Si en uno de mis arranques didácticos quisiera explicar el significado de adjetivos como tendencioso, sesgado y manipulador, lo ilustraría con el capítulo de Informe Especial transmitido por TVN el 10 de septiembre, sobre la condena de Mauricio Ortega en el caso Nabila Rifo.

El propósito general del reportaje es claro: sembrar la duda entre los televidentes respecto de una historia escandalosa y mediática, lo cual, como se sabe, es beneficioso para el rating. Es como hacer la segunda parte de un reality exitoso: no falla. Para competir con otros canales, hay que discurrir una farándula más polémica, con más morbo y melodrama. Nada mejor que este híbrido de mal gusto entre reportaje y teleserie.

Como todo guión de este género, debe hacer uso de estrategias que aporten al conflicto y dejen el final en suspenso: quién sabe, quizá admita una tercera parte. Para eso, lo primero que hay que mostrar es a Mauricio Ortega con actitud de víctima de la injusticia, afirmando que es totalmente inocente. En seguida, corresponde poner en duda las conclusiones periciales, para lo cual se exhibe un “ejercicio” que, en palabras de la periodista, “aunque no es científico, sí nos da luces (…) respecto de lo que puede pasar al intentar sacar un ojo con una llave”. A mí no me queda claro el resultado de ese experimento, pero eso no tiene importancia. Lo fundamental es que, en un contexto científico como el forense, se pretenda invalidar mediante pruebas no científicas un estudio que, según informa la encargada del peritaje, se basa en teorías científicas. Es incomprensible. ¿Cuál es el propósito? ¿Embolinar la perdiz?

La edición y el sonido tienen un papel fundamental, por cierto; aunque sólo puedo referirme a esos recursos desde mi lugar de telespectadora “de a pie”, que percibe solamente lo más obvio. Por ejemplo, al comienzo, Ortega afirma, “estoy dando la cara, si antes no lo hice fue por las amenazas”. Esto se recalca con la dramática cortina musical característica del programa y una repetición inmediata de la escena, lo cual transmite al público que los autores del reportaje la consideran una afirmación verosímil, además de dar un toque rimbombante a dicha aseveración. Acto seguido, aparece una manifestación de mujeres. De esa secuencia se desprende que las amenazas vinieron de allí, y fueron tan poderosas que el pobre perrito apaleado se aterró y cerró el hocico. En otros momentos, el sonido trae a la memoria películas de suspenso y de terror, o al menos, aquel clásico programa de Carlos Pinto y la música que acompañaba su “nada hacía imaginar…”.

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En materia de estrategias discursivas puedo ser más específica. Entre ellas se cuentan algunos recursos retóricos para manipular a los televidentes, tales como la entonación enfática de una periodista-performer. Por ejemplo, en la entrevista a Vivian Bustos respecto de las conclusiones de su peritaje, Paulina de Allende-Salazar le enfatiza que las expuso bajo juramento: el mensaje implícito es que esta profesional, además de incompetente, es irresponsable e irrespetuosa de su Dios; es como si le estuviera diciendo “¡cómo pudo desempeñar su labor con tal ligereza! ¡Y además jurar en vano!”. Además, al afirmar que se hizo una interpretación errónea de las pruebas genéticas en los trozos de hormigón, la reportera subraya que éstos destrozaron la cara de Nabila: si bien no está diciendo ninguna mentira, ese énfasis dramático, además de cumplir el objetivo más obvio, es decir, recriminar a la forense una vez más, añade morbo, contribuyendo así al propósito general del programa. Más tarde asegura que “…éste fue el inicio de una cadena de errores…”: es decir, a prepararse, porque podemos esperar muchos más; tantos, que podrían probar la inocencia del imputado.

