres subir, organiza tus prioridades para conseguirlo. Las mujeres, a veces, pecan de querer hacerlas todas: ser buena mamá, buena esposa, buena trabajadora. A lo mejor no nos tienen que compensar para llegar a eso, quizás se trata de organizarse para que todo pueda caber de la mejor manera.

Sename y elecciones presidenciales

Antes mencionaste el tema del Sename. Hace unos meses protagonizaste una polémica con el ex funcionario Rodrigo Paz que algunos medios llegaron a calificar de “censura”. Más allá de este episodio concreto, ¿crees que los medios han puesto más el foco en el círculo político basado y el periodismo de cuñas en torno a esta cuestión, en vez de tratar el problema de fondo?

Sería injusto decir que los periodistas sólo nos hemos dedicado a dar tribuna al círculo político que se ha hecho, porque he visto reportajes en la prensa e historias de niños que están ahí. Lo que pasa es que los periodistas llegamos tarde. Probablemente el tema más estructural ha tenido menos cobertura, pero creo que ha habido tratamiento de los dos aspectos.

¿Qué nos falta para llegar a tiempo y revertir este tipo de situaciones?

No sé que nos falta para cambiar eso, porque mientras nosotras conversamos están pasando un montón de cosas que no estamos sabiendo no por desidia, sino tal vez porque en los medios hay prioridad para otras contingencias. Pero no creo que haya una desidia de los periodistas, sino que estamos metidos en una vorágine que nos impide parar y ver determinados temas.

Por primera vez tenemos dos candidatos periodistas que van a competir para llegar a La Moneda. ¿Cómo crees que están llegando sus mensajes y propuestas a la ciudadanía?

Creo que instalaron sus mensajes. Ahora, si la gente los escucha o no es otra historia. Pero creo que los dos no sólo han instalado sus mensajes, sino que han logrado definir muy bien donde están.

¿Qué opinas del formato, criticado por los auditores, en el que hemos podido ver a varios periodistas interpelando –a veces con formas poco amables– a los precandidatos presidenciales, como Aquí está Chile o Tolerancia 0?

Primero, decir que nunca me ha tocado estar en un debate presidencial, pero creo que el que se sienta en condición de periodista no debe de tenerlo fácil porque hay mucha adrenalina, exigencia y competencia. A diferencia de otras profesiones, en ésta lo que uno hace siempre es público.

Dicho aquello, creo que cada periodista busca el estilo que más lo acomoda para hacer su trabajo y si un periodista siente que bajo una determinada forma hace mejor su trabajo, me parece perfecto. Si a la gente le gusta o no, forma parte del negocio de nuestra profesión.

¿Aceptarías participar en alguno de estos programas si te lo propusieran?

Sí, tampoco es que me muera por hacerlo. Me parece que es una parte más del trabajo.

¿Crees que fomenta que el entrevistador tenga más protagonismo que el entrevistado?

Claro que puede pasar. Desde que uno está en la universidad te dicen que esto no tiene que ser así. Yo quiero pensar bien, quiero pensar que, cuando nuestros colegas hacen su trabajo, no van con esta intención, que no es un propósito anticipado del periodista.

¿Qué noticia te gustaría dar al día siguiente de las elecciones, el 20N?

Que todo el padrón electoral posible fue a votar. Yo no soy partidaria del voto voluntario y no me parece que unos poco se hagan cargo del destino de un país, no me parece responsable si exigimos al Estado determinadas cosas.

Pero el desencanto y la crisis de legitimidad de la clase política ha sido responsabilidad de los propios políticos.

Sí, pero entonces es mejor votar nulo porque eso implica decir ‘no me gusta ninguno’ y es una forma de ejercer la responsabilidad ciudadana. Lo peor que le puede pasar a un país es que la gente se desentienda de quiénes están gobernando. Me preocupa que la gente compre tan fácil las frases bien hechas y que el electorado sea poco exigente.

Los periodistas tenemos que tratar que aquellos que quieren ponerse la banda muestren lo que tienen para gobernar, porque la presidencia es el destino de todo un país y a veces no se le toma el peso.

¿Cómo ves los meses que quedan hasta noviembre, con una nueva coalición que intenta disputar el espacio de poder, una Nueva Mayoría con dos candidatos…?

Nada diferente de las anteriores ocasiones: a medida que avanza el tiempo cada uno intenta llevar agua a su molino. Así funciona en todo el mundo.