No sé si en ese momento quería quedar embarazada. Sí quería quedar embarazada en algún momento de mi vida, pero no sé si exactamente en ese momento. Sólo quería seguir viajando. Había estado 5 años en Barcelona, y buscaba alguna excusa para volver a vivir fuera de Chile. No me gustaba vivir en Chile. Ahora tampoco tengo muy claro que me guste demasiado. Postulé a algunas residencias de escritores. El año 2012 fui seleccionada para asistir durante dos meses a una en Italia, al lado de Génova, en un pequeño pueblo de Italia, Bogliasco. Durante la residencia debía terminar de revisar una novela que estaba escribiendo, “El cuaderno de la Gran Vía”, y por la cual me habían seleccionado. La novela era inédita y trataba de de una mujer que vive en Barcelona, en la Gran Vía, y que está atenta día y noche a una familia que vive en el piso de arriba porque tienen una guagua. La mujer se siente tremendamente sola y quiere de alguna u otra forma apropiarse de esa guagua y llevársela a Chile, su país de origen, hacerla su hija, y terminar de criarla. Con las semanas la mujer comienza a cuidar a la niña algunos días, se encariña con ella, logra robársela. Gran parte de la historia sucedía en el avión, en el camino de regreso a Chile, mirando por la ventana y conversando de la geografía.

Si bien no me considero una persona conservadora, sí me llamó la atención que el jurado que seleccionaba a los escritores, académicos, artistas, músicos para asistir a esa residencia, seleccionara una novela con esa temática de que una mujer latinoamericana se robaba una guagua europea y cruzaba el charco con ella hasta llegar a su país. Me pareció fuerte, me pareció un riesgo y como la solicitud había que enviarla en inglés, me cuestioné si realmente el jurado había entendido mi inglés y la temática del libro.

Pero esa novela nunca terminó de escribirse, ni tampoco se publicó.

Cuando iba de camino a residencia en Bogliasco tomé un tren equivocado, tuve que bajarme para tomar el camino de retorno y se me mojó el computador por las lluvias. Perdí todo lo que había escrito en esos meses. En vez de lamentarme, creo que no fue nada de terrible, lo acepté en un par de minutos, la novela no me gustaba nada y que una fuerza externa determinara que no, que no debía escribirse ni publicarse eso de la mujer que roba guaguas, me alivió.

Al llegar a la residencia no me quedó otra que comenzar a escribir otro libro, y ese libro tenía que idearlo en una noche. Al día siguiente tenía reunión con la coordinadora y debía decirle qué haría exactamente en esos 42 días.

El tema del embarazo apareció con fuerza en un par de horas. Osea, tampoco sé cómo fue exactamente, pero al día siguiente de que se me había mojado el computador y había perdido “El Cuaderno de la Gran Vía”, ya estaba escribiendo una novela acerca del deseo obsesivo y delirante de estar embarazada. Sí recuerdo que esa noche temí que me echaran de la residencia si es que no encontraba un tema que pudiese abordar en los 42 días que estaría ahí. Habían financiado mi viaje y mi estadía y debía responder con la escritura total de una novela.

Bajé al primer piso y hablé con la coordinadora de la residencia. Le expliqué a grandes rasgos que mi computador había colapsado y que debía escribir por completo lo que les había prometido que haría y que obviamente cumpliría con la entrega de mi novela.

En términos de escritura no es fácil idear una novela en una noche. Un cuento sí, puedes idear muchos cuentos en una noche, pero una novela se demora en tomar cuerpo en tu cabeza. A veces meses, a veces años. Los temas de las novelas, a diferencia de los temas de los cuentos, no suelen ser circunstanciales, son más bien los grandes temas que nos persiguen. Y hacerte consciente de esos temas, y además llevarlos al papel, a veces toma mucho tiempo.

No sé muy bien cómo resolví encontrar un tema de escritura para una novela en tan solo una noche. Creo que el tema sí me rondaba y con fuerza. Iba a cumplir 33 años y si había escrito una novela a medias de que el personaje quería robarse una guagua, de seguro quería tener una guagua yo misma.

Creo que las circunstancias de la residencia me daban además la estructura que le podía aplicar al libro. Estaría 42 días ahí. Debía hacer calzar esos 42 días con 42 días en que una mujer intenta quedar embarazada de cualquiera que había asistido al mismo lugar.

Empecé a escribir sobre ese esquema. Una mujer está 42 días en una residencia de artistas y trata de quedar embarazada de cualquiera.

La única salida, en términos de escritura, era escribir un diario de esos días que estaría allá. No había posibilidades de escribir otro tipo de novela en 42 días, un diario o un registro diario de experiencias era lo único que se me había llevadero, alcanzable.

