La polémica por el veto de Beatriz Sánchez y Sergio Melnick incluyó un nuevo actor en el debate: El ex candidato presidencial del Juntos Podemos Más, Jorge Arrate.

En una carta escrita a El Mercurio, el ex ministro de Educación señaló que “no resulta extraño que desde los sectores de derecha agrupados en las candidaturas de Piñera y Kast se haya intentado desfigurar y condenar la postura de la candidata del Frente Amplio. Su actitud no llama la atención“.

“Se trata de un contingente donde abundan los cómplices pasivos de la dictadura. Y donde también militan cómplices activos, como lo fue un ministro de toda confianza del dictador y -¡qué duda cabe a estas alturas!- algunos encubridores y autores”, disparó.

Para Arrate, “lo sorprendente es la reacción que proviene desde segmentos políticos que no formaron parte del conglomerado de cómplices, encubridores y autores que apoyaron y se cobijaron en el régimen pinochetista” y critica particularmente al analista Sergio Muñoz.

El ex presidenciable acusa que el columnista “en estilo sibilino, encadena una serie de afirmaciones propias, en la forma de preguntas, para presentar una suerte de faceta liberticida de Beatriz Sánchez. Él está consciente de su propia manipulación y se siente obligado a decir: “Quizás Beatriz Sánchez no tuvo la intención de ir tan lejos. Quizás no tiene malas intenciones”. Una penosa forma de cubrirse las espaldas”.

Arrate defiende decididamente la determinación de la candidata presidencial del Frente Amplio y subrayó que “ella ha planteado una nueva mirada para el diálogo político durante una campaña presidencial: no legitimará a dirigentes de la dictadura como personajes admisibles en el debate democrático. Está en su derecho. No coarta la libertad de nadie, no amordaza a nadie, no pretende acallar a nadie“.

“Se trata de una decisión personal en cuanto candidata: quiere hacer un gesto que indique a la ciudadanía que no desea ser parte de entendimientos opacos o de gestos ocultos con el mundo de aquellos que tienen responsabilidad directa o responsabilidad política en los actos repudiables que ejecutó la dictadura“, precisó.

Para el ex ministro de Educación, “en el siglo XXI, nuevas generaciones políticas no aceptan el silencio ni el secreto infundado, la negativa a transparentar la verdad, la aceptación como individuos dignos de aquellos que no lo fueron y que merecen una condena política y, en muchos casos, judicial”.

“Sánchez, guste o no a sus adversarios, propone otro sello, otra forma de enfrentar la verdad, otro ciclo de vida democrática, más auténtica, participativa y digna“, concluyó.