La alerta se encendió en la opinión pública durante la mañana del pasado lunes luego de que el director del Servicio de Salud de Los Ríos, Patricio Rosas, confirmó la existencia de un caso de lepra en Valdivia que afecta a un ciudadano haitiano de 28 años y afirmó que se trataba del primer caso en Chile continental.

Los medios no tardaron en difundir la información y, las redes sociales se llenaron de comentarios de preocupación y también de xenofobia, ya que muchos usuarios culparon a los inmigrantes y al gobierno de permitir este tipo de situaciones, y criticaron la “liviandad” con que se ha debatido el tema.

Sin embargo, a medida que avanzó la jornada, la ministra de Salud Carmen Castillo calificó la información entregada por Rosas como “un poco apresurada” y explicó que en Valdivia lo que existe hasta el momento es un “caso sospechoso” de lepra que aún no está confirmado –los resultados estarán durante el jueves 03 de agosto– y que, ante la sospecha, se inició el tratamiento como medida preventiva.

Además agregó que en total en el país existen tres personas bajo tratamiento médico por presentar síntomas ligados a esta enfermedad. Y durante la jornada de este martes, Castillo aclaró que el caso en cuestión es el primero en Chile continental durante 2017 ya que “todos los años tenemos uno o dos casos que vienen importados y que se resuelven como corresponde, con tratamiento”.

Injustificada alarma pública

Ante el alboroto que despertó la noticia en la población, distintas figuras del área de la salud han insistido en sus llamados a la calma, entre ellas, el Colegio Médico, que calificó la situación como una “injustificada alarma pública” debido a que este caso “no representa un riesgo de diseminación”, es decir, de propagación.

La lepra es una enfermedad causada por la bacteria Mycobacterium leprae, que es un bacilo acidorresistente, y afecta principalmente a la piel, los nervios periféricos, los ojos y las mucosas de las vías respiratorias altas. Si no se trata a tiempo, puede provocar úlceras cutáneas, daño neurológico y debilidad muscular que empeora con el tiempo.

Su avance es bastante lento y por eso se hace difícil determinar dónde y cómo se contrajo: el período de incubación es en promedio de cinco años y los síntomas pueden tardar entre uno y hasta veinte años en aparecer. Sin embargo, distintos expertos han insistido en que la lepra no es muy contagiosa y, por ello, se trata de una enfermedad de baja transmisibilidad.

De hecho, según explicó Jeannette Dabanch, médico especialista en Infectología, su “mala fama” se debe a que antiguamente, cuando no se conocía y no había tratamiento, fue una enfermedad de alto contagio, consigna Radio Bío Bío.

Sin embargo, en la actualidad esta enfermedad se encuentra controlada y es de bajo riesgo. Su forma de transmisión es a través de gotículas nasales y orales cuando hay un contacto estrecho y frecuente con enfermos no tratados. “Se transmite con contacto directo y no es que tocar signifique enfermar, sino que se tienen que dar condiciones muy especiales y vivir de muy cerca por largo tiempo con personas que está con las lesiones cutáneas”, agregó la especialista.

Erradicada en Chile

En el país no se han registrado casos autóctonos de esta enfermedad, pero sí todos los años se registran uno o dos casos casos importados –como explicó la ministra de Salud Carmen Castillo–, es decir, de personas que lo han adquirido en el exterior.

Sin embargo, la titular de la cartera también aseguró que el sistema público está preparado para atenderdiagnosticar y tratar este tipo de enfermedades, y que una vez que se inicia el tratamiento “no existe posibilidad de contagio”.

En 1889 hubo un brote de esta enfermedad en Isla de Pascua, lo que generó una situación crítica y precaria para los contagiados de la isla. Sin embargo, en los años 20 se creó un sanatorio y se logró controlar la crisis. Actualmente, esta enfermedad aún es endémica en algunos países en el sur de Asia, África y América Latina.

Tratamiento con antibióticos

Las personas con lepra generalmente pueden continuar de forma normal con su trabajo y otras actividades sin interrupción, mientras estén bajo tratamiento, el que puede extenderse por varios años. Sin embargo, este es largo pero efectivo, y además es gratuito debido a que la OMS provee los medicamentos.

El tratamiento se realiza a través de varios antibióticos diferentes, que se utilizan para destruir las bacterias que causan la enfermedad, y entre ellos los más utilizados son dapsona, rifampina, clofazamina, fluoroquinolonas, macrólidos y minociclina. A menudo se administra más de uno a la vez, y cuando la enfermedad es detectada de manera temprana, se reduce de manera importante los riesgos de deformidades en los pacientes.