Eufemia Teao Terongo es artesana y rapa nui. Trabaja con madera, piedra, nácar o conchitas de la playa y se ha pasado todo el invierno elaborando centenares de productos que a partir de este martes y hasta el jueves expondrá en la Plaza Constitución, en la VI edición de la ExpoFeria Mujeres Emprendedoras Indígenas. 

Como ella, un centenar de mujeres emprendedoras representantes de los distintos pueblos originarios de nuestro país asistirán al certamen, organizado por el Servicio Nacional de la Mujer y la Equidad de Género (SernamEG) y la Corporación Nacional de Desarrollo Indígena (CONADI).

En nuestro país, según datos de la Encuesta de Microemprendimiento, un 38 por ciento de las personas emprendedoras son mujeres. Además, dentro de la comunidad indígena, se registra mucha más actividad independiente de mujeres que de hombres, siendo las mujeres quechua y rapa nui las más emprendedoras, y las mapuche las menos.

Autosustentarse con el arte tradicional

Artesanías en cuero de salmón, greda y fieltro, orfebrería y joyería en plata, libros con relatos mapuches, muñecas medicinales, gastronomía típica y productos de decoración para el hogar son algunos de los productos que podrán encontrarse en la feria.

“Esta muestra, además de ser un espacio de comercialización y asociatividad, nos brinda la oportunidad de enriquecernos como sociedad y reconocernos como el país mestizo y pluricultural que somos”, explica la directora del SeramEG, Laura Echeverría.

“Las mujeres indígenas son grandes emprendedoras -dice la jefa del servicio-. Sus productos están fuertemente ligados a la cultura y tradiciones de sus pueblos originarios, por lo que muchas han hecho de sus conocimientos ancestrales, su principal fuente de ingreso”, indica.

Desde los 13 años, Eufemia produce desde moais, hasta pareos o camisas. “Todo lo que sé, lo aprendí de mi mamá y de mi abuela”, comenta.

La mujer, que hoy puede vivir exclusivamente de su trabajo, reconoce que la difusión de reportajes y teleseries sobre la isla como “Iorana”, emitida en TVN a fines de los ’90, han potenciado el interés de los chilenos y chilenas se interesen por sus productos: “La gente ya entiende qué significa todo”, asegura.

Claudia Antillanca vende miel, merkén ahumado y otros productos de la comunidad huilliche de Isla Huapi, cerca de Lago Ranco, en la Región de Los Ríos. Su trayectoria es más corta: recién lleva tres años con el proyecto y reconoce que aún no le permite autosustentarse. Sin embargo, está más que convencida de la decisión que en su día tomó de dejar la empresa familiar para ser parte de la Cooperativa Indígena Geminur. “Cambié para tener independencia económica y para trabajar de algo que tuviera que ver con mi cultura”, asevera.

Andrea Tirado empezó igual: para dar a conocer su cultura. Esa artista aymara crea cuadros con diseños de los petroglifos que se encuentras en las rocas del norte de Chile. Con diez años de experiencia a sus espaldas, hoy vive de su trabajo y muestra a Chile -y al mundo- su patrimonio cultural.

Una vitrina para visibilizarse

La feria se desarrolla en el marco del Día Internacional de las Mujeres Indígenas, que se conmemora en honor a Bartolina Sisa, mujer aymara que se opuso a la dominación y opresión de los conquistadores españoles, y fue brutalmente asesinada el 5 de septiembre de 1782, en la Paz, Bolivia.

La muestra, que pretende contribuir al desarrollo económico de las mujeres indígenas para mejorar sus niveles de autonomía económica y física, es -para ellas- una oportunidad para visibilizar sus emprendimientos. Además, les entrega  nuevos mecanismos para comercializar sus productos y promover la asociatividad entre ellas.

“Me gusta esta feria porque nos juntamos con otros expositores y aprendemos las cosas que ellos hacen. Enseñamos y aprendemos, compartimos harto”, señala Eufemia.

Para Claudia, el evento “sirve de palestra para conscientizar sobre el trabajo de la mujer indígena, en términos de derechos políticos y sociales”. La artesana destaca el rol de los organismos estatales en la promoción de espacios que ayuden a difundir y vender sus productos.

Eufemia, Claudia y Andrea tienen el 5 de septiembre marcado en su calendario. Es una intensa jornada laboral, pero para mostrar quiénes son y de dónde vienen. Es cuando la capital chilena se convierte en su vitrina para que miles de ojos observen, entiendan y aprecien su trabajo, y con él, su historia y su cultura.