Un escenario invisible separa a la dirigenta sindical Carolina Castillo de las 70 personas conglomeradas en el Paseo Huérfanos, de frente al Ministerio del Trabajo y de espaldas a las oficinas de Codelco. Es jueves por la noche y Carolina, micrófono en mano, pide un aplauso cerrado para Elizabeth Espinosa, esposa de Richard Bobadilla, el trabajador que en esos mismos momentos cumplía 100 días en huelga de hambre.

Elizabeth mira y agradece el gesto. No quiere hablar. Está cansada. Hace tan sólo un día vivió las horas más tensas de su vida. Carabineros había llegado a eso de las 9 de la noche a la esquina de Huérfanos con Teatinos, donde Richard mantenía su carpa frente al Ministerio del Trabajo. Llegaron con personal del SAMU y ordenaron que se llevaran al huelgista en ambulancia. Richard se negó. Decía que estaba en huelga de hambre y que iba a seguir.

Los del SAMU fueron igual de claros: “No podemos llevarnos a nadie contra su voluntad, si quieren hacerlo ustedes, ahí está la camilla, subanlo”, dijo un paramédico.

No parecía haber salida. Llegó personal del Colegio Médico, un abogado de la Intendencia y también el Guanaco y el Zorrillo, los clásicos vehículos de las Fuerzas Especiales de Carabineros. Eran cerca de 30 “tortugas ninja”, que rodearon la carpa de Richard, pegados el uno al otro. Elizabeth estaba dentro junto a él. El centenar de días de huelga de hambre había causado estragos en su salud, estaba debilitado.

A las 3 de la mañana, Fuerzas Especiales, bajo la orden del Teniente Coronel Gonzalo Araya, decide actuar. Rompe la carpa, envuelve a Richard en una frazada y lo arrastra hacia afuera. “Fue una violencia desmedida, ellos no pueden proceder así, no es su trabajo envolverlo como un saco de papas y arrastrarlo a la camilla”, cuenta Elizabeth. Tiene el rostro cansado y los ojos llorosos.

Fuerzas Especiales entran a la carpa de Richard Bobadilla. De fondo, Elizabeth Espinosa / Foto: Frente Fotográfico

Richard fue trasladado al Hospital del Salvador, donde se le sometió a exámenes que comprobaron lo que todos en su entorno sabían: Que ha perdido más de 20 kilos en estos tres meses, que se encuentra frágil de salud pero claro de mente y que es perfectamente capaz de tomar sus propias decisiones. Richard se negó, una vez más, a recibir alimentos a la fuerza. Hoy cumple 101 días de huelga de hambre y sigue en observación en el recinto hospitalario.

“Él no va a deponer la huelga hasta tener un acercamiento de Codelco o del gobierno, hasta tener una solución”, dice Elizabeth.

Las personas que pasan por Huérfanos se sorprenden al ver que la carpa ya no está en la esquina con Teatinos y que en su lugar ven a oficiales de Carabineros rodeando el Ministerio del Trabajo. “¿Dónde está?”, pregunta la gente al pasar, al ver al grupo conglomerado en torno a los versos de Portavoz, quien llegó al acto en solidaridad a Richard. La mayoría de los que está se repite el plato de la tensa noche anterior.

– Los pacos no se mandan solos, esto es culpa de Bachelet, él pudo haber muerto- dice un trabajador de Correos que escucha atento. Pasa todos los días por el lugar y más de una vez se quedó conversando y solidarizando con Richard.

Enfrentamiento con Carabineros la noche del desalojo / Foto: Frente Fotográfico

“El gobierno es responsable de esto. Que ellos vengan el día 99 diciendo que les preocupa Richard, váyanse con ese cuento pa otro lado”, dice enojada Carolina Castillo, quien también es paramédica y ha monitoreado el avance del huelgista.

