El 30 de julio, Adriana Palacios, una joven gestante de 19 años, comenzó su trabajo de parto con poco más de 40 semanas de embarazo. Con varias molestias y dolores, acude a su SAPU en la localidad de Pozo Almonte, al interior de Iquique, Región de Tarapacá. La primera vez que asiste fue el 2 de agosto, ocasión en donde es devuelta a su casa por “no encontrarse lista para el parto” según el personal médico que la recibe. Esta historia hasta aquí podría tratarse de cualquier otro relato de trabajo de parto, en donde existen situaciones de reenvío de la gestante a su casa por falta de dilatación u otras razones obstétricas. Lo que hace que la experiencia de Adriana sea diferente – y traumática para ella y su familia- es que esta situación se repite otras cinco veces más, hasta su devastador desenlace.

A las 11 de la noche del 3 agosto, Jacqueline – la madre de Adriana- acompaña a su hija nuevamente al SAPU, quien esta vez ya sufría de sangrado y muchos dolores. La doctora que la atiende le informa que se encuentra con 2 cm de dilatación, por lo que si deseaba trasladarse al Hospital de Iquique debía ser por sus propios medios, ya que “era una pérdida de tiempo realizarlo en la ambulancia, debido a su poca dilatación”. Adriana y Jacqueline no cuentan con movilización propia y en ese horario ya no opera ningún tipo de transporte público.

A las 8 de la mañana del día siguiente, Adriana regresa a la urgencia local debido a la gravedad de los dolores, pero nuevamente es enviada a su casa luego de la realización de un tacto y la auscultación de los latidos de Trinidad, y se le indica que regrese a las 14:00 hrs. Su dolor era tan insoportable, que no logra esperar más horas y vuelve al SAPU a las 11 de la mañana. La matrona que en esta ocasión la atiende nuevamente parece inmutable ante su situación, aludiendo que sus molestias y síntomas –desprendimiento de un flujo amarillento- eran totalmente normales. En este momento, según el testimonio, no le auscultaron los latidos de su hija. Sin embargo, ante la insistencia de Adriana esta vez si llaman a la ambulancia para trasladarse al Hospital de Iquique, la cual se demora más de tres horas en llegar. Cerca de las 16:00 hrs del viernes 4 de agosto, Adriana es atendida en el Hospital de Iquique donde le informan que su bebé se encuentra sin signos vitales. La pequeña Trinidad no nacería con vida.

Bárbara Ñúñez, matrona clínica Cesfam Dr. Raúl Moya Muñoz del Hospital de Paine, comenta que es habitual que las gestantes primerizas sean derivadas al hogar por no estar en trabajo de parto activo, no obstante, “nunca debemos desestimar el relato de la madres, sus síntomas, lo que ellas sienten, puesto que nadie más que ellas conocen lo que le está pasando a su cuerpo. Cuando son consultas muy reiteradas, siempre debemos chequear el bienestar fetal antes de enviarlas al hogar. Es inconcebible que una embarazada sea enviada a su casa 6 veces seguidas. La labor de una matrona, junto con entregar atención obstétrica integral, es dar contención emocional y el acompañamiento independiente de la carga laboral”.

En el Hospital, Adriana estuvo más de 11 horas sin acompañamiento psicológico, recibiendo burlas y un trato indiferente por el personal de salud. Mientras esperaban un parto espontáneo, no tuvieron con ella el cuidado y el respeto mínimo de una paciente en una situación tan delicada. En este estado de shock, luego de haber sido informada de la más devastadora noticia de su vida, continua siendo maltratada verbalmente, y se convierte en una víctima más de la violencia obstétrica que sufren las mujeres en nuestro país.

Natasha Toledo, matrona y directora de la corporación Parir(NOS) Chile, señala que “dar a luz a un bebé fallecido durante 11 horas, en un ambiente poco acogedor, sin el acompañamiento psicológico adecuado, sin la presencia continua de un familiar de confianza, es un acto cruel, inhumano y podría catalogarlo hasta de tortura. Es violencia de género y una violación a los derechos humanos. Las muertes fetales deben ser cuidadosamente acompañadas con respeto y amor, de tal forma que se genere un espacio seguro donde se puedan expresar libremente las emociones”.

Al no producirse el parto espontáneo, Adriana es sometida a la técnica de fórceps –que actualmente la tiene muy complicada en su salud física- la cual tampoco es exitosa y finalmente Trinidad llega a este mundo –pero ya sin vida- a través de una cesárea. La causa de muerte diagnosticada: sufrimiento fetal.

Adriana y su familia, acompañadas del abogado Marco Antonio Quevedo, interpusieron una querella criminal contra todos quienes resulten responsables en el Juzgado de Garantía de Iquique.

En Chile, el trato hacia las mujeres durante su proceso de gestación, parto y post-parto se encuentra en crisis. Las intervenciones y cesáreas innecesarias, la indiferencia de los profesionales tratantes, los maltratos verbales y prácticas obsoletas han dañado la integridad física, psicológica y emocional de miles de mujeres, cobrando incluso vidas humanas, como en el caso de la pequeña Trinidad.

[Lee el reportaje de El Desconcierto: Violencia obstétrica: El currículum oculto que legitima prácticas indebidas en la formación universitaria]

La Coordinadora por los Derechos de Nacimiento – Chile ha estado trabajando durante más de un año en un marco legal que promueva partos y nacimientos respetados y establezca los mínimos para la protección de los derechos fundamentales de madres y niño/as. Esta organización se puso en contacto con la familia para brindarle el apoyo y con su autorización, se decidió impulsar la esta nueva ley de Parto Humanizado en Chile como la Ley Trinidad.

Al respecto, Daniel Melo, diputado y jefe de la Bancada Socialista señaló: “El buen trato hacia la mujer y el fin de la violencia de género es algo que se debe abordar desde todas las dimensiones y, sin duda, también debe serlo desde el ejercicio del Derecho a un parto digno, bien cuidado pero también, tratado de manera humana, sin violencia. El Estado debe ser promotor de una ley que vele por el buen trato de la mujer y del lactante al momento del nacimiento, por nuestra parte como Bancada PS, estamos disponibles para impulsar una ley en este sentido, una ‘Ley Trinidad'”.

La familia se encuentra en una crítica situación económica, y como consecuencia, Adriana no ha podido recibir el seguimiento médico adecuado posterior a la cesárea, atemorizada de volver a vivir el maltrato por parte del personal clínico. Para canalizar la ayuda y difundir su historia, han creado una página de Facebook llamada #JusticiaParaTrinidad.