El misterio del piolet que penetró en el cráneo de León Trotski provocándole la muerte a las pocas horas ha sido uno de las armas homicidas más famosas y buscadas de todo el mundo.

EL objeto, que tras mostrarse en una rueda de prensa que tuvo lugar tras el asesinato, desapareció durante sesenta años. El año que viene, el Museo Internacional del Espionaje de Washington exhibirá esta reliquia manchada de sangre. El museo volverá a abrir las puertas en un nuevo edificio y mostrará otros 5.000 objetos de la colección del coleccionista privado estadounidense Keith Melton. Entre otras relíquias, también destaca un submarino británico con capacidad para un solo hombre que se utilizó durante la segunda guerra mundial y una placa utilizada por los nazis para falsificar libras esterlinas.

La historia del piolet es retorcida. Según explica The Guardian, tras la rueda de prensa de 1940, el piolet se guardó en un depósito de pruebas de Ciudad de México hasta que un agente de la policía secreta, Alfredo Salas, se lo llevó con el argumento de que quería guardarlo para la posteridad. Traspasó el objeto a su hija Ana Alicia, que lo guardó bajo la cama durante 40 años. En 2005 ella decidió ponerlo a la venta.

El nieto de Trotski, Esteban Volkov, se ofreció a donar sangre para que se pudiera hacer una prueba de ADN y confirmar que se trataba del arma asesina, pero puso como condición que Salas donara el piolet al museo sobre Trotski, situado en el que había sido el hogar familiar y que se ha mantenido tal y como estaba el día que el líder bolchevique fue asesinado. Salas no aceptó el trato.

Finalmente, un coleccionista privado de Florida, Keith Melton, compró el objeto. Melton, escritor de libros sobre la historia del espionaje y uno de los miembros fundadores del Museo Internacional del Espionaje, aseguró haber comprobado la autenticidad del objeto de diferentes maneras. Un documento confirma que el piolet estaba en posesión de Salas. Además, tiene la marca del fabricante austriaco, Werkgen Fulpmes, un detalle que no había salido a la luz. También tiene las mismas medidas que constan en el informe de la policía y todavía conserva la marca de la huella digital ensangrentada del asesino, idéntica a la que aparece en la fotografía de la rueda de la rueda de prensa de 1940.

Una muerte planeada

León Trotski fue asesinado en 1940 por orden de su rival Joseph Stalin, ambos herederos de la revolución rusa de 1917, tras un primer intento fallido en el que tanto él como su esposa consiguieron escapar de los disparos de un grupo de sicarios.

Quien finalmente perpetró la muerte del líder bolchevique fue un joven comunista español llamado Ramón Mercader pero conocido como Jacques Mornard, cuya madre, una estalinista incondicional, le encargó la misión de asesinar a Trotski. Tras ganarse la confianza de la familia de Trotsky, se presentó un día a su casa con la excusa de que necesitaba que el dirigente leyera el borrador. Trotski invitó a Mercader a su despacho y cuando se sentó para leer el artículo, el asesino lo atacó con el piolet que había robado al hijo de su casero.

Mercader fue juzgado y condenado a 20 años de cárcel.