La primera ministra del Reino Unido, Theresa May, anunció la decisión de subir el grado de amenaza terrorista hasta el nivel “crítico”, el más alto en la escala británica, tras la explosión de una bomba casera en la estación Green Parsons del metro de Londres.

Esto significa que para el Gobierno británico existe temor a un “atentado inminente”. “La gente verá policía armada en el transporte público y en nuestras calles, brindando protección adicional”, explicó la autoridad.

Esta determinación -que no se toma desde los ataques en Manchester Arena durante el concierto de Ariana Grande en mayo- la decidió concretamente el Centro de Análisis Conjunto de Terrorismo, compuesto por representantes de 16 departamentos del Gobierno, cuya sede está ubicada en las oficinas del servicio secreto MI5.

La decisión ya tuvo un primer resultado: Un sospechoso arrestado por las fuerzas de orden en el condado de Kent, en el área portuaria de Dover. Se trata de un joven de 18 años de quien aún no se ha revelado su identidad ni nacionalidad.

El ataque dejó un total de 29 heridos. Según la policía británica, la mayoría de los heridos sufrieron quemaduras por “bolas de fuego” emanadas desde la explosión. El resto sufrió de magulladuras y cortes mientras huían del lugar.

El artefacto casero explosionó dentro de un vagón que cubría en hora punta la línea District Line (o línea verde) cuando llegaba a la estación Parsons Green, ubicada al suroeste de la ciudad. El Servicio Nacional de Salud (NHS) aseguró que de las 29 personas atendidas en hospitales, ninguna corre peligro de muerte.

Las primeras pericias indican que el detonador falló y la bomba solo explotó parcialmente. De haber tenido éxito, podría haber causado daños significativos en un tren que a esa hora trasladaba a uno 865 pasajeros.

Se trata del quinto atentado en lo que va del año que tiene lugar en el Reino Unido y su autoría ya la asumió el Estado Islámico a través de su agencia de noticias Amaq.