José Marimán y José Aylwin se vuelven a entramar para un libro valioso: “Proceso Constituyente en Chile: Análisis crítico desde la perspectiva de los derechos humanos y de la plurinacionalidad”. Ambos letrados, con experiencia de los procesos constituyentes en América y el mundo, y sanamente escépticos de procesos en curso, nos hacen dos advertencias:

1. José Aylwin recuerda que el movimiento contra las bases de la Constitución de 1980 tiene ya 30 años y que es muy poco probable que prosperen reformar mayores sin Asamblea Constituyente, lo que fue perdiendo terreno tras el proceso legal participativo que ratificó ideas de avanzadas en quienes fueron a cabildos y se autoconvocaron, pero tiene baja plausabilidad de transformación profunda por la vía de un Congreso que tendrá nuevos componentes (Frente Amplio, regionalistas verdes, progresistas) pero seguirá dominado por la derecha y la ex Concertación con muchos actores refractarios y con intereses de veto (como se apreció en los esfuerzo por una descentralización sustantiva). Aylwin, de hecho, valora el apoyo a AC de Beatriz Sánchez y describe la ambigüedad lingüística de Guillier y Carolina Goic con este punto esencial.

2. José Marimán al observar las actas de la sistematización nacional del proceso participativo constituyente indígena, advierte que el “supuesto avance” en que se hable de plurinacionalidad y autonomía, puede convertirse en una trampa si los propios actores indígenas, especialmente los mapuche, no pasan a fórmulas concretas como la que él mismo logró consensuar en la Comisión para la Descentralización el 2014: Región Wallmapu autónoma con derechos explícitos y representación del 40% asegurada  del parlamento plurinacional de la región.  Marimán acierta en cuestionar declaraciones de autonomía o autogobierno rimbombantes que se quedan en lo que él llama “quimérico” al no aterrizar en el terrenal. La idea de “tener igualdad ante la ley” y muchas otras. De hecho, el académico y activista repasa en sus textos esta retórica constitucional en América Latina y su fatualidad para empoderar a las naciones indígenas en territorios, con excepciones como los Kuna en Panamá y Miskitos en Nicaragua. Hay un clamor por ir a la fórmula de empoderamiento concreto en la nueva Constitución o el futuro puede volverse una nueva madeja para posponer y manipular.

Sano escepticismo de los autores que llaman a acrecentar el bloque transformador que haga posible un nuevo juego estructural, eso que llaman Constitución.

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