Si las encuestas no se equivocan, se mantienen los guarismos hasta el día de la primera vuelta presidencial en torno al 20% para Sánchez y Guillier, y los votos finales muestran un virtual empate entre el FA y el candidato de la coalición PS-PC-PR-PPD-IC-MAS -la llamaré en adelante la ex Nueva Mayoría (NM)-: ¿Qué pasaría con miras a la segunda vuelta de diciembre?

Todo hace presagiar una dura negociación en torno a ideas programáticas, formación de comandos de campaña con la intención de liderar la lucha contra Piñera, repartición de cargos antes de la elección y después -afírmate Catalina, que vamos a galopiar-. Declaraciones contradictorias, divisiones en ambas coaliciones, choques entre ellas: la política pura y dura a fin de cuentas. Sería una zafacoca organizada, un oxímoron.

Escribió el genio de Nietzsche: “¡Qué hombre tan bueno! ¿Qué maldad habrá querido cometer?”.

Ahí el FA tendría que ponerse las faldas y los pantalones largos para mirar la realidad de frente, sin maximalismos ni eufemismos, hablar y escribir en prosa y no en poesía. Priorizar sus valores, y sus temas a negociar, definir cuánto está dispuesto a ceder, y a cambio de qué. Sospecho que no habría tiempo para definir y concordar estas cuestiones en 14 partidos o movimientos en plebiscitos internos, asambleas, cabildos, o como quiera llamársele a mecanismos llamados democráticos y participativos. Si se quiere derrotar a Piñera, sería un momento de decisiones, no de irse por las ramas. Claro, si la opción es ser oposición cuatro años más, todo lo dicho no tiene sentido. Ya veremos por dónde va la mano.

La ex NM, intuyo, la tiene más fácil. Está conformada por [email protected] polí[email protected], todo pragmatismo, toda experiencia en “la política de los acuerdos”, todo olfato, goce del poder y sus prebendas. Ya lo sabemos, son capaces de cualquier genuflexión por un cargo o apenas un carguito. Me refiero a la nomenclatura y los operadores políticos de la ex NM, no a sus votantes de base. Su gran problema sería cómo zafar con sus compromisos con los empresarios de todo tipo, cómo modificar sus alianzas internacionales. En fin, cómo bailar salsa y vals al mismo tiempo. Son [email protected] en estos menesteres, mal que mal han conducido la “transición a la democracia”. Si nos entendimos con la derecha y extrema derecha, se dirían, cómo no vamos a ser capaces de negociar con el FA, [email protected][email protected]” en política, y que además no tienen ni una chaucha que defender (al menos sus votantes de base, quienes solo tienen sus sueños de un mundo mejor).

Imagino una gran mesa de negociación entre los líderes del FA y de la ex NM con ejemplares de El Príncipe de Maquiavelo y el ¿Qué hacer? de Lenin. ¿Estaría Goic o los más duchos Gute y el chico Zaldívar en su nombre? La imagino, la mesa de negociación, como un encuentro serio, sudado, sesudo, de risas y llantos a puertas cerradas. De pararse y sentarse. De entrar y salir de la sala de reuniones. Y sin cámaras, sin IPhones ni Notebooks, sin redes sociales, sin audios lanzados al ciberespacio.

Iluso yo, al estilo de la política sensata, antiguamente definida como “el arte de gobernar”.

¿Saldría humo blanco? ¿Qué piensa usted?


Escritor y economista