Antes de convertirse en el director del Festival Internacional de Cine de Valdivia, Raúl Camargo fue programador. Primero, en los ciclos de cine gratuitos de la Universidad Arcis, su alma mater, conociendo un grupo de trabajo que se mantiene activo hasta hoy.

Más tarde el festival valdiviano requería a alguien que eligiera las películas y definiera una línea editorial y Camargo fue elegido para el puesto. Luego, el ex director Bruno Bettati lo propuso para encabezar el certamen y la decisión fue aprobada por  la Municipalidad de Valdivia, el Gobierno Regional, la Universidad Austral, la asociación de empresarios Codeproval y el Centro Cultural de Promoción Cinematográfica.

“Partí programando películas y ahora, además de la programación, estoy a cargo de todo. Pero somos un comité de dirección, como un comité central”, bromea Camargo.

Siempre había rechazado la posibilidad: ser programador era un trabajo soñado y con menos responsabilidades. Básicamente, ver todas las cintas y generar un relato con las películas de otras personas. Una gestión tras bambalinas. Finalmente aceptó con el objetivo firme de generar complicidades y una impronta de diálogo con gente del cine.

Hoy se define como un director feliz y desde esa actitud se prepara para la nueva edición del certamen: “Nosotros damos películas todo el año, tenemos un plano institucional bastante fuerte. Del 9 al 15 de octubre es el evento, la gran fiesta, pero es el corolario de todo lo que hacemos durante el año. La idea es que se vea mientras estamos felices mostrando películas, tomando cerveza y bailando”.

En sus 24 años de vida, el Festival Internacional de Cine de Valdivia se ha posicionado como el más importante de Chile y un referente indiscutido a nivel regional. Hoy, apunta a crecer dentro del público de la región, que valora el cine no solo en su dimensión cultural, sino como instancia de encuentro política y social. También hay otros desafíos: inocular con la programación valdiviana las salas de cine de todo el país y asentar el programa educacional del Centro de Promoción Cinematográfico, que busca fomentar la industria y la promoción del cine desde una lógica comunitaria.

-¿Por qué crees que el festival se ha convertido en un espacio tan atractivo para el mundo del cine? 

-Yo creo que tenemos distintos públicos. Hay un público más cinéfilo militante que tiene consciencia absoluta de que la mayor parte de las películas nuevas va a ser muy difícil que las vuelvan a ver, incluso por Internet. Nosotros nos hemos aprovechado un poco de esta lógica de descubrimiento bajo el tema de los Clásicos del Futuro. Son películas que, siendo desconocidas o de grandes autores, sabes que van a marcar cierta línea. Entonces, las verás en pantalla grande y en las mejores condiciones de proyección, incluyendo en la parte antigua celuloide y en la parte nueva, porque tenemos directores que siguen trabajando en este formato.

En la ciudad austral, descrita por muchos como la más bella de Chile,”hay una lógica de juntarse y generar un trabajo transversal”, describe el director de FICValdivia. Hay otros factores a su favor: el entorno natural es un atractivo insoslayable para quienes no son de la región y viajan cada año para no perderse ningún día del festival. Algunos incluso piden vacaciones o permiso en el trabajo en octubre y aprovechan de disfrutar de las otras bondades locales, como el chocolate, la buena comida y la ya aclamada cerveza.

“Eso ha generado una forma de pequeña comunidad que se va juntando, personas que van en grupo o de manera individual y se empiezan a encontrar en salas, cafés o cervecerías, en lógicas de comunidad que implica que tenemos una alta tasa de retención de visitantes”, acota Camargo.

Los que van, quieren volver. Y como hay tanto cariño en juego, explica Raúl, cada año buscan sumar sorpresas y mayores espacios: “Queremos ver cómo contribuimos a Valdivia y al festival como un espacio de encuentro social y por, ende, político, de personas no ligadas directamente al cine y que encuentran acá su lugar de conversación en torno a las películas”.

Un festival sin miedo a la política

Aunque la definen como una instancia apartidista, al equipo de dirección del Festival les parece oportuno sumar una perspectiva y diálogo político a la realización del certamen. Camargo afirma que se ha generado cierto temor a la posibilidad de discutir acerca de política incluso en la cultura, un rechazo que no comparten.

