Este domingo se celebra el Día del Niño. Buen momento para hablar de la infancia, sujeto permanente de políticas y, últimamente —ya era hora—, de debate público. Un tema que aglutina voluntades, enciende los discursos y genera emocionados aplausos. Sin embargo, ese consenso y decorados compromisos no se ven reflejados en la realidad. Llegada la hora de ponerle números, el boato discursivo se diluye: no ha estado en las prioridades gubernamentales, no se ven políticas de desarrollo integral ni se garantizan los recursos necesarios para garantizar cuidados y aprendizajes efectivos.

Según datos de Unicef, el 70% de nuestros niñas y niños de entre 0 y 6 años han sufrido violencia intrafamiliar. Parece una cifra, pero no lo es: son cuatro estadios nacionales completamente llenos de niños violentados, de los cuales la mitad ha sufrido violencia física. Por otra parte, uno de cada cuatro niños repite algún nivel en el sistema educativo —lo que interrumpe trayectorias escolares efectivas— y casi uno de cada cinco vive en condiciones de hacinamiento y no recibe los estímulos y juegos necesarios para su desarrollo efectivo.

Estos procesos han sido generados por años y años de inconsistencia sistémica de nuestras políticas públicas. La falta de conversación, conexión y vinculación directa con la ejecución de planes y programas diseñados. No reconocemos a nuestros niños y niñas como ciudadanos sujetos de derechos. Afirmamos que son el futuro de Chile, pero los dejamos vivir un presente inhóspito sin apoyos. ¡La infancia en Chile está invisibilizada!

Es por eso que, desde Revolución Democrática, creemos que es necesario avanzar hacia una política a largo plazo que identifique la primera infancia como un pilar prioritario para el desarrollo social del país. Pero no sólo dejarlo en el discurso: hablamos de gobiernos y parlamentarios comprometidos con la inyección de recursos, con la mejora en las condiciones laborales de educadores y agentes educativos, con el desarrollo de infraestructura que cumpla estándares internacionales, con la reducción de la cantidad de niños por educadores y la flexibilización de los horarios de atención  en salas cunas y jardines infantiles. Hablamos de un Estado realmente comprometido con las familias y que sustente sistemas de protección efectivos que no discriminen el origen de la niñez y atiendan de manera universal cada una de sus debilidades.

Sabemos que esta etapa de la vida marcará el destino de nuestros hijos e hijas. Por esta razón, hacemos un llamado a tomar la sartén por el mango y pasar del discurso a la acción. Este 5 de agosto desde las 11:00 horas en Plaza Italia de Santiago, estaremos ahí para decir #YaNoEstánSolos. ¡Acompáñanos!


Precandidato a diputado por Revolución Democrática en el Distrito 8