Comencé a observar a todos los hombres de esa residencia. A hacerlos personajes, material de escritura. Mi personaje principal comenzó a llamarse Ana. Primero se llamó A, pero luego, por algunas recomendaciones, decidí ponerle un nombre, ya estaba harta de ponerle iniciales a mis personajes. Siempre lo hacía por mi propio miedo a no encontrar el nombre adecuado.

Terminé el diario de Ana en 42 días. Escribía todo el día y hasta las 4 de la mañana. Todos los días me levantaba a las 9. No alcanzaba a desayunar con los demás, que desayunaban a las 7.30, con buffet de frutas, sándwiches y postres ricos, según me contaban. Nunca, en esos 42 días, llegué a un desayuno.

Empecé a mirar de forma extraña a todos los hombres que estaban allí. Los observaba demasiado, anotaba en mi cuaderno muchas cosas de las que hacían cuando los veía en los almuerzos o en las cenas. Cuando los veía en las escaleras, de lejos en el patio o caminando por los jardines.

Nunca se dieron cuenta. Incluso cuando me preguntaban de qué estaba escribiendo, les decía que prefería no decirlo, para que no interviniera en la escritura.

Terminó la residencia. Estaba enferma. Tenía una amigdalitis que no se me pasaba con nada. También me sentía muy débil y con mucho miedo. Dormí tan poco y hablé tan poco, por mi inglés hablado tan precario, que me llegué a enfermar. Volví muy mal a Barcelona, luego al par de meses a Chile. Seguía enferma. Luego tuve dos viajes a México muy seguidos. Justo era la celebración de día de muertos en México y andaba aterrorizada. A esos viajes iba muy enferma, una amiga escritora me dijo que parece que estaba muy mal, que parece que había enloquecido.

Entre esos viajes, regresé a Chile. Un médico amigo de mi padre me curó.

Pasaron los años. Guardé el diario que escribí en Bogliasco, pensaba que estaba perfecto, que no le faltaba nada. Lo tomaba cada tanto y lo revisaba, se lo presentaba a editores, a todos les parecía demasiado enloquecido. Demasiado delirante. Le faltaba algo. Le faltaba un equilibrio, un punto de fuga.

Acepté que sí le faltaba algo, también me comenzó a parecer demasiado intenso, agotador.

Comencé a reescribirlo. Escribí 500 páginas que luego borré. La misma Ana viajaba a Canadá y ya no quería quedar embarazada, sino que se había obsesionado con los osos canadienses y no salía de la residencia que estaba en Banff por temor a que un oso la matara. Buscaba en Google los manuales para huir de los osos, de los que hay varios y dicen cosas tan absurdas como que imites ser un oso y levantar los brazos y que el oso te tema a ti. O hacerte el muerto, así el oso no te matará.

Pero borré toda esa parte, me parecía absurda. Aunque me gustaba, pero para otra novela.

Después en otro momento aparecía Ana en Chiloé. Se había inscrito en otra residencia, pero en realidad se había inscrito para desintoxicarse del café. Estaba dos semanas en Castro en el MAM de Chiloé respirando aire puro y no tomando nada de café. Anotaba todo lo que hacía y lo momentos en que quería tomar café y no lo hacía. Anotaba también su transformación de un estado de cafeína, al estado de no-cafeína.

También borré el diario de Chiloé.

Volví a quedarme con las 80 páginas del principio. Los 42 días de la residencia en Italia.

Los guardé en un archivo. Lo seguía corrigiendo y le borraba y le borraba detalles.

A los 2 años conocí a Jorge, al año nos casamos, viajamos, fuimos a vivir juntos. Quedé embarazada. No me costó nada. Al mes que lo decidimos, al mes quedé.

Ahí comenzó la segunda etapa de la novela.

La misma Ana, 4 años después, ya embarazada y a punto de parir, relee el diario de Bogliasco, hace apuntes, revisa su escritura, anota lo que es estar realmente embarazada. Relee y escribe.

Así incluí esa segunda parte. Ana ya embarazada, a punto de parir, revisa lo que fue antes, lo que es ahora. La obsesión por el embarazo, luego el embarazo real.

Intercalé los dos diarios.

Le puse punto final.

Diario de quedar embarazada
Claudia Apablaza
Ediciones B
227 páginas
Precio de referencia: $12.000

Lanzamiento:

Jueves 19 de octubre
19:00 horas
Villavicencio 395, piso 2, Barrio Lastarria
Santiago de Chile

Facebook del evento: https://www.facebook.com/events/129719191014535/