A mí me duele pensar en la Marilyn, ver sus fotos de infancia que podrían simbolizar todas las infancias del mundo que no importaron, quedarme pegada en sus películas subtituladas, persiguiendo sus textos chillones, memorizando sus ojos claros enmarcados en rímel negro sobre rímel negro. Ver ese triste maquillaje higiénico y purificado que se fue alcoholizando de champagne de desayuno. Marilyn cuanto pelo quemado con blondor para que te vieras así de iluminada en cualquier pantalla, incluso en mi celu.

A mí me entristece hablar de la Marilyn como si la hubieran matado ahora mismo, aquí, en chile, estrangulada, asfixiada, acuchillada, drogada y violada, como a cualquiera de nosotras, mestizas latinoamericanas en el 2017, con ese glamour hipócrita de la industria de las comunicaciones que mentirá a toda costa y que insistirá en acumular riqueza mostrando su sonrisa una y mil veces, día a día, negando que la mataron y que nos matan, obviando que hay hombres en oficinas de inteligencia que son mafias que odian a las mujeres y a las travestis.

Que a las mujeres se les mata igual por ser hermosas, pobres y travestis. Te mataron Marilyn y te fuiste a otro mundo antes que tu madre alienada. De su figura me da indignación que se explote su caminar alegre como si nunca hubiera estado hastiada del personaje de prostituta pobre, de explotación sexual impune, de joven marginal, de la performance obligatoria que Hollywood le exigía, chantajeándola para que siempre hiciera de tonta feliz, para el show, para que la sociedad permaneciera igual, sin emancipación obrera, ni sexual, nazista, anticomunista cuando se podía confiar en los comunistas, haciendo de la guerra un espectáculo necesario para la paz del mundo entero.

Me enfurece todo lo que se oculta, que fue una hija no deseada y que vivió desamparada como las lesbianas y las travestis del sur, eso hace parte del negocio para la industria cinematográfica negando la vida misma, depredándonos a todas, fascinando porque fue pobre, huérfana y llegó a dar la apariencia de haberlo conquistado todo, pero no tuvo quien la quisiera como en las películas románticas que hizo -Marilyn nadie ama incondicionalmente- Se tuvo que desnudar para tener qué comer y que como para todas las mujeres pobres y las travestis, su cuerpo fue su estrategia de sobrevivencia. No se habla de la exposición de la intimidad que demanda la industria sobre el cuerpo de las mujeres, cuánto dolor me da pensar en ti Marilyn. Cuanto maquillaje, polvo compacto y sombra tornasol tapando el sufrimiento de las muertes de la guerra cuando les fuiste a cantar a los soldados en Corea, cuanta purpurina tapando el desprecio por la vida de los pobres que quedan huérfanos, y ¿tu Marilyn? Fragmentada, desquiciada, viviendo en la cima de la mortandad de tu época y ahora convertida para la eternidad en el icono de la industria del espectáculo gay que desfila y niegan tanto su pobreza y su sida. Todo esto me desgarra de ti amiga.


Activista travesti feminista