Meses atrás, y a poco más de medio año de que el actual gobierno y la presidenta Michelle Bachelet culminen su mandato, se dio a conocer por parte del Ejecutivo el Plan Integral para la Araucanía, anuncio enviado desde las oficinas de La Moneda. De las muchas cosas pendientes que el Estado en Democracia tiene con la población, una de las más urgentes, sentidas y significativas son las que conciernen al pueblo-nación Mapuche (sin con ello minimizar las propias del Pueblo Rapa Nui, Aimara entre otros). Reconocer que el anuncio dado es un paso valioso es innegable pero, como muchos lo manifestaron en su momento, es algo tardío ante los muchos acontecimientos, episodios y conflictos de este pueblo -como también de la población no mapuche- que han acontecido desde la vuelta a la democracia y no han sido atendidos.

Tardío ya que los muertos mapuches y no mapuches son muchos en estos años. La militarización de la Araucanía, los sabotajes, los incendios de templos e iglesias, la quema de cosechas, de camiones y maquinarias, las tomas de tierras, la violentación de carabineros y judicialización de la cotidianidad de las vidas de los lugareños, los presos mapuche y la instalación de un Estado autoritario han sido una realidad. La autoridad nacional ha sido totalmente incongruente respecto de las necesidades de la población, demostrando siempre una incapacidad de representar los anhelos de nuestro pueblo mapuche, como así también lograr desactivar los episodios críticos que la polarización del conflicto ha generado.

Cabe hacer notar que en funciones de Estado-Gobierno la actual mandataria tiene desde el año 2000 presencia y manejo, la que la hace sustantiva a la hora de evaluar el qué se ha hecho en torno a este tema país prioritario y urgente. Decir ‘tardío’ tiene un sesgo de consideración, ya que perfectamente se puede leer como premeditación del Estado en favor de intereses permanentes y que no son propiamente de los habitantes de la Araucanía.

Desde la dimensión nuestra, que es la docencia y el magisterio, lo evidente es que para el actual gobierno (y los anteriores) no calificamos y no se nos reconoce para compartir nuestra presencia viva, nuestro mirar y nuestras propuestas en torno a los problemas y soluciones que los maestros rurales, de pueblo y de ciudades pueden visibilizar, reflexionar y ejecutar en esta realidad tan golpeada. No sólo la realidad, sus registros y testimonios nos son propios en nuestro quehacer como maestros y docentes – sin diferencia de origen – sino como tales, los maestros y maestras somos un patrimonio país que ha estado siempre al servicio y el bienestar de nuestros niños y jóvenes en primer lugar, así como de los pobladores, pueblos y su cultura. Entre otras cosas porque permanentemente tenemos que recrear y solucionar, in situ, las formas y métodos, las carencias y debilidades que la enseñanza y las malas decisiones gubernamentales nos obligan a corregir.

Tenemos claro que hacen falta pasos sustantivos en torno al Plan Araucanía para su avance en soluciones. Uno de los más importantes y significativos es la integración plena de los maestros de la zona y sus dirigentes para abordar, en un proceso colectivo, los temas que puedan ser tratados de forma inmediata y se valoren las competencias ahí presentes, desatando procesos concretos de contenidos y organización básicos, acotando los tiempos, estableciendo jerarquías y urgencias respecto del currículum, los contenidos y las prioridades pedagógicas. La autoridad de turno tendrá la responsabilidad de ver los pasos, compromisos, leyes y recursos que se necesiten para aquello que las otras instancias no puedan abordar, dados sus escenarios de responsabilidad.

No se piense que será tarea fácil. Nada lo es en estos escenarios para nuestros niños, para sus familias y para la comunidad y entidades presentes en esta realidad y territorios. Pero no considerar este aporte probado de docentes y gremio será una manifestación de la incongruencia que recorre el citado Plan y, por ello, como docentes deseamos aportar para corregir. Valoro que el Plan Araucanía es un paso, por cierto, pero ya desatado el proceso creo que el involucramiento y voluntad de hacerlo debe servir también para incluir y recoger todo aquello que pueda contribuir a las mejores soluciones o respuestas a alcanzar.

Porque aunque estemos en Santiago con mucha fuerza y convicción decimos que los profesores y el gremio estamos nacionalmente unidos por el pueblo-nación Mapuche en sus necesidades, reivindicaciones y futuro.


Presidente regional Colegio de Profesores