Jorge Baradit finalmente decidió cerrar el ciclo de “Historia secreta de Chile”, una trilogía que le ha llevado a enemistarse con el mundo de los historiadores y las distintas academias de las ciencias sociales.

En conversación con Culto de La Tercera, el escritor toma una posición mucho más frontal ante este conflicto y sostiene que “la historia de un país no la hacen veinte generales ni presidentes. Son una infinidad de actores, muchos de ellos invisibilizados“.

Para él, hay algunos que ni siquiera caben en la “idea de identidad, como los inmigrantes, y otros porque sus luchas y posición crítica frente al Estado lo desautorizan, como el caso de los obreros, profesores e integrantes más débiles. Ellos construyen el país, que está hecho de personas, no de instituciones“.

“Creo que uno de los problemas que tiene la enseñanza de la historia en Chile es la procerización, que significa reducir un personaje histórico a su mínima expresión. Un concepto que al Estado le sirve como modelo de conducta y que es súper útil cuando eres niño, porque es una herramienta pedagógica para comunicar valores deseables. Por ejemplo: Arturo Prat se mató por la patria; Pablo Neruda es el poeta del amor; Bernardo O’Higgins, libertador de la patria… Y Gabriela Mistral, la viejita de las rondas infantiles”, puntualiza.

El escritor criticó que “así reduces a una caricatura plana una personalidad extremadamente rica” y defendió la portada de este tercer libro, donde aparece tatuada la propia poetisa ganadora del Nobel. “Con Mistral, más allá de su lesbianismo, que es un tema contingente cuando están matando personas en la calle por su condición de género, hay que rescatar su visión de país. Una gran intelectual latinoamericana. Una mujer preocupada de la explotación de los más pobres, del autoritarismo en los gobiernos, de la función de la mujer en la sociedad, de cuestiones más grandes de Estado… no solo de crear composiciones infantiles o ser la pareja de Palma Guillén y Doris Dana”, profundiza.

En este nuevo libro, Baradit describe a José Miguel Carrera como un “verdadero zorrón insoportable” y él explica que “he hablado con varios historiadores, ayer mismo con Gabriel Salazar en su casa, y yo creo que la mayoría lo entiende. El se mató de la risa y lo entendió”.

Yo no le estoy hablando a la academia, a los historiadores, yo tengo la necesidad de que la gente común me entienda. Y si el término ‘zorrón insoportable’ contribuye a que la gente no solo lo entienda de inmediato, sino que además sonría y se sorprenda, es una herramienta que considero válida y una manera de humanizar. Definirlo de ‘casquivano’, como lo hizo Barros Arana, no me sirve mucho”, reflexiona.

El escritor asegura que nunca ha tenido problemas con los historiadores “porque mi libro no va dirigido a ellos. No creo en la academia ni nunca me he sentido en contra de ellos”.

“Mi propósito son las personas no la academia. Mi deseo es que por este libro esos otros libros también sean leídos. También hay que entender que los historiadores son hijos de su tiempo, y quizá llegó el momento de revisar algunos procesos y nuestra galería de próceres“, precisa.

Baradit concluye que “el objetivo de todo esto es que la gente pueda entender que la historia no es materia de especialistas ni de los museos, si no que es política y está pasando hoy. La historia es cíclica. El catálogo de instrucciones de un país es revisar su historia para no repetir sus errores”.