El Frente Amplio es un espacio en construcción, lo hemos dicho. Y como espacio en construcción día a día nos estamos jugando su carácter, sus márgenes, su identidad y su proyección. Eso no lo sabemos sólo nosotras y nosotros, lo saben también los adversarios, quienes pujan por meternos en el mismo saco de la política añeja, quienes nos fuerzan a hablar de aquello que nos debilita en un proceso de disputa de su hegemonía política.

Somos un actor nuevo y, por ello, también frágil, pero tenemos raíces bien echadas en procesos sociales y políticos que han sabido romper con las lógicas mezquinas y antidemocráticas de la política de la transición. Y ser capaces de que esas raíces se conviertan en un árbol de hojas perennes, requiere reivindicar nuestra historia y los pilares de nuestro proyecto; enfrentar con fortaleza y unidad el escenario actual; explicitar nuestra heterogeneidad y aprovecharla como fortaleza, no como debilidad; sentar las bases de la construcción sustantiva de una nueva política; pero, por sobre todo, requiere de saber orientar nuestra política, con astucia y determinación, hacia la ruptura del ciclo de la política de elites, de subordinación al poder económico, de estrechez democrática y profunda desigualdad, que han representado durante estos 27 años los gobiernos de la Concertación-Nueva Mayoría y la Derecha-Chile Vamos.

El Frente Amplio debe saber construirse de frente con sus virtudes y deficiencias, pero también con la humildad, la responsabilidad y la generosidad que exige este momento de la historia. Y así, si bien hoy estamos recién germinando confianzas y unidad política, si bien nos ha tomado con dificultades la construcción de una lista parlamentaria, también es cierto que hay una decidida voluntad mayoritaria de proyectarse como un actor político unitario capaz de cambiar la realidad injusta que vivimos en Chile. Si bien el nombre del Frente Amplio aparece hace no más de diez meses, este actor es fruto de un largo proceso de luchas sociales y de confluencias políticas militantes y no militantes, de distintas generaciones y experiencias, de una historia que converge. Este camino y esa voluntad es lo que le da sentido y necesidad a nuestra existencia y no podemos permitir que se diluya en este camino.

Con la estructura binominal de post dictadura, no nos ha sido fácil hacernos lugar en la política chilena. Ni los grandes empresarios, ni los viejos partidos, ni mucho menos los poderes fácticos de nuestra democracia restringida, quieren que estemos acá. Con todo, hoy nos paramos como una herramienta política que busca expresar el malestar social, evidenciarlo como consecuencia del modelo neoliberal y proponer una salida que profundice una democracia mediante la distribución del poder y la riqueza, y que se sustente en derechos universales, sistemas colaborativos, políticas feministas y un nuevo modelo de desarrollo. Este espacio y este sentido debemos cuidarlo y comprender que nuestra mayor potencialidad está en nuestra capacidad de organizarnos y de avanzar en este escenario planteando antagonismos claros; en la capacidad que tengamos para apuntar al actor y al modelo que impugnamos, al tiempo que avanzamos en la instalación de nuestro proyecto, de un camino propio para quienes buscan el buen vivir.

Esta apuesta por construir una herramienta para cambiar el Chile neoliberal que heredamos, requiere recordar siempre que el Frente Amplio no es una bolsa electoral para iniciativas que se pongan por encima de procesos sociales y políticos complejos y sustantivos; recordar que el Frente Amplio no es una empresa donde cada quien cuenta con porcentajes de acciones que puede usar y retirar según prefiera, sino un esfuerzo por construir algo más grande que sus organizaciones o candidatos, una herramienta que le sirva al pueblo para conquistar una vida digna y feliz. Recordar que no vinimos a pelear sólo en la cancha de los partidos tradicionales, vinimos a convocar a quienes hasta ahora no se sienten parte de la política o no ven la posibilidad de un cambio sustantivo en nuestro país. Requiere recordar que las elecciones son solo el punto de partida, no de llegada, por lo que los liderazgos y la política que instalemos hoy, será también reflejo del Frente Amplio de 2018 y con ese futuro debemos también ser responsables hoy.

Convocar a los que faltan implica interpretar e interpelar para sumar, cambiar la forma de hacer las cosas, invertir los procesos y las fórmulas, implica sobre todo ser capaces de proponer un proyecto de país, una visión de futuro por el que valga la pena esperanzarse, defender y luchar. En una apuesta de constitución de pueblo, importa ganar, pero también importa el camino andado y la disputa a desplegar.


Secretaria General del Movimiento Autonomista