“Cualquier instancia ciudadana, comunitaria, que implica que la gente se junta, debiese tener una salida esa reunión a un diálogo. El diálogo puede ser totalmente horizontal, pero creemos que se enriquece con una película y por ende, el festival lo que propone son diferentes miradas del mundo, que a su vez conecta con miradas pasadas, que es entre comillas el cine antiguo. Porque toda película que no se ha visto es nueva, aunque sea del año 34. Bajo esa lógica, el cine enriquece la conversación, que puede ser del director en sala, pero también de la persona que no viene a hablar de cine”, explica.

El año pasado, el festival contó con la presencia de Mónica Echeverría, Jorge Baradit, Francisco Huenchumilla y Nancy Yáñez, entre otras figuras, para la realización de Voces, una de las instancias claves de diálogo comunitario sumadas al certamen. Este año se extenderá con nuevos debates, como el fútbol y la literatura y el recién aprobado proyecto de aborto en tres causales.

Como el encuentro de personas es una característica esencial de la ciudad, la idea es seguir potenciándolo: “Ojalá llegar a un punto que tengamos un peso político, porque el artístico ya lo tenemos, que permita apoyarnos no solo a nivel monetario y vivir esta experiencia porque va más allá del turismo, sino como de socialización”, afirma el director.

-¿Cómo crees que se conecta Valdivia con el festival durante esa semana y también durante todo el año?

-Los festivales tienen que luchar con una serie de prejuicios, no solamente le pasa al nuestro. A todos nos encanta ver películas y la ventaja de ser un festival fundado por la universidad y cruzado por un centro cultural es que nos da la posibilidad de no hacer solo el festival de cine y tener sustento y ayuda concursable: el fondo del Estado nos permite generar una estabilidad económica para los trabajadores del festival, que es la base mínima para poder hacer las actividades. Primero se asegura el piso y luego de eso vemos las actividades.

Durante la inauguración de su última edición, la presidenta Michelle Bachelet llegó a la cita en un momento que los organizadores recuerdan con orgullo: nunca antes un mandatario había asistido a abrir un festival de cine local. Hoy, toda la ciudad parece agradecer la realización del evento y así lo reveló una encuesta realizada por Fundación Imagen Chile durante 2016, donde las y los valdivianos apuntaron al certamen como el orgullo de la región. 

Camargo está convencido de que los nuevos contenidos que se pueden visionar en el festival austral les permite exhibir otra lógicas y visiones, una agenda propia que se instala con éxito a 800 kilómetros de Santiago: “Por más que suene gigante, cuando uno accede a una experiencia cinematográfica, también hay un cuestionamiento respecto de qué es lo que se ha visto”.

La Telenovela Errante de Raúl Ruiz y homenaje a Alice Guy

En su nueva versión de este año, que se desarrollará del 9 al 15 de octubre de 2017, la parrilla programática del festival seguirá profundizando la apuesta. Con especial preocupación por el autor cinematográfico, se harán presente casi la totalidad de los directores que participan de la competencia, además de tres realizadores de trayectoria internacional vinculados al cine experimental y bizarro.

También se mantienen los contenidos familiares, indígenas y cinéfilos de vanguardia, en un cuidado equilibrio entre el cine familiar y de culto, con una nueva sala de exhibición celuloide en el auditorio Félix Martínez de la Universidad Austral.

Una de las novedades más destacadas será la exhibición, en apertura, de La Telenovela Errante de Raúl Rúiz. La cinta expone una historia imbricada que va a ser presentada como estreno latinoamericano en el festival. Se trata de una película desarrollada por Ruiz en su regreso a Chile, tras el exilio.

“Como gran parte de sus películas la hizo, empezó a hacer otra y la dejó un poco en el olvido y fue rescatada por Chamila Rodríguez, que es la actriz de las últimas películas de él y con filmaciones para generar un ensamblaje mejor por Valeria Sarmiento, que no solo es la viuda de Ruiz sino también directora de cine y por ende, es una película de Raul Ruiz y Valeria Sarmiento, en dupla”, sostiene Raúl Camargo.

Además, se retomó una instancia especial de apoyo a las películas no terminadas, valoradas como el cine chileno del futuro. Se trata de películas en estado de avance que serán elegidas para participar por una beca del Festival Internacional de Cine de Rótterdam, que revelará sus ganadores el 14 de septiembre.