El 2 de agosto, un día antes del desalojo, la Corte de Apelaciones acogió un recurso de protección solicitado por el subsecretario del Interior Mahmud Aleuy a favor de Richard Bobadilla, que dice que el propio huelguista está atentando contra su vida por lo que debe ser retirado, “con auxilio de la fuerza pública si fuera necesario”, de las dependencias del Ministerio del Trabajo.

Atenta contra su vida

Richard Bobadilla nunca se enteró del recurso que presentó Interior a favor de él por atentar contra su vida. El texto, disponible en este link, argumenta que la huelga de hambre “infringe todo el sistema social y jurídico”, que el actuar del huelgista es “ilegal y arbitrario” y que el deber del Estado según la Constitución es asegurar el derecho a la vida, por lo que, en este caso, “hay un deber ineludible del Estado de velar por el respeto y cuidado, cuando el propio asegurado, no cuida de este esencial derecho humano”.

Un día después de la sentencia de las ministras Marisol Rojas y Viviana Toro, Carabineros ejerció el desalojo y trasladó a Richard al Hospital del Salvador.

“Esa sentencia, como cualquier otra sentencia en Chile, necesita una firma ejecutoria, eso significa que Richard tenía 5 días para apelar. Eso no pasó, se le vulneró un derecho constitucional”, argumenta Joaquín Alarcón, miembro de un grupo de abogados que le presta asesoría jurídica al ex trabajador de Codelco. Van a alegar la nulidad de dicha resolución por la irregularidades.

Ministerio del Trabajo, un día después del desalojo / Foto: El Rodriguista

No pide ni un puto peso

Richard Bobadilla fue despedido en octubre de 2012 de la mina Radomiro Tomic de Codelco por organizar una actividad para ver un partido de Chile contra Argentina. Detrás de eso se esconde una historia de hostigamiento laboral acreditado por la Inspección del Trabajo y la Superintendencia de Seguridad Laboral y un despido motivado, según dice, a que perdió una elección sindical, por lo que también perdió el fuero.

Richard llegó el 26 de abril, desde Arica, a la sede de la Federación de Trabajadores del Cobre (FTC) en Santiago. No obtuvo apoyo en su caso, por lo que inició la huelga de hambre ahí mismo, afuera. No quiere plata ni indemnización, quiere su puesto de trabajo de vuelta.

A lo largo de estos tres meses, pasó de ese lugar a las oficinas de Codelco hasta llegar las puertas del Ministerio del Trabajo. Su esposa, Elizabeth, escribió una carta a la presidenta Michelle Bachelet pidiendo su ayuda, porque, dice, Codelco, la empresa que lo despidió, es estatal “y no se manda sola”.

La burocracia gubernamental derivó la misiva al Ministerio de Minería y después a la subsecretaría del Trabajo. Francisco Díaz, el subsecretario, se reunió con Elizabeth y “se comprometió a encontrar una solución”. Después de esa reunión, según se comprueba en el recurso de protección presentado por Aleuy, Díaz solicitó a la Intendencia que emitiera una orden de desalojo contra Richard.

Acto de Solidaridad con Richard Bobadilla / Foto: El Rodriguista

Richard, eso sí, ya no está solo. La carpa -ahora destrozada- el saco de dormir, el termo, su desodorante, celular, pesa, botellas de agua y azúcar, todo, le llegó de personas que se enteraron de su situación. “Nos hemos mantenido estos meses gracias a los sindicatos y la gente que nos dona a la cuenta”, dice, agradecida, Elizabeth.

Los dirigentes sindicales que organizaron el acto de solidaridad por Richard resaltan varias veces ese concepto. Solidaridad de clase, porque quién no ha sufrido hostigamiento laboral de su jefe, quién no ha sido despedido injustificadamente. Por eso, ellos, no lo dejan solo.

Elizabeth dice estar infinitamente agradecida de esa solidaridad, que ha permitido a ella y sus hijas salir adelante estos meses. Solo pide que ellos, los que están a metros de distancia en sus acondicionadas oficinas, se acerquen.

“Dejen de hacerse los ciegos, los sordos y los mudos”, pide.