Todo ha ocurrido en un año. Tomar la decisión de transitar de género, conocer a otra persona trans que ha vivido la misma situación, coquetear, enamorarse, dudar de experiencias inéditas, vivirlas, dar a luz a una hija tras un parto complejo. Es la historia de Daphne y Omar, quienes sin superar los 20 años están formando una de las pocas familias trans en Chile.

La casa  donde viven  Daphne Osorio (19) y Omar Ortiz (20), junto a los padres de él, está ubicada en El Totoral, una localidad rural de la Quinta Región a poca distancia de El Quisco. Él, Omar, nació en un cuerpo de mujer. Ella, en uno de hombre.

“Jamás pensé que me iba a gustar una trans femenina, ¡jamás de los jamases! Nunca se me pasó por la cabeza que un trans masculino podía estar con una trans femenina”, asegura Omar mientras amamanta a la bebé que selló el vínculo entre ambos, y que él mismo parió hace un mes.

Hoy le parece lejano aquel día, un año atrás, cuando entró a las dependencias de la Asociación Organizando Trans Diversidades (OTD), una de las principales ONGs para personas trans en Chile. Pues, a pesar de estar él mismo transitando, quedó impactado por la diversidad que observó. “Entrar a OTD puede ser revelador, destructor de prejuicios. Al igual como se da en grupos de otras diversidades, o de inmigrantes, es entrar a ser parte de algo más grande”, dice Constanza Valdés, asesora jurídica de la asociación.

Él avanzó entre saludos erráticos, dándole la mano a quien no debía y saludando de beso a quien esperaba un apretón de manos. “Metiendo la pata a todo ritmo”, recuerda entre risas.

Entonces vio a Daphne. Pelo corto, algo de barba, facciones finas y un caminar marcadamente femenino. Omar se equivocó de nuevo: “¡La vi y pensé que era trans masculino! Me decía a mí mismo: ‘Oh, yo quiero ser como él, es tan lindo’”.

Desde el otro lado, Daphne, mujer trans, se llevó una pésima impresión de Omar.

—Siempre tiene esa actitud de ser bueno pa’ la talla. Ahora lo disfruto mucho, pero en ese entonces recién lo estaba conociendo, como que se las dio de galán. Le decían el “Ken”, como el de las Barbies — explica Daphne.

—Oye, yo hacía reír, ¡pero no me creía nada! Es ella la que me veía como el matador, jajaja.

Comenzaron a intercambiar conversaciones por WhatsApp, conociéndose y mandándose fotos de sus respectivos tránsitos de género. Luego acordaron citas fuera de OTD y, de a poco, desaparecieron los prejuicios y malentendidos del  primer momento.

—Empezaron a ser muy lindas las sensaciones que despertó en mí. Fue todo muy nuevo, muy extraño. Al principio me asusté caleta cuando empecé a sentir el gusto de que se me acercara. Me asustó un poco que fuéramos ambos trans, lo veía como algo imposible — asegura Daphne.

Omar Ortiz durante su embarazo.

Tránsitos paralelos

Si en OTD Daphne andaba de pelo corto y algo de barba, fue porque alguna vez sintió miedo de seguir transitando a ser una mujer.

Su nombre de nacimiento fue Matías Osorio. Se crió sin la ropa de superhéroes con que suelen vestir los niños, y disfrutaba luciendo su pelo largo. Omar, en tanto, nació como Daniela Ortiz y, desde su casa -en ese entonces en Puente Alto-, envidiaba a los niños que afuera de su pasaje jugaban al fútbol, se caían y se ensuciaban.

La vida sin prejuicios de Daphne se acabó en el colegio, al entrar en interacción con otras personas. “Yo creo que crecí como una flor abierta y con el tiempo me fui cerrando y cerrando por la misma sociedad”, dice, mientras recuerda que una vez incluso se sintió violentada porque un inspector entró a su sala de clases con una máquina para cortarle el pelo. Terminaron cambiándola de colegio.

“A ella le daba rabia, lloraba de impotencia al no poder mostrarse tal como era y que la gente se metiera en las cosas que no le incumbían”, dice su amiga y compañera en ambos colegios, Carla Morales.

Omar, por otro lado, detestaba tener que ir a la escuela con su falda a cuadros, algo que le valió el apodo de “el niño escocés”. Cuando se mudó a El Quisco, en medio de la básica, empezó a vestirse con ropa hip hopera  y a esconder su pelo largo en un gorro cuando estaba fuera del colegio. A los 15 años decidió cortárselo.

En la adolescencia, ambos vivieron la experiencia de la primera salida del clóset. En el caso de Daphne, entonces Matías, decir a sus padres que era homosexual. En el de Omar, entonces Daniela, comunicar que era lesbiana. Ninguno de los dos sabía lo que significaba ser trans en ese momento. Esa sería, años después, su segunda salida del clóset.

“Viví mucho tiempo como un hombre gay. Ese clóset ya había sido fatal”, dice Daphne, y luego agrega: “Un día, después de una discusión heavy con mi hermano, por un tema nada que ver, me vi obligada a contarle a mi papá. No me dijo nada. Se paró de la mesa y estuvo muchas horas en el patio, llorando. Luego de eso se sentó al lado mío y me dijo que estuviese tranquila, que siempre iba a ser mi papá, que jamás me iba a echar de la casa ni nada así, porque qué ejemplo me daría como padre”.