“Esto implica una asociación directa con lo que vendrá, cumple un rol fundamental para el área de la industria. Es importante que un festival también apoye con instancias de socialización y circulación, porque las películas que llegan a nosotros son unas que no tienen grandes productores detrás. Esa línea la habíamos perdido, lo que implicaba que con mucho esfuerzo las películas llegaban a su finalización y mostrarlas después era un poco barsa”, sentencia el director.

La idea apunta a potenciar a las nuevas generaciones del cine local, un objetivo que también persigue la convocatoria de Academia Locarno, una alianza con el festival de cine que considerará proyectos que participen del certamen para fomentar su circulación.

En su versión 2017, FICValdivia desarrollará un homenaje a Alice Guy, considerada la primera directora en la historia del cine. Hay un vínculo especial que une a la realizadora con Chile y que la mayoría desconoce: pese a nacer en Francia, fue criada en este país. Por ello, el festival presentará cerca de 24 películas de su obra en una retrospectiva que pretende contribuir a difundir su figura.

“Este es un festival muy cercano a la participación de producciones realizadas por mujeres”, explica Camargo. “Lo mismo con jurados y debates ciudadanos. No es 50 y 50 porque jamás ha sido un tema de decir oye, nos faltan tres películas de mujeres, no. Tiene que ver con que la calidad se impone. Nos extraña que si nosotros podemos encontrar películas y mujeres jurado en cualquier parte del mundo, le cueste tanto al resto”.

Otra de las novedades será la exhibición de tres películas del director y guionista surcoreano, Hong Sang Soo : On the beach at night alone (Selección Oficial Competencia Berlinale 2017), The day after (Selección Oficial Competencia Cannes 2017) y Claire’s camera (Proyección Especial Cannes 2017).

El festival de los “Clásicos del Futuro”

El festival pretende seguir marcando pauta en los estrenos recientes del cine chileno. Mala Junta (Claudia Huaiquimilla), Rara (María José San Martín) y El diablo es magnífico (Nicolás Videla) son algunas de las cintas presentadas en la competencia nacional durante 2016 que terminaron deleitando a la crítica y el público tras sus estrenos en sala. Un auténtico adelanto que esperan mantener y proyectar:

“El festival mantiene la lógica de ser la gran vitrina del cine chileno, lo que implica que las acciones que generamos para la comunidad cinematográfica tiene que ver con agradecer ese patrimonio. Es un espacio de cariño mutuo, pero donde aún tenemos el poder de decisión de decir: queremos esta película”, reconoce el director Raúl Camargo.

Su eslogan, no causal, es Clásicos del Futuro. Por ello, defienden desde ese espacio las posibilidades de las nuevas generaciones, razón por la cual las cintas recientes de realizadores ya consagrados, como Ignacio Agüero o Patricio Guzmán, no son consideradas en la competencia.

Según Camargo, la idea es “es buscarle el mejor lugar a la película. Alguien como Patricio Guzmán o Torres Leiva, por su trayectoria, ya están para gala o apertura o clausura. Lo mismo pasa con los extranjeros. No es que valoremos lo nuevo por lo nuevo, pero hacer competir a una operaprimista búlgara con una película que hace en vhs contra de un señor que tiene 17 películas te genera una descompensación inmediata. Nos tiene contentos que, en el caso del cine chileno, tenemos películas en competencia que van a marcar pauta y también fuera de ella, como esta de Raúl Ruiz”.

El equipo de FICValdivia prepara también los festejos de sus primeros 25 años, que se celebrarán en 2018. Por ahora, la meta sigue siendo hacer una contribución al país, con una visión amplia de la cultura en la que se reconocen pioneros a nivel de festivales: partieron antes que todos con la programación de todo el año y la instancia educacional asociada. Este año exhibirán un corto hecho por los niños de la Escuela Fedor Dostoievski de Valdivia, que forma parte de su plan educacional.

“Esas ramificaciones hablan de formas de ver el mundo que parece están perdiendo fuerza y si logramos recuperar, creo que sería una instancia de ser la normalidad. No buscamos la excepcionalidad, ser los distintos, buscamos generar un piso de conversación mínima que permita que ciertas cosas que deberían ser de perogrullo: que haya cine todo el año, participación real y que eso contribuya con ciertos insumos, leyes y diálogos”, cierra.

¿Cuál es la forma? 

-Generando diálogo constante el torno al cine, con películas de distintas lógicas, pero conversadas. En eso nos hemos destacado.