Los medios han hecho eco de las declaraciones de la senadora Carolina Goic que, en el marco de las propuestas de su candidatura, ha manifestado la intención de entregar Viagra, o algún fármaco de similar efecto, en forma gratuita en los consultorios para quienes sufren de disfunción sexual, al tiempo que reviviría las Jornadas de Conversación sobre Afectividad y Sexualidad conocidas como JOCAS, implementadas entre los años 1994 al 2000 para hacer frente al aumento de infecciones de transmisión sexual y de las notificaciones por VIH y Sida en población joven.

La propuesta no es novedosa en absoluto. En julio de 2016, cuando se discutía el proyecto de ley de despenalización del aborto en tres causales, la senadora y presidenta de la Comisión de Salud del Senado expresó que había agendado reuniones con las ministras de Educación y de Salud, además del Director del Instituto Nacional de la Juventud para reeditar las JOCAS que, si bien habían sido un escándalo para muchos y debieron suspenderse, habían sido una oportunidad única en la que las/os estudiantes habían realizado preguntas libres a profesionales de la salud y educación.

Frente a los comicios de alcaldes y concejales de ese año, la Comisión de Salud de la Democracia Cristiana estaba trabajando una serie de propuestas en materia de salud pública y educación sexual, que servirían de insumos para sus candidatos. Se promovía entre sus partidarios la creación de una “unidad de atención a adolescentes” en los consultorios para abordar la temática de los embarazos en adolescentes. De hecho, algunos municipios ya lo estaban implementando.

Una columna de opinión publicada en este medio se hacía cargo de estas declaraciones. (Ver: La Desorientación en Política de Educación en Sexualidad: De nuevo las JOCAS)

Un año después, no tenemos información de los resultados de las reuniones con las ministras de Educación y de Salud (en caso que se hubiesen realizado), ni del supuesto trámite de un Proyecto Marco de Protección y Prevención del Embarazo en Adolescentes. Por lo tanto, el análisis de las declaraciones de la candidata presidencial debe ser auscultado a la luz de estos antecedentes.

La incorporación de la temática de la educación sexual en su programa de gobierno es un elemento que debe ser valorado, dado que permite su discusión. No es algo emergente en el espacio público-medial, sino que responde a cifras negativas respecto de la edad de inicio de las relaciones sexuales, de embarazos en adolescentes o de nuevas infecciones por VIH. Ser proactivo en este tema es algo escaso y es un punto a favor de la propuesta de la senadora Goic.

Pero la declaración de revivir las JOCAS no se condice con lo que establece en el capítulo “Educación y Salud Sexual” que la candidata ha dispuesto en su página oficial.

En ella se establecen tres cosas que consideramos importantes:

  1. Implementar la obligatoriedad de los programas de educación sexual tal como lo establece la Ley Nº 20.418, a través de unidades especializadas en los ministerios en cuestión.
  2. Promover que las carreras profesionales y técnicas en salud y educación contemplen en sus mallas curriculares de forma obligatoria una asignatura de sexualidad y educación sexual.
  3. Reconocer al placer como eje fundamental dentro de las políticas de salud, visibilizado la problemática de las disfunciones sexuales.

Si bien son propuestas necesarias de implementar, no son suficientes. El ministerio de Educación actual entiende que la asignatura de Ciencias Naturales comprende el Programa de Educación en Sexualidad al que hace referencia la ley mencionada.

La visión de la sexualidad del programa de Carolina Goic recurre a “la pareja”, cuando lo que debería promoverse es el concepto de “autonomía” si queremos de verdad asegurar una sexualidad plena y placentera. Un programa de gobierno debe asegurar un piso común de conocimientos, saberes y herramientas en materia de educación y salud sexual para todas y todos los chilenos, más allá de las creencias y valores ideológicos.

Debemos avanzar en un marco legal que asegure una educación en sexualidad con un mínimo de contenidos acordados. Eso se llama Ley de Educación Sexual Integral y hay que moverse en esa dirección. El momento es ahora para que las y los futuros parlamentarios se comprometan en trabajar para tener una ley que aborde la sexualidad acorde con las nuevas evidencias.

Creemos que la oportunidad se ha presentado, que las y los candidatos a gobernarnos en los próximos años deben tener planteamientos sobre esta materia, además de aquellas que involucren la salud sexual y reproductiva de niñas, niños y adolescentes, jóvenes y adultos. Veremos si están esas propuestas en sus programas.