En cada campaña presidencial vuelven a la palestra muchos de los desafíos que tenemos como país. Como en otras oportunidades, los temas del libro y de la lectura, como los de la cultura, no aparecen en general en los debates de los candidatos, ni en las noticias de campaña que se repiten día a día. Es verdad también que en esos temas no se juegan nuestras elecciones. Pero, ¿es posible pensar y debatir con profundidad en torno al futuro del país sin poner sobre las mesa los desafíos en materia cultural que tiene la sociedad chilena?

Como lo señaláramos en una carta enviada a los candidatos a la presidencia, desde la Asociación de Editores de Chile: cuando asistimos a la pérdida de sentidos de comunidad y confianza en nuestra sociedad, a una fuerte crisis del sistema educacional en sus diferentes niveles, a la imposibilidad de salir de un modelo económico que se sustenta en exportaciones primarias dejándonos en una situación de frágil dependencia en el contexto de la globalización, se hace urgente hacer frente a temas más de fondo, de carácter cultural, que son los que potencian la construcción de sujetos y comunidades con mayores capacidades creativas y reflexivas, con disposición para compartir y construir conjuntamente, con sensibilidad para ponerse en la piel del otro. En ello la cultura y el libro juegan un rol clave.

Como país, es fundamental activar, promover y fortalecer la cadena de la creación y producción intelectual propia; es fundamental democratizar el libro, en sus prácticas lectoras, en sus posibilidades creativas, de potenciación intelectual y estímulo de la reflexión propia. Para pensar Chile, para ser una sociedad desarrollada, con una educación de calidad, es imprescindible terminar con los bajos niveles de comprensión lectora. Para tener otro papel como país en un mundo interconectado, es fundamental fortalecer la producción intelectual en los más diversos ámbitos, democratizando los procesos cognoscitivos en el seno de la sociedad toda. Sin ello, más que sujetos activos -como individuos y sociedad- nos limitamos a ser consumidores en el marco de la globalización, receptores y simples reproductores de la producción intelectual de los países del norte. Fortaleciendo nuestra densidad cultural, educacional y el desarrollo de nuestras expresiones culturales, podemos acoger y resignificar desde nuestra propia realidad el constante intercambio con el resto del mundo, podemos abrir las puertas para hablar realmente de una relación recíproca y no de dependencia.

Hoy, cuando se está implementando de manera participativa la Política Nacional de la Lectura y del Libro, bajo la conducción del Consejo de la Cultura y la participación de diversas instituciones públicas junto a numerosas organizaciones del mundo del libro, es fundamental lograr el compromiso de los candidatos y de sus programas de gobierno con políticas públicas en cultura de mediano y largo plazo que potencien la democratización del libro en nuestra sociedad, que releven y fomenten la creación y producción cultural local, independizándonos del colonialismo cultural dominante. Políticas culturales que se comprometan con una sociedad de sujetos pensantes, críticos, creativos. La calidad de la democracia que construyamos está en directa relación con la consistencia cultural que logremos desarrollar.

Comprometerse con fortalecer la implementación participativa de la Política Nacional de la Lectura y del Libro, asegurando su continuidad como una política de Estado; con establecer un IVA diferenciado para el libro en torno al 6%, que permita hacer explícita ante toda la sociedad la alta valorización que se le asigna al libro y a la lectura en el desarrollo de la ciudadanía y del país; con diseñar e implementar de manera participativa una política que permita proteger y fortalecer la diversidad de las Expresiones Culturales de nuestro país, contribuye a expresar la voluntad manifiesta de un cambio significativo en las condiciones de participación en la vida cultural e intelectual de nuestra sociedad, potenciando una sociedad de creadores, ciudadanos pensantes y críticos, para lo cual la democratización del libro y de la producción intelectual propia son condiciones necesarias.


Pablo Slachevsky

Director y cofundador de Lom Ediciones.