Visiblemente emocionado y desde un palco improvisado, la madrugada del 5 de septiembre Salvador Allende Gossens dio un discurso a la multitud que celebraba su victoria en las elecciones presidenciales de 1970. Desde el balcón del antiguo edificio de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile (Fech), el “compañero presidente”, dedicó el triunfo a “los hombres y mujeres, a los militantes de los partidos populares e integrantes de las fuerzas sociales que hicieron posible esta victoria que tiene proyecciones más allá de las fronteras de la propia patria”.

Consciente del escenario adverso que enfrentaba la Unidad Popular, Allende hizo una solicitud especial: “Yo les pido que esta manifestación sin precedentes se convierta en la demostración de la conciencia de un pueblo. Ustedes se retirarán a sus casas sin que haya el menor asomo de una provocación y sin dejarse provocar. El pueblo sabe que sus problemas no se solucionan rompiendo vidrios o golpeando un automóvil. Y aquéllos que dijeron que el día de mañana los disturbios iban a caracterizar nuestra victoria, se encontrarán con la conciencia y la responsabilidad de ustedes”. 

En la Constitución chilena se especificaba que si ninguno de los candidatos obtenía la mayoría absoluta, la elección debería ser realizada por el Congreso Pleno entre los dos candidatos que obtuvieran la más alta votación. La ratificación de Allende se dio el 24 de octubre de 1970, en medio de fuertes negociaciones con la Democracia Cristiana y con un clima marcado por el atentado de ultraderecha contra el militar constitucionalista general René Schneider, donde este murió, en lo que sería una muestra de los ánimos de ese sector hasta conseguir el golpe de 1973.

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