Según estudios del Banco Mundial, Chile es uno de los países más desiguales del mundo: se encuentra en el lugar número 14 del globo y en el 6° puesto de América Latina.

El informe de loa OCDE de 2015 subraya los niveles de desigualdad en la sociedad chilena. El 10% más rico tiene un ingreso 27 veces superior al 10% más pobre.

Chile se ubica en el lugar 38 del mundo en IDH (índice de Desarrollo Humano) con un 0,847, ubicándose en el mismo nivel de Arabia Saudita. Sin embargo, el IDH mapuche de 0,582 es equivalente a Bangladesh, ubicándose en puesto 144 del ranking mundial.

Eso quiere decir que de ese 10% que gana 27 veces menos que el 10% más rico, en el caso del mundo mapuche e indígena aumenta la brecha. Según el estudio del Observatorio Nacional Laboral y la encuesta Casen, los ingresos de la población indígena son menores a los no indígenas en un 39%, $340 mil pesos contra $472 mil pesos. una diferencia de $132.500, algo no menor.

Esto último no implica que los no mapuches estén bien, los índices de desigualdad de Chile lo confirman: el problema es que el mundo indígena está brutalmente mal.

Los culpables de esta situación de desigualdad son los empresarios que discriminan para contratar: no quieren contratar indígenas (por eso la tasa de 8,3% de desempleo contra el 7,4% del resto de la población) y los que contratan pagan menos al indígena que al no indígena.

Por ende, el número de indígenas con contrato indefinido son ocho puntos menor al resto: 44,3% versus 52%.

También es responsable el Estado de Chile de esta situación de precariedad laboral del indígena. Los gobiernos de turno han permitido que las personas trabajen sin contrato y lamentablemente, los indígenas sin contrato superan al resto de la población, de 12,3% contra 10,9%. Los trabajadores indígenas con menos de 12 años de educación son peor remunerados, 41,5% v/s 30,4%. La población indígena tiene más empleos por cuenta propia, 23,2% contra 18,9%. Los trabajadores indígenas por cuenta propia ganan 33% menos que los no indígenas; los asalariados indígenas ganan 22% menos que los no indígenas.

Se suma a lo anterior el hecho que el 9,7% de los ocupados indígenas se desempeña como agricultores, trabajadores calificados agropecuarios y pesqueros. Los indígenas que se desempeñan como trabajadores no calificados es mayor a los no indígenas 24,1% contra 20%. La mayor brecha de ingresos entre asalariado y por cuenta propia se debe a que el porcentaje de ocupados indígenas es mayor en el sector silvoagropecuario, 13,2% versus 8,3%.

El mayor porcentaje de indígenas se encuentra sin contrato, contrato definido y por cuenta propia, con menor calificación, menor ingreso, sueldo más bajo y mayor cesantía. Estas diferencias, según el informe, se deben a: mayor ruralidad, menores niveles de capital humano y una mayor proporción vinculada a empleos informales como el silvoagropecuario.

En conclusión, el tema central aquí es la discriminación y el rol de las forestales.

El estudio demuestra que hay una estrecha relación entre pobreza mapuche y rol de las forestales.

Y eso se corrobora cuando la encuesta Casen y estudios del Infor (Instituto Forestal) demuestran que las comunas de La Araucania y el Bio Bio con plantaciones forestales sobre el 20% de la superficie son más pobres y con mayor cesantía que las comunas con menos de un 5% de plantaciones forestales.

La Araucanía es la región más pobre de Chile, con un 23,6% de pobreza. Eso quiere decir más de 200 mil personas son pobres y no tiene sus necesidades básicas cubiertas. Un ejemplo: Collipulli, donde está Forestal Mininco, con un 50% de superficie forestada, tiene un 34,2% de pobreza (Casen).

Lumaco, el año 2000, tenia 38% de pobreza, con grandes superficies forestales hoy aumentó la pobreza a un 48,4%. Ercilla, un 44%. Es decir, la mayor desigualdad se encuentra en las zonas donde operan las empresas forestales: trabajos informales, gente sin contratos, mayor tasa de ruralidad.

Resulta paradójico que los dueños de las forestales figuran dentro de los más ricos de Chile y el mundo. Además, son subsidiados por el Estado entre un 75% a 90% de sus costos. Es decir, por todos los chilenos.

Esto, junto a gobiernos que no han tenido una política clara y de acuerdo a la experiencia internacional para resolver de una vez por todos los derechos políticos y económicos de las primeras naciones de Chile.

Las soluciones pasan por:

1. Terminar de subsidiar por parte del estada a las forestales.
2. Que el SII cobre la deuda que las forestales tienen con las comunas más pobres, el impuesto territorial que adeudan.
3. Evitar la discriminación hacia el mundo indígena en lo laboral, así como se hizo con los derechos de las mujeres.
4. Evitar trabajos sin contrato y sin seguro social.

Medidas importantes se pueden tomar de la experiencia internacional en Nueva Zelandia, Canadá y Sudáfrica.

No hay modelos perfectos ni replicables, pero la experiencia internacional dice que los pueblos originarios tienen derecho a decidir su futuro, cultural, político y económico (articulo 1-27 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos; artículo 3-20, número 2 de la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas).

No debe ser por imposición, debe ser por entendimiento y diálogo, entregar las herramientas y permitir que el pueblo mapuche cree su propio modelo de desarrollo económico y político de acuerdo a sus características históricas. Deben comprender que el desarrollo económico y político del pueblo mapuche es un bien para Chile, por lógica simple, se desarrolla el pueblo mapuche, crece Chile.