Como parte de la serie de actividades “Chile en septiembre, memorias en disputa” de la Escuela de Historia de la UAHC, el ambiente histórico-festivo abrió este mes con la conferencia del médico, escritor y ex militante del MIR (Movimiento de Izquierda Revolucionaria), Pedro Cardyn. El autor de “Sangre de Baguales. Epopeyas mapuches y obreras en tiempos del Complejo Maderero Panguipulli. Un efecto mariposa inconcluso” (LOM, 2017) expuso sobre el contexto que da origen al libro, como excusa para evaluar el rol de los jóvenes estudiantes y el devenir de los movimientos sociales.

Protagonista de los últimos 40 años de transformación social en La Araucanía y, mucho antes, del inspirador proceso de la toma de predios forestales del Complejo Maderero Panguipulli durante la Reforma Agraria, Cardyn recordó también el histórico momento en que, como estudiante de medicina la Universidad Católica, participó del despliegue del lienzo que fustigaba la línea editorial de El Mercurio en la parte más álgida de los años de la reforma universitaria en agosto de 1967. Desde entonces, la frase “Chileno: El Mercurio Miente” como respuesta a las editoriales del diario de Agustín Edwards que atacaban al movimiento estudiantil calificándolo como “una nueva y audaz maniobra del marxismo entorno a la democracia”, ha sido sinónimo de una revolución compartida pero que no ha llegado a puerto aún. “Un efecto mariposa inconcluso, una erupción social profunda” en palabras del médico familiar.

Mirando en perspectiva, Cardyn asegura lacónico que hoy “nadie es héroe de nada. Todos somos lo que somos y lo que permanece son las grandes revoluciones. La verdadera aventura no era ser estudiante, sino irse al sur de Chile a “correr los cercos”. De hecho en la UC apenas había un marxista en ese entonces… creo que lo toqué alguna vez”, dice entre risas. “Por entonces cualquiera podía tomarse la universidad. Eso era cosa de estudiantes, lo realmente importante era tomarse las fábricas y después el mundo”, agrega.

Recuperando un país colaborativo

Hoy, el doctor está embarcado en extender el radio de influencia de Panguipulli y su “buen vivir” como trabajo colectivo, espiritual, pero también político. Para ello invita cada año, a quien quiera seguirlo, al  Verano del Territorio; una actividad que convierte al turista en un activista real a través de su celebrada recreación del Parlamento de Coz Coz, que tiene lugar a 7 kilómetros de Panguipulli el primer fin de semana de febrero.

“Todo chileno debería ir por lo menos una vez en su vida a un guillatún. Es algo transformador que puede devolvernos a nuestra esencia de un país colaborativo, de mingas y de compartir conocimiento”, convoca. Pedro Cardyn tiene fe en que regresen las abejas, los chilenos de antes y para ello confía en que serán los jóvenes quienes concluirán este efecto mariposa interrumpido por la dictadura. Sin embargo, tiene sus reparos.

“Las apuestas políticas actuales no me generan mucha expectativa. Creo que no le firmaría un cheque en blanco a nadie. Lo que hay que desarrollar es la imaginación, la audacia y la empatía”, dice. “Me da mucha emoción ver las luchas de los jóvenes hoy y compararlas con el recuerdo de mi juventud. Es algo muy grato, pero siento que la forma en que se agitan los jóvenes es demasiado prudente. En mi época, ese apasionamiento se notaba y aunque a veces era algo agotador, había que cuestionarlo todo. A los cabros ahora los veo muy educados, pero quiero verlos que se pongan maleducados. Ojo, que es algo que digo súper cariñosamente porque entiendo que las formas de relacionarse hoy son diferentes”, explica sobre un escenario menos alentador que el de hace medio siglo.

“Nuestro mundo es cada vez más artificial y es manejado a contrapelo. El capitalismo es un agujero negro que se está tratando todo. El cambio climático, la política de Donald Trump y Corea del Norte ya han pasado todos los puntos de no retorno. En ese sentido estamos ante otro efecto mariposa, pero de la descompensación. Desgraciadamente los líderes mundiales, los Premios Nobel y los personeros de traje y corbata son todos unos patanes. Hasta un niño de 5 años puede sumar 2+2 y decirte que en todo orden de cosas estamos depredando un planeta de recursos limitados”, plantea.

-¿Dónde más ha notado esa falta de conciencia a nivel local?
-Respecto a los años ’60, noto en el trabajador chileno una especie de autoflagelamiento. Como que se huasquean solos haya o no haya un jefe presente que les diga que trabajen. Recuerdo que antes había un ambiente en el que todos se sentían vinculados, compañeros. En el complejo maderero, en la construcción, en todo orden de cosas. Esa sensación ha sido reemplazada por una de soledad que es algo que ves en el metro a diario entre trabajadores, entre gente decente que cumple un rol importante en la sociedad y donde jamás anda un político cagándote. Si pones atención, debajo de esa seriedad y apuro hay gente buena que necesita cambiar una visión de cómo nos relacionamos.