El polémico anuncio del presidente estadounidense, Donald Trump, de cancelar el programa que da cobertura legal a los dreamers, los jóvenes conocidos como soñadores que entraron a Estados Unidos siendo menores de edad y de manera ilegal, acentuó la división entre demócratas y republicanos, e incluso dentro de las propias filas conservadoras.

Trump ha dado un plazo de seis meses antes de cancelar definitivamente el programa de Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA), lanzado en 2012 por el entonces presidente Barack Obama para proteger de la deportación y conceder permisos de trabajo a estos inmigrantes. El permiso tenía vigencia de dos años y era renovable.

Aún sin una propuesta encima de la mesa, emergió una iniciativa que recibió el apoyo de la Casa Blanca. Se trataría de sería sumar la regularización de los dreamers a un endurecimiento de las medidas migratorias, entre ellas más fondos para la construcción del muro con México.

Esta solución es vista con simpatía por muchos conservadores, y entregaría a Donald Trump el dinero que necesita para levantar la barrera fronteriza, una de las grandes promesas de su campaña. Sin embargo, la idea es descartada frontalmente por los demócratas, quienes argumentan que supondría convertir a los jóvenes inmigrantes en rehenes de una negociación radiactiva. Dada la fragmentación del voto republicano, el rechazo de los demócratas frenaría seguramente la propuesta y volvería a dejar a los dreamers en el punto de partida.