Durante el último período, los medios de comunicación informaron el envío de un Proyecto de Ley, por parte de la Presidenta de la República, el cual contempla la prohibición paulatina de bolsas plásticas en los supermercados y tiendas de abastecimiento de las ciudades costeras de Chile. Esta noticia fue anunciada por la mandataria frente a la audiencia de la Asamblea General de las Naciones Unidas (ONU).

El acontecimiento, que espera contribuir a la cultura de conservación de la biodiversidad marina, ha tenido diferentes reacciones por parte de la ciudadanía y algunos investigadores. Por un lado, están quienes han planteado que la medida es un gran paso para dar el vuelco cultural en torno al cuidado por el medio ambiente, y por otro, existen quienes piensan que no basta con prohibir las bolsas solo en ciertas ciudades de Chile, sino que esto se debe realizar a nivel general, en todas las ciudades del país. La Presidenta de la República, por su parte, declaró que la medida fortalecerá el cuidado de los océanos, porque como autoridad, ella y su gobierno están preocupados por la acidificación de estos ecosistemas tan relevantes para el país y el mundo.

¿Pero cómo una medida de esta naturaleza podría, eventualmente, proteger o aletargar el proceso de inminente cambio climático que vivimos actualmente? ¿Qué alcance llegaría a generarse, potencialmente, si los supermercados de algunas regiones ya no mantuvieran las toneladas de bolsas plásticas que ocupan mensualmente y cuyo destino es, muchas veces, el fondo del Océano Pacífico? ¿Es solo un cambio estructural el que necesita nuestro país, o requerimos de un cambio a nivel sociocultural, el cual se vincule con una mayor y real conciencia ecológica? ¿Está Chile preparado para una revolución ecológica que nos beneficie a todos, incluyendo a la biodiversidad que encontramos a lo largo de nuestro territorio?

Para aclarar la situación y contribuir al debate, conversamos con Paulina Aguayo, quien es doctora en Ciencias Ambientales con mención en Sistemas Acuáticos Continentales de la Universidad de Concepción, quien actualmente se desempeña como investigadora postdoctorante del Instituto Milenio de Oceanografía (IMO).

– Actualmente, millones de toneladas de plástico son lanzadas al mar, ya sea inconscientemente o por consecuencia del tratamiento de residuos. Esto da paso a impresionantes y nada de positivas proyecciones, entre ellas, la que estima que para el 2050 habrá más plástico que cantidad de peces en el mar ¿Cuál es a tu juicio el escenario que vive nuestro país en este aspecto?
– Por medio de ríos y playas, diferentes tipos de residuos plásticos, entre ellos botellas, cajas, envoltorios y bolsas plásticas, recorren un largo camino hacia el interior de los océanos. Esto es preocupante, ya que este tipo de basura provoca diversos efectos en las especies marinas, lo que sumado a la acción del tiempo, el sol y agua salada, hace que estos desechos se desintegren de tal modo que, a pesar de que pensemos que van a desaparecer, estos reaparecen convertidos en un nuevo tipo de sedimento, el cual en vez de estar en el fondo, flota.

Chile está atrasado a nivel de leyes ambientales a nivel mundial, por lo que si no se toman medidas de prevención y disminución de este tipo de basura, la posibilidad de que para el 2050 nuestros océanos tengan más plástico que peces está a la vuelta de la esquina. Es fundamental medidas de prevención del ingreso de este tipo de basura al mar, ya que cuando ingresan los plásticos y se alejan de la zona costera, es imposible recogerlos.

– Desde tu perspectiva y conocimiento como investigadora de la comunidades microbianas presentes en nuestro océano Pacífico, ¿cómo consideras que podría ayudar al ecosistema marino la medida de prohibir bolsas de plásticas en las ciudades costeras de nuestro país, recientemente anunciada por la Presidente Michelle Bachelet?
– Esta iniciativa que quiere impulsar la mandataria chilena se debe a que al año llegan al océano Pacífico, aproximadamente 8 millones de toneladas de plástico, las cuales permanecen allí por cientos de años, generando impactos negativos al ecosistema marino. Desde este punto de vista, me parece una buena medida para disminuir el uso de bolsas plásticas y la entrada de estas al océano. Sin embargo, esta ley debería ser para todo el país y no sólo para las regiones costeras. No obstante, esto es un avance hacia la protección de nuestros océanos y de los recursos marinos. Esta nueva medida podría contribuir a reducir la cantidad de plástico que ingresa al mar, evitando que este afecte a los organismos marinos.