Por otra parte, al referirse a la presencia de una huella genética indeterminada en el cuerpo de Nabila, la periodista destaca que corresponde a un hombre desconocido, que no es Mauricio Ortega, y luego, que la Fiscalía ordenó examinar muestras de tres hombres. Este énfasis insinúa promiscuidad sexual y lleva al televidente a asociarlo con una de las justificaciones a su comportamiento violento, que el entrevistado presentara al comienzo, relacionada con mostrar los senos. También justificó en ese momento el romper la puerta con un hacha, explicando que había ido a buscar a sus hijos (tal vez espere que lo aplaudamos por ser un padre tan presente). Además, la periodista afirma que “al acercarse el momento en que la pregunta sobre la identidad del hombre desconocido pudo realizarse (…), las incomodidades aumentaron, y el Tribunal, para proteger la intimidad de Nabila, tomó los resguardos”. Aquí la manipulación no es tan importante en la entonación; sino en el estilo del relato, sobre todo en la frase “las incomodidades aumentaron”. A diferencia de un enunciado neutro, como por ejemplo, “por respeto a la privacidad de la testigo, el Tribunal ordenó abandonar la sala antes de preguntar sobre la identidad del desconocido”, lo que éste transmite es que aquellas “incomodidades” eran antojadizas, no tenían razón de ser; por tanto, es una crítica velada a la medida del Tribunal, así como a las objeciones de la Fiscalía y las abogadas del Sernameg, que solicitaron dicha protección.

Otro eficaz instrumento discursivo de manipulación que abunda en este reportaje-performance son las preguntas que, además del subrayado, incluyen otros elementos para inducir respuestas, como el “¡desde luego!” con que responde el abogado defensor a “¿no se sintieron demasiado presionados ustedes?”. Por otra parte, al formular al condenado ciertas preguntas claves, la periodista añade recursos que agregan dramatismo, como la postura corporal y el cambio en el nivel de lengua: “¿Sigues insistiendo en que eres inocente?”, le dice, pausadamente. Enfatiza con la voz, se inclina hacia adelante en la silla, y además lo tutea: obtiene un esperado y dramático “¡por supuesto!”.

Aunque puede también resultar desconcertante, el tuteo súbito es una estrategia retórica eficaz, ya que cambia la relación de poder entre el emisor y el destinatario del discurso. En español de Chile, tratar de tú puede significar que el hablante constituye al receptor en su par, o bien que lo sitúa en una posición inferior en términos de poder: una amiga tutea a su amiga, un viejo tutea a un joven, un latifundista tutea a su peón, una señora aristocrática tutea a su nana. Es por eso que el trato del Fiscal a Nabila durante el juicio resultó tan chocante: aun cuando no fuera su intención denostarla, lo hacía, ya que claramente su relación no era paritaria. Lo más probable es que su deformación cultural –o formación patriarcal- no permitiera a este hombre tener conciencia de tal sutileza. El tuteo de Paulina de Allende-Salazar a Ortega no es diferente, ya que el hecho de estar preso ubica a su entrevistado en una posición inferior. Él mismo se encarga de exhibir su mejor cara de inocente paloma impotente, mezclada con la de niño buenito que mandaron al rincón y no entiende el porqué del castigo.

En otros casos, además de inducir la respuesta, el discurso propicia la victimización del condenado y sus reacciones melodramáticas. Por ejemplo, es esperable que preguntas como “¿a estas alturas, con una condena de 18 años, tú esperas que Nabila venga a decir que eres inocente…?” desencadenen en el victimizado una reacción propia de teleserie; es decir, lágrimas en abundancia y un racimo de elementos discursivos que son claves en el género del melodrama: tiene la esperanza de que Nabila se arrepienta y diga la verdad; “cada noche pienso en eso”; “yo sé que ella me quería, como yo la quiero a ella”. Y la pregunta “¿qué vas a hacer?” da lugar a que el pobre prisionero pisoteado remate diciendo: “luchar por mis hijosportarme bien, como me dice el más chico (…) –Papá, tienes que salir, acuérdate que tú me dijiste que me ibas a enseñar a manejar…” (que, dado el contexto, es como enseñarle a ser hombre grande, lo cual nadie sino el padre puede hacer, cómo dudarlo). Aquí, nuevamente como en la mejor teleserie, olvida que en su mundo “los hombres no lloran” y estalla en llanto, acompañado por una música suave y melodiosa.

