Comienzo contextualizando con un dato duro de nuestra realidad en Maipú, este 2017 el concejo municipal destinó un 42 % del presupuesto anual para subvenciones a organizaciones locales, a organizaciones religiosas, hablamos de cerca de 260 millones de pesos, de los cuales 90 millones pasaron directo al Santuario Nacional de la comuna, el famoso Templo Votivo. Casi como anécdota registramos que los ítems salud e infancia recibieron un 3 % cada uno, el ítem cultura recibió 0 %. Otro dato reciente; El 27 de junio pasado, Rodrigo Gajardo, vicerrector del Templo de Maipú, fue condenado por abusar sexualmente de un menor, el sacerdote aceptó el hecho, fue removido de su cargo y quedó con prohibición de trabajar con niños, niñas y adolescentes por un período de 10 años.

Ahora una noticia internacional, 547 chicos del coro de la catedral de Ratisbona, en Baviera, Alemania, sufrieron diversos tipos de abusos durante un período de 30 años, el abogado encargado de la investigación indicó que “muchos se referían a esos años como la peor época de la vida, caracterizada por el miedo, la violencia y el desamparo”. Una más; La prensa colombiana estima que el costo diario de la visita del Papa a ese país, que se realizará en septiembre próximo, significará un gasto al gobierno de 2 millones de dólares, dando como ejemplo la gira que el mismo papa realizó por 6 días a México en febrero del 2016, donde el costo para los mexicanos fue de 10,1 millones de dólares. Ya comienza a instalarse este tema a nivel nacional a propósito de la confirmada visita de Francisco a Chile.

¿Qué tanto necesitamos a la iglesia? Evidentemente la respuesta es subjetiva, polémica, casi inabordable. No podemos desconocer el trabajo impecable y necesario de muchos hombres de fe, de iniciativas ligadas a las más diversas visiones religiosas, quienes sin duda han hecho de este mundo un lugar menos triste y oscuro. Pienso de inmediato en el jesuita Felipe Berríos o en Mariano Puga, ex párroco de La Legua conocido como el “cura obrero”, quienes permanentemente aciertan en sus visiones y palabras, más aún, quienes siempre demostraron con trabajo real, austero, consecuente y silencioso cada una de sus prédicas.

Hay una evidente necesidad por cultivar y desarrollar el espíritu, la dimensión interior de cada uno de nosotros y la forma en que nos aproximamos a la fe, a las convicciones, a las creencias, a nuestros valores más elementales. Debe ser el tema menos abordado en la cultura occidental y por supuesto en la chilena. Acá donde únicamente existe lo tangible, lo cuantificable, lo masivo, lo inmediato y lo desechable no se ha pensado siquiera en una educación que tienda a hacernos confluir en la reflexión, en el respeto o en el silencio, al contrario, acá la premisa es diluirnos en el bullicio de la masa, darnos codazos eternos en una carrera egoísta y consumista, sin destino y sin sentido. La religión y la iglesia (sé que hay muchas, pero en particular me refiero a las cristiana y católica que predominan en nuestro país) no tienen nada que ver con desarrollar esta dimensión espiritual de la que hablo, lo que han hecho hasta hoy es construir empresas cuyo producto es la salvación, la administración e implementación de moralinas añejas y disgregadoras. La religión y la iglesia han hecho a la fe lo que los partidos políticos han hecho a la política; devorar hasta la desaparición al que debiese ser su objeto de interés colectivo y desinteresado, poniendo por delante el beneficio corporativo, priorizando la administración de su ideología sin cuestionamientos ni autocrítica. Me acordé de Ezzati y del pastor Soto, recordé a Longueira, Orpis y a Fulvio Rossi.

Iré al grano; Todo aquello que debiese ver en la iglesia o en la religión (incluso en la política), lo veo hoy en el arte y la cultura. Me impresiona ver a miles – sino millones – de músicos, de fotógrafos, de pintores, de artistas de las más diversas disciplinas viviendo por y para lo que hacen, desde la convicción, desde aquella certeza que otorga solamente la fe, sin esperar absolutamente nada a cambio, incluso financiándolo, desarrollando de manera intuitiva y honesta propuestas que buscan expresar visiones, miradas del mundo, generar diálogo o bien simplemente hacernos sentir felices y en paz por un momento. Veo que hay muchas iglesias y pocos lugares para el arte y la cultura, creo que las primeras no merecen más cabida ni financiamiento, en cambio estos últimos necesitan más espacios y apoyos. Me ha tocado ver esta realidad en mi comuna, en Maipú, somos una comuna históricamente de derecha, conservadora, con administraciones municipales que los últimos 20 años han transitado de la DC a la UDI, se nos ha impuesto casi a la mala una mirada cristiana, devota, donde la religión recibe todo el apoyo y presupuesto sin generar aportes reales, y donde a los artistas locales se les ofrece absolutamente nada, siendo el principal actor social que ha trabajado por una mirada de pertenencia e identidad, propositiva y crítica… Ya basta de eso, basta de eso en Maipú y en Chile. Tengo una propuesta: Nos deben el Templo de Maipú, arrebatémoselo a los curas violadores y se lo entregamos a nuestros artistas creadores, sería un lindo centro cultural como acá no tenemos. Recordemos que en este lugar se produjo nuestra primera independencia hace cerca de 200 años. Sería bonito una nueva. No es tomarnos el Templo, es despojarnos del miedo y la culpa. Por supuesto que es una locura, pero por algún lado debemos comenzar, yo lo hago proponiendo la idea.


Maipucino, Comunicador, Presidente de la agrupación Nación Cultural de Maipú y Editor cultural del medio digital La Batalla.