Llega septiembre y las batallas por el pasado se avivan al calor de las coyunturas y urgencias del presente. Este último año ha sido el turno de la demanda por beneficios carcelarios para los condenados por violaciones a los derechos humanos, envuelta en una estrategia que incluye “misa del perdón”, “video del perdón”, sacerdotes intercediendo por los ancianos victimarios ante comisiones del Congreso, hijas sollozantes ante las cámaras.

Ahora, aprovechando la fecha, se publicó una carta de ex comandantes en jefe de distintas ramas de las Fuerzas Armadas en El Mercurio, además de un inserto en el mismo diario recordando la situación política previa al 11 de septiembre de 1973 bajo el título “Qué explica Chile del 1973”.

Están desesperados, es obvio. Ya no saben qué hacer para detener el avance de la justicia, a la que se han referido como “venganza” y “ensañamiento”.

En los septiembre de otros años era importante destacar la “gran obra” de la dictadura, esa que tiene al movimiento No + AFP luchando por cambiar el modelo, por ejemplo. Ahora es conveniente reavivar la “memoria de la guerra civil que no fue” o la “memoria del caos”, apoyados por declaraciones y entrevistas que aparecen en el inserto de El Mercurio.

La carta de los ex comandantes llama a retomar los acuerdos transicionales (tácitos) que en el pasado les aseguraron impunidad, y prácticamente podría entenderse como una advertencia con carácter de amenaza: “No pongamos en riesgo los logros con tanto esfuerzo alcanzados, manteniendo artificiosamente las divisiones del pasado”. En su extraña manera de ver el mundo, la justicia no contribuye a la unidad, por el contrario, para tal propósito conviene más la impunidad.

De esa carta y de las declaraciones de hijas/os y nietas/os, se desprende también un peculiar entendimiento de la justicia. Al parecer sería más importante juzgar según el contexto y no según los actos cometidos. Y en ese marco, la clamada “contextualización del Golpe” cae de cajón. Otra vez la guerra civil larvada, las hordas del pueblo levantado en las miles de armas jamás encontradas (nada nuevo bajo el sol, países han sido invadidos bajo la misma excusa), todo lo que iba a pasar si no se le ponía fin a al gobierno de Salvador Allende. En ese orden el citado inserto pretende contribuir a la contextualización, trayendo al presente lo que ocurría justo antes del Golpe, expresado en las acusaciones que se hicieron contra el gobierno, no así por medio de los hechos que concitaron esas acusaciones. Por lo tanto, el hecho histórico presentado por el inserto para contextualizar es el de la acusación. Ni más, ni menos, y además como certificado de legitimidad del Golpe, al estilo “todos lo pedían, y era inevitable”.

Para los ex comandantes y los sectores que se sienten representados por sus palabras, bastaría con aproximarse a ese contexto para exculparlos de sus acciones criminales. Se trataría de la lógica del siguiente tipo: “Usted descuartizó personas y desapareció sus cuerpos, bueno, no es tan importante este hecho, sino qué lo motivó a hacerlo, vamos a enjuiciarlo en virtud de ello y no de los actos cometidos”. Por eso digo, extraña manera de ver el mundo, que, en todo caso, no es monopolio de las FF.AA. y del orden, personas del mundo civil también reaccionan clamando contexto cada vez que se ataca al Golpe y la dictadura.

Es evidente que el contexto histórico es importante para comprender la situación del país en la época e incluso para entender los cursos de acción seguidos por los distintos actores. Pero para ello se requiere mucho más que las declaraciones de los testigos de la época, varios de ellos hoy juzgados por sus actos criminales, y no por el contexto que les motivó cometerlas.

Lamentablemente, todos estos llamados a pensar en el pasado de la UP, no trascienden las patéticas acciones dirigidas a conseguir la impunidad y frenar la acción de la justicia. No es más que eso, nuevamente los honorables soldados tratando de salvar su pellejo, haciendo uso de las distintas redes que aún les son fieles, las familiares, las comunicacionales y las políticas. Pero estas acciones no sólo son mezquinas, sino que equívocas, pues no se les enjuicia por haber efectuado un Golpe de Estado, por haber usurpado el poder, por haber derrocado a un presidente, ni siquiera por haber bombardeado el palacio de gobierno (tal vez habría que hacerlo), se les enjuicia por cada uno de los crímenes de lesa humanidad en los que participaron a partir del día 11 de septiembre de 1973.

De ahí que la contextualización que pudiera permitir comprender cómo se llegó al Golpe, incluso por interesante que parezca, es sencillamente improcedente, y poco ayuda a comprender la tendencia criminal seguida. Para comprender esos acontecimientos necesitamos otros antecedentes, otro contexto, y sin duda que quienes actuaron también digan lo que hicieron. Pero bueno, ya sabemos que la verdad no es un valor muy apreciado en las filas militares.


Antropóloga, Programa Psicología Social de la Memoria, Universidad de Chile.