Da la impresión de que los realizadores hubiesen armado un escenario para que Mauricio Ortega recitara su libreto lacrimoso, en el que reconocer agresiones físicas directas habría sido un exceso, por lo que su parlamento incluye enfáticos “a ella, jamás” y “golpes, nunca”. Cuando la entrevistadora hace referencia al testimonio de Nabila, él manifiesta, húmedos los ojos, “no le tengo rabia, aún la quiero, la quiero mucho; me duele lo que le hicieron”. Sin embargo, sin transición, la humedad ocular desaparece para asegurar que no hubo ninguna prueba y acusar a la Fiscalía de negarse a investigar, e incluso de presionar a la propia Nabila para que lo acusara. “No investigaron todas las aristas”, agrega, haciendo gala de un lenguaje propio de un presentador de noticias de crónica roja.

Para futuros guiones, TVN haría bien en actualizar su concepto de violencia machista. Debería enterarse, entre otras cosas, de que:

1. Nada justifica una acción violenta; ni los celos, ni la furia, ni la supuesta preocupación por los hijos: nada. Menos el amor: quien ama no mata, no humilla ni maltrata.

2. Aun cuando no se golpee directamente a una mujer en el cuerpo, gritos, garabatos, golpes en los muebles o hachas en la puerta sí constituyen violencia;

3. Un medio de prensa que admite y difunde justificaciones a conductas violentas, las avala y las naturaliza; es decir, se hace cómplice.

4. Naturalizar la violencia hacia las mujeres también es violencia; no hacia una mujer solamente, sino hacia todas nosotras. Y eso es exactamente lo que hace TVN al orquestar, o al menos permitir, este Informe Especial que no informa ni sorprende, ya que es sesgado, tendencioso y manipulador.

Uno de los expertos consultados asegura que en Chile se usan técnicas de peritaje obsoletas, lo cual me parece muy verosímil. Tampoco niego la existencia de funcionarios inoperantes en las reparticiones públicas; muy por el contrario, mi experiencia me indica que abundan. Sin embargo, para asegurar o comprobar tal cosa no hace falta manipular, ni ser rimbombante, ni morboso. Para investigar errores tan graves como los que aquí se plantean se requiere seriedad, rigor, acuciosidad; no melodrama ni farándula. Sin duda, el sistema de justicia deja mucho que desear; incluso, decirlo así es un eufemismo (es más, las feministas lo venimos denunciando desde hace tiempo). Sin embargo, si TVN pretende encender su “luz de alerta” con el foco en un caso de violencia hacia una mujer, le recomiendo que no lo haga precisamente violentando a las mujeres: la lógica llama a eso una contradicción en los términos.

Finalmente, a modo de ¡chan-chan!, Paulina de Allende-Salazar sostiene que “en este momento hay decenas de víctimas como Nabila e imputados como Mauricio Ortega esperando que se haga justicia”, lo cual equivale a reafirmar que, efectivamente, este hombre no debería estar preso.

En primer lugar, aun cuando sea una afirmación tácita, es irresponsable. En segundo, muestra gran desinformación. No son decenas; sino cientos, tal vez incluso miles, las mujeres víctimas de violencia machista que aún no logran justicia. Y en cuanto a los imputados y condenados, cabe aclarar que por cada agresor que se encuentra en la situación de Ortega, son también cientos y miles los que andan bailando cueca, probablemente zapateando sobre el cuerpo o la psique de otras mujeres, festejando su libertad e independencia, en este mal llamado mes de la independencia.


Escritora y traductora