Terminada la penúltima fecha de las eliminatorias, todos los chilenos pasaron a mezclar la certeza y la fe de que al menos el empate se puede cosechar en São Paulo, aún cuando el adversario es la peor pesadilla de la Roja en los últimos tiempos. La posibilidad real de eso suceda pasa por la performance de Chile, pero también hay que entender cuán peligroso es este Brasil, y la respuesta a esto se resume a cuatro letras: Tite.

Fuera este partido hace 15 meses atrás, o mejor dicho, contra aquel Brasil de hace 15 meses atrás, el optimismo de este lado de la cordillera sería enorme, y justificado. El equipo de Dunga, pese a tener Neymar y a otros cracks en el plantel, era mediocre. Por lo mismo, fue despedido cuando ocupaba un merecido sexto puesto de la tabla que dejaba a la Verdeamarela fuera del Mundial, incluso del repechaje.

Al mes siguiente llegó Tite y todo cambió. El país ganó en Río 2016, ante su gente, la primera medalla dorada en el fútbol de su historia -aunque el entrenador de aquel equipo fue el asesor Rogério Micale- y se adueñó de la punta de la tabla tras nueve victorias en serie.

El milagro de Tite no es poca cosa, sacó a Brasil de una posible eliminación y lo llevó a clasificarse con una de las mejores campañas de las eliminatorias. Más que eso, recuperó la magia del fútbol brasileño. En los últimos diez años, el Scratch vivió de entrenadores defensivos jugando al contragolpe, pero Tite resucitó el “juego bonito”, balón de pie en pie y jugadas elaboradas para se llegar al arco contrario.

En una conferencia, en la víspera del partido contra Bolivia, por la reciente penúltima fecha, Tite dijo que aunque la campaña realizada hasta ahora le agrada, pero que todavía falta mejorar aún más el juego para sentirse plenamente satisfecho. Una frase que dijo en esa entrevista explica bien lo que es la filosofía del entrenador: “no sirve vencer a cualquier costo, hay que vencer a costo de ser el mejor”.

Aceptar el puesto de entrenador del seleccionado tuvo para Tite ese sentido, el de llevar a Brasil nuevamente a ser el mejor del mundo y hacer olvidar las recientes humillaciones, especialmente el 7-1 a Alemania en 2014. Por lo mismo, Brasil llegará con ganas de vencer a Chile en la última fecha, justamente el único equipo que ha podido ganarle en estas clasificatorias, en la primera fecha, cuando estaba Dunga de entrenador.

Además del trabajo futbolístico, Tite ha tenido también que blindar a su equipo de los sucesivos escándalos en el fútbol brasileño. La CBF (Confederación Brasileña de Fútbol) está hace años sin un liderazgo legítimo: el ex presidente José Maria Marín está detenido en Florida por corrupción y lavado de dinero, y el actual, Marco Polo del Nero, está acusado de los mismos crímenes y no puede dejar el país porque tiene orden de arresto fuera de Brasil. Pero hasta ahora, el entrenador ha logrado mantener a sus jugadores en una burbuja, lejos de los problemas institucionales que el fútbol brasileño sigue padeciendo.

Quién es Tite y cómo formó su equipo

Para explicar que Tite no hizo magia sino que solo un (muy) buen trabajo hay que contar su historia. Nacido en Rio Grande do Sul, Adenor Leonardo Bachi (su nombre real) fue un lateral sin muchas luces en los años ’80 y ’90, que tuvo que terminar su carrera a los 28, debido a las muchas lesiones en la rodilla izquierda -la que hasta hoy le trae dolores, según dijo en reciente entrevista-.

Como entrenador tuvo algún destaque en el sur de Brasil, ganando títulos con los dos grandes clubes de Porto Alegre: el Grêmio y el Internacional (el que se especula que es el equipo de sus amores). Sin embargo, fue en el Corinthians donde alcanzó sus glorias más importantes: ganó dos veces el Brasileirão (2011 y 2015), además de la histórica Copa Libertadores de 2012, la que el Timão conquistó de forma invicta -la invencibilidad más grande de la historia del torneo-, eliminando al Santos de Neymar en semifinales y al Boca Juniors de Riquelme en la final. En el mismo año, el Corinthians de Tite superó al Chelsea y se consagró campeón del mundo. Aquella fue la última vez que un equipo sudamericano pudo derrotar a un europeo en un gran torneo internacional.

En junio de 2016, Tite dejó el Timão para asumir el seleccionado verdeamarillo, pero trasladó parte del suceso en el club paulista para su nuevo trabajo. La línea media del equipo está formada por Paulinho y Renato Augusto, haciendo el mismo trabajo que hicieron entre 2012 y 2015. Entre sus jugadores más convocados están otros tres ex corinthianos: el volante William y los defensas Gil y Marquinhos -este último titular del equipo- además de otros tres que todavía militan en Corinthians: el arquero Cássio, el lateral Fágner y el volante Rodriguinho, todos titulares del actual puntero del Brasileirão.

El once titular de Brasil para 2018 ya está definido, y es un equipazo: Alisson; Dani Alves, Marquinhos, João Miranda y Marcelo; Casemiro, Paulinho, Renato Augusto y Philipe Coutinho; Neymar y Gabriel Jesus. De esos, solo el lastimado Marcelo y el arquero Alisson no enfrentan a la Roja – en sus lugares juegan Alex Sandro, lateral de la Juventus, y el guardametas Ederson, el mismo que disputa con Claudio Bravo el puesto de titular en el Manchester City.

Los peligros para el equipo de Pizzi son… todos. Si el equipo de Dunga era dependiente de la genialidad de Neymar, con Tite el Scratch pasó a tener una dinámica donde los diez jugadores pueden sumar al trabajo ofensivo, con el crack del PSG como director de la orchesta. Chile tendrá que cuidarse sobre todo con las jugadas por los lados, una especialidad brasileña que el actual entrenador recuperó al máximo, además del juego aéreo (Paulinho y João Miranda son muy efectivos) y los tiros de fuera del área (con Neymar, Dani Alves o Renato Augusto).

Quien vió el 0-0 contra Bolivia en la fecha pasada sabrá que el resultado no refleja el hambre de gol de este Brasil, que fue ahogado por una más que brillante actuación de Carlos Lampe -el arquero de Huachipato se lució al igual que en Santiago el año pasado-. El Brasil de Tite busca protagonismo, y por lo mismo, toma riesgos. Algo que el equipo altiplánico no supo aprovechar el La Paz, pero que Chile puede buscar con mejores condiciones, especialmente por los lados -los laterales del Scratch avanzan y dejan espacios, por ejemplo-.

Para encajar los contragolpes que pueden sellar la clasificación chilena, hay que superar al pitbull Casemiro, el guardián de la media cancha, cuya función es interrumpir las embestidas de los rivales cuando la defensa está desprotegida -y no siempre con cariño-. La forma de llegar al arco de Ederson es con jugadas verticales y mucha velocidad. Un Alexis en buena forma puede hacerlo, incluso agregando la individualidad, la especialidad de la casa y mejor arma para romper líneas, pero necesitará que el equipo favorezca y apoye esa estrategia. Veremos el martes si será posible.