Un nuevo capítulo en la peor crisis política de Brasil se puede escribir hoy. La Cámara de Diputados discute la denuncia presentada por el Fiscal General contra el presidente de la República Michel Temer por corrupción pasiva. 

Si 342 de los 513 diputados votan a favor, el mandatario más impopular de la historia del gigante latinoamericano -un mísero 5% de la población lo apoya- será desplazado del poder por el plazo de 6 meses. El objetivo, eso sí, parece inalcanzable por cómo está configurado el Congreso.

La jornada llega 14 meses después de la primera sentencia del mismo Parlamento contra Dilma Rouseff, quien fuera desplazada de la presidencia para que asumiera su ex aliado Michel Temer. A diferencia de la líder del Partido de los Trabajadores -condenada en un juicio político- el actual mandatario enfrenta un juicio penal y es acusado de pedir sobornos a uno de los empresarios más grandes del país.

Como la Constitución impide que un presidente en ejercicio sea procesado sin el aval de 2/3 de la Cámara. Pese a que el gobierno tiene los votos para apoyar a su mandatario -entre 250 y 280-, con lo volátil que es la situación política en Brasil nadie quiere cantar victoria antes de tiempo.

Una de las posibles estrategias que ha discutido la oposición es obstaculizar la sesión no presentándose a la votación para que no se alcance el quórum y tenga que postergarse, continuando el calvario político que vive Temer. Así, además, se daría más tiempo a la Fiscalía para presentar otra denuncia como lo ha sugerido el fiscal Rodrigo Janot, relativas a los delitos de obstrucción a la justicia y asociación ilícita.

Un 81% de los brasileños apoya que Temer sea desplazado del poder para enfrentar el juicio en su contra. Mientras se desarrolla la discusión, diversos actos en las calles se realizan en las principales capitales del país bajo la consigna del “Fora Temer” y “Directas Ya”, que pide la realización de elecciones generales.

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