Los plásticos y los materiales sintéticos son los dos tipos de basura más comunes que existen en los océanos, y son responsables de la mayor parte de los problemas que sufren los animales y aves marinas que se enredan o ingieren restos plásticos. A su vez, en la zona costera es frecuente encontrar contaminación por bolsas de basura.

– ¿Cómo esta medida podría intervenir en las comunidades microbianas del océano Pacífico? ¿Existiría una relación entre la disminución del plástico y el comportamiento de los microorganismos?
– Los desechos plásticos marinos se han convertido en una preocupación importante en los ecosistemas oceánicos de todo el mundo. Sin embargo, se sabe poco sobre su influencia en la estructura y función de la comunidad microbiana. Los desechos plásticos podrían forman un hábitat para asociaciones microbianas complejas que tienen vías metabólicas y actividades biogeoquímicas distintas de las comunidades microbianas planctónicas de vida libre. De este modo, los microplásticos pueden crean un hábitat para comunidades metabólicamente activas, pudiendo albergar un núcleo predecible de grupos microbianos que son funcionalmente distintos de la comunidad circundante de picoplancton en la columna de agua. Esto podría excluir a grupos de eucariotas multicelulares.

Alternativamente, los enfoques que diferencian los microbios que crecen directamente sobre las superficies de plástico de los co-asociados con los organismos eucariotas colonizadores, ayudarían a aclarar las interacciones bióticas intracomunitarias que ocurren en los microplásticos. Para ello, se deben realizar estudios en donde se pueda comparar y caracterizar a los microbios presentes en el plástico, con aquellos de las superficies naturales del océano abierto, tales como madera y algas flotantes, plancton, peces migratorios y otras especies silvestres. Esto sería útil para determinar cómo los desechos plásticos pueden impactar de manera única en la composición, procesos y la dispersión de organismos en los océanos abiertos.

– ¿Consideras que el proyecto de ley debiese haber sido general?
– Me parece que es un avance que en Chile comience a surgir una preocupación por el medio ambiente y por el océano. Chile es un país que está bastante atrasado en temas de normativa y legislación ambiental. En mi opinión, esta ley debería ser general y considerarse la prohibición o disminución del uso de bolsas plásticas en todo Chile. Los plásticos están también presentes en las playas, desde las regiones más pobladas hasta las costas de islas remotas y deshabitadas.

– ¿Crees que este proyecto de ley se aprobará? Y de no aprobarse ¿cuáles crees que serán los escenarios futuros en la materia?
– Yo espero que se apruebe, y de no aprobarse, el gobierno tendrá que pensar en hacer algo al respecto, ya que una persona promedio produce 1,08 kilos de basura al día, y alrededor del 11% de esta contiene plástico. La entrada de residuos plásticos generados en Chile, anualmente, son entre 10 mil y 25 mil toneladas, mal manejadas por cierto. Esta basura llega desde la acuicultura, los usuarios de las playas y desde el interior (ciudades), y es transportada al mar a través de los ríos.

Entonces, si esta basura es más pesada que el agua, el material se hunde, sino, el viento lo regresa a la costa. Pero cuando no es así, el plástico se aleja, y a unos mil a tres mil kilómetros de la costa entra en un vórtice donde se juntan las corrientes del planeta y que, en el Hemisferio Sur, rodea Isla de Pascua. Este remolino es uno de los cinco puntos del mundo donde se reúne la basura arrojada al mar. El plástico es el material más problemático, pues tarda en degradarse y, a medida que lo hace se vuelve más pequeño, convirtiéndose en comida para especies marinas. No sólo llena sus estómagos de material que no pueden digerir y que además es tóxico, sino que por la cadena trófica, puede llegar al humano.

Original en Héureka