“Llevas toda una vida escapando, de nosotros, tu familia, y de ti mismo”, le dice Andrés Lübbert a su padre al inicio de “El Color del Camaleón”, el documental que se estrenó oficialmente en el Festival de Cine Sanfic 2017.

El registro profundiza en la historia de Jorge Lübbert, quien se fugó de Chile en 1978 luego de haber trabajado en la CTC (Compañía de Teléfonos de Chile), y descubrir que al interior de la compañía operaba un grupo de la CNI donde se torturaba, asesinaba y se adiestraba a otros jóvenes para matar.

El mismo Lübbert fue obligado a seguir un entrenamiento durante su paso por la compañía cuando tenía 21 años, donde aprendió a interceptar teléfonos, a espiar a sus compañeros, a disparar, a torturar, y su historia –abordada en profundidad en un reportaje de Ciper Chile–, además revela episodios desconocidos del desaforado diputado Rosauro Martínez (RN), del general Guillermo Ramírez y de civiles que jamás han sido interpelados.

Brutalidad de Rosauro Martínez

Uno de los episodios que destaca dentro del texto es el encuentro que Lübbert tuvo con Rosauro Martínez, que entonces era el oficial de Ejército en agosto de 1978, y que para él marcó un punto de inflexión. Lübbert llegó a la empresa como practicante, luego de terminar sus estudios de Dibujo Técnico en el Inacap, y fue bien evaluado por sus superiores. Se quedó trabajando luego de que uno de ellos “le disertó sobre su familia” y “le dijo que no tenía problemas en borrarla del mapa”, por lo que debió firmar un contrato en blanco.

Poco a poco, lo fueron involucrando cada vez más en el supuesto equipo de seguridad de la CTC: lo secuestraron, le pedían que espiara a sus compañeros, lo sometieron a entrenamientos en la morgue, pruebas para llegar por sus propios medios de un punto de Santiago a otro durante la madrugada, y conoció el Departamento de Computación de la CTC, donde tenían datos e información “de todo lo que quieren saber de Chile y de su gente”.

Luego de varios meses de entrenamiento, se le comentó que estaba bien evaluado y se le mencionó la posibilidad de integrar la Central Nacional de Informaciones (CNI), por lo que se le hicieron las evaluaciones médicas respectivas. En medio de una de ellas, ante la pregunta del médico de cómo estaba, Lübbert le respondió enojado que no entendía, le relató cada lugar donde lo habían llevado y le contó lo que le habían hecho.

El médico le dijo que no sabía de qué estaba hablando y que iba a hacer averiguaciones. Esa conversación lo cambió todo. Luego de la evaluación se suponía que lo llevarían a las instalaciones militares del Cerro Chena como su nuevo lugar de trabajo, pero en cambio, lo subieron a una camioneta, lo golpearon y lo llevaron a un hangar donde se encontró con Rosauro Martínez, quien lo castigó por haber hablado del “entrenamiento”.

El texto relata que Martínez “lo golpea, lo insulta, le pone el cañón de una metralleta en la boca y lo amenaza mientras lo sigue golpeando. Hasta que en un minuto, Jorge Lübbert se desespera, le pega una patada en la cara y le rompe el labio. Rosauro Martínez se sale de sí: “¿Quieres ver sangre?”, le grita; y lo amarra y lo coloca semidesnudo debajo de una parrilla”.

En un relato que Lübbert grabó en 1979 como parte de una terapia contó que el ahora diputado por Chillán “entró a otra pieza y del interior de un cajón grande sacó un cadáver de un tipo que estaba desnudo, sangrando de la boca, de la cara, estaba tajeado entero, totalmente maltratado, muy flaco” y que “estuve una noche completa debajo de él. Me puso el cadáver encima de la parrilla y yo estuve abajo, estuve toda la noche viendo eso“.

“Yo ahí quise morirme (…) Era desesperante, me caía la sangre a mí en la cara”, describió. Martínez al día siguiente llegó temprano. “A él le llamó la atención que yo estuviera así, se reía, me tomó y me dijo: ‘Tómate este trago’. Me tiró fuera del galpón donde otros tipos que trabajaban allí me limpiaron, me lavaron, me ofrecieron desayuno y me dieron unas pastillas”, relató.

El dibujante agregó que sus compañeros le contaron que “¡este gallo está loco!, ¡este gallo es peligroso! Nosotros le tuvimos miedo también, trata de no meterte más con él’, me repetían”, y que finalmente, supo con quien había tratado “porque otro tipo llegó ahí y me dijo: ‘Ah, estuviste con el Rosauro Martínez’”.

“Por ahí se decía: ‘este va a ser el que va a acompañar a mi general hasta para ir al baño’. Creo que era de mucha confianza de Pinochet””, concluyó.