Para abordar los temas insinuados, es necesario examinar la forma en que se ha construido la trama del modelo chileno, desde que fue impuesto y especialmente el desarrollo y profundización al amparo de la post dictadura. Primero aclarar que no llamaremos a esta etapa neoliberalismo, sino que hablaremos simplemente de capitalismo, distinguiendo que nos encontramos en una nueva matriz de acumulación. Además en particular también preferimos eludir la denominación de conflicto entre neoliberalismo y democracia que ciertos sectores políticos han intentado situar, ya que solo contribuye a generar confusión y oculta la verdadera pugna entre capital y trabajo.

Nuestra mirada está interesada en la búsqueda de los factores o causas de la pobreza y el nivel de endeudamiento de los chilenos, como también de la excesiva riqueza concentrada en pocos grupos de poder en las últimas décadas. No en el modo de la economía científica, que se interesa en la administración de los negocios, proyectando esas fórmulas a la economía del país como un negocio de una mayor envergadura.   

El ambiente generado en nuestro país fue a partir de la violenta reacción de la clase dominante y el apoyo incondicional y material del imperialismo estadounidense a las fuerzas armadas chilenas que asesinaron, torturaron y amedrentaron sistemáticamente a los chilenos pertenecientes principalmente a la clase trabajadora, al no aceptar el fenómeno social que se había consolidado con la llegada al gobierno de la Unidad Popular el año 1970, hecho señalado en el texto Desiguales: “En el siguiente período, entre 1930 y 1973, hay una moderación de la desigualdad porque las clases altas pierden parte de su poder político y económico…” .

Se impulsó en forma forzada la creación de una cultura dominada por la libertad individual absoluta, destruyendo cualquier síntoma de acciones colectivas. Cultura impuesta desde sus albores por el miedo a perder la vida, que ha mutado especialmente desde el fin de la dictadura a otro temor, aquel que los nuevos sujetos chilenos ahora tienen frente a perder su nueva forma de vida, a la que se ha accedido fundamentalmente por la enorme disponibilidad de crédito en el mercado financiero y comercial. Sin duda que esta nueva subjetividad afincada en los chilenos que conforman la sociedad en que vivimos,  se ha instalado con mayor fuerza y profundidad desde el fin de la dictadura por el modo en que se ha desarrollado la política y el carácter meramente descriptivo y de escasa crítica de los sectores académicos, situaciones que han permitido, por ejemplo, naturalizar el hecho de que los trabajadores tengamos en muchas ocasiones que recurrir al sector financiero para cubrir necesidades básicas, en un contexto de falta de derechos y un bajo gasto social en el reducido presupuesto nacional, amparado en campañas en que se insiste en los escasos recursos, baja productividad y otras artimañas.

Entonces, ocurrieron períodos en que era frecuente encontrar en muchos lugares de Santiago la advertencia “CUIDADO PAVIMENTO EN MAL ESTADO”. Una frase que representaba primero una preocupación para evitar que los conductores no deterioraran su vehículo o se accidentarán y contenía al mismo tiempo una promesa porque, implícitamente, se podía leer que por tener los daños registrados,  pronto se repararían. Por tanto se colocaba a prueba desde los municipios, es decir desde el Estado cercano, la simulación de que las personas éramos importantes y existía un plan para resolver los problemas, pero además un listado de prioridades, junto a centenares de medidas, especialmente masificadas por la complicidad de los medios de comunicación con el poder, y en muchos casos gradualmente en manos de los propios miembros de la clase dominante.

De esta manera se construía un nuevo lenguaje, apoyado en mensajes desde el poder, destinados a generar un sentido de homogenización en la población, dirigidos a que en la medida que se presentaran problemas, estos fueran vistos como novedosas demandas, asociadas a la idea de exigencias nuevas y por tanto situaciones como los graves atropellos de los derechos humanos de los miles de niños que por distintas razones se encontraban y se encuentran bajo el Sename o los derechos sociales que fueron traspasados como negocios al sector privado, no tenían repercusión mediática. Así fue el lamentable, trágico y doloroso hecho de los niños, que fueron agrupados bajo el concepto “stock” de la ministra. No hay que extrañarse de este tipo de palabras, porque recordemos que este modelo no solo se rige por la ideología del crecimiento infinito, sino que también lo hace por el management, o gestión, que incluye términos de ese tipo.

Sin embargo, lo más espeluznante es el hecho de que cuando el gobierno moviliza todo su arsenal ministerial para el salvataje de la ex ministra, probablemente por compromisos como ha sido siempre su comportamiento tratándose de algún grupo económico o alguien que sea o haya sido muy poderoso, los chilenos no saben que en el presupuesto del SENAME del año 2017 la partida “Programa de Fiscalización a Centros de menores” disminuyó de  $ 925.960.000  del año 2016 a cero pesos.

Finalmente, después de haber entregado algunos antecedentes económicos y culturales muy someros de nuestro modelo,  que permiten seguir viviendo en un simulacro de democracia y ofertas de campañas, nos resta agregar que frente a los cortes de electricidad prolongados se ha levantado una cortina de humo, con acciones mediáticas, para convencer a los chilenos que la judicialización de los problemas implica solucionar ese tipo de abusos.

Nuestro deber es señalar que este modelo no puede funcionar si es regulado en favor de los trabajadores, por tanto goza de la mejor regulación que requiere el gran capital y la gran propiedad privada, que es la desregulación para su acumulación. Sin ir más lejos podemos mencionar el Sernac que, acudiendo a una metáfora futbolística, no es precisamente el árbitro que sanciona, sino que es el guarda-línea, que indica alguna falta pero sin poder de decisión de ningún tipo.

Queda por manifestar que todo lo ocurrido en nuestra sociedad es una cuestión de poder, en la que participa colaborando con él  todo el abanico político presente en el Estado, simulando frente a los chilenos que viven de su trabajo que las propuestas, medidas y leyes apuntan a ciertos avances. Basta considerar que incluso en un gobierno como este, donde se ofrecían reformas de cierta profundidad, se ha tenido la precaución que ninguna de ellas puedan constituir una amenaza al modelo vigente, lamentamos por consiguiente, que la idea expuesta por algunos sociólogos que observan fisuras no la consideremos real.

Seguiremos con la segunda parte tratando el tema de los salarios y la desigualdad, para finalizar con propuestas y algunas razones que explican la vuelta de Piñera a la Moneda.


Sociólogo, Fundación Sociedad y Trabajo