Pamela Ortiz tampoco olvida la primera confesión de Omar, su hermano. “La salida del clóset de Dani fue primero diciéndonos que le gustaban las chicas, pero había un detalle que me llamaba la atención: empezó a mostrarse con una postura masculina, como una ‘camiona’. Yo le decía: ‘¿Por qué tienes que tener esa postura?’. Pero tampoco ahí daba una explicación. No se comunicaba con nosotros ni nosotros como familia generábamos esos espacios”.

Luego agrega: “Quizás desde temprana edad mostró esos intereses y nosotros no nos dimos cuenta del mensaje que había detrás. Nos parecía regular que quisiera jugar con autos, o con un arco que tenía con flechas. Ahora, yo percibía que tenía una tristeza, y eso sí me angustiaba”.

El cambio

En 2016 Pamela tomó la iniciativa por su hermano y empezó a averiguar qué significaba ser transgénero, el hecho de tener una identidad de género distinta al sexo/género asignado al nacer. Fue primero a OTD en búsqueda de orientación y, mientras esperaba que la recibieran, le tocó conversar con un chico trans.

El joven le relató su experiencia y la insatisfacción que tenía consigo mismo hasta que en terapia le dijeron: “¿Y qué pasa con tu identidad sexual?”. Ahí se dio cuenta de lo que le pasaba, pero tenía miedo de decirle a su familia. “Al escucharlo, comprendí lo que le pasaba a Omar. En el fondo fue cuestionarme: ‘¿Por qué te quedaste fuera de algo tan importante? Es complejo cuando te das cuenta de que hiciste que una realidad, que no era mala, fuera un horror al no colaborar, al no darte cuenta, al no dialogar en el momento adecuado”, reflexiona Pamela.

Volvió directo donde su hermano y le dijo:

—Dani, ahora me doy cuenta de todo lo que tuviste que pasar para gritarnos que estabas pidiendo ayuda. Sé lo que quieras ser. Sé un hombre.

Omar recuerda ese momento como el más feliz de su vida.

Daphne dudó al menos en dos ocasiones de transitar hacia ser una mujer. Se volvió a dejar barba e incluso se cortó el pelo. “Me preguntaba si era realmente lo que quería. Yo creía que viviría toda la vida con miedo, con temor de salir a la calle, de verme lo suficientemente niña. De repente pensaba que me echarían de la casa por ir en contra de toda la moral que me enseñaron, que estaba pecando y un montón de cosas que día a día cargaba. Pero al final estaba aparentando ser lo que nunca fui”, asegura Daphne.

Su amiga Carla Morales complementa su relato: “Cuando ella dejó de lado lo femenino, al poco tiempo se dio cuenta de que no era lo que quería realmente, sino que era una pantalla. Desde ahí empezó a tomar sus decisiones, sin importarle mucho lo que dijera el resto. Ya sufrió tanto que ahora está velando por su felicidad”.

Con la decisión tomada, faltaba un nombre. Un día estaba haciendo zapping en la televisión cuando apareció Scooby Doo, una de sus series favoritas en la niñez. Siempre le gustó la actitud femenina de Daphne, protagonista de la serie, que no era la clásica diva y tenía cierto liderazgo. En ese momento empezó a desaparecer el nombre “Matías”.

En el caso de Omar, la tradición familiar decía que el segundo nombre tenía que empezar con “A”. Pensó en Daniel Agustín, pero su hermana le dijo que no, que tenía que ser una ruptura total, y que ese nombre le recordaría siempre su nombre legal: “Daniela”. Se bautizó como Omar, que significa “hombre de larga vida”, y escogió como segundo nombre Daniel, rompiendo con la tradición familiar.

Él y ella llevan transitando desde el segundo semestre de 2016, el mismo en el que se conocieron en OTD. Se fueron dando cuenta de lo similares que eran sus experiencias. “Lo que me encanta es que la mayoría de los sentimientos y vivencias que cada uno tiene son súper mutuos. Yo creo que no siento nada que él no sienta. Es súper lindo compartir ese tipo de cosas”, dice Daphne.

Ya llevaban un tiempo juntándose, pero sin que nadie diera un paso más allá. Hasta que un día Omar se quedó mirando fijo a Daphne y le dijo:

—¿Por qué erís tan linda?

—Estái loco — alcanzó a responder Daphne antes de que él la tomara de la cintura y la besara.

Pablo Álvarez

Como Adán y Eva

La bebé permanece tranquila durante la entrevista y ambos se la van pasando cada cierto tiempo. Las labores de cuidado son repartidas: mientras Daphne muestra destreza al mudar a la pequeña, Omar es el que sacrifica su sueño todas las noches atento a si llega a necesitar pecho.

-¿Han pensado cómo le contarán cuando crezca sobre su identidad de género?

Daphne: Queremos que sea algo muy organizado. No queremos improvisar. Nosotros nos demoramos 18 años en decirle a nuestros papás, no nos demoraremos 1 mes en decírselo a la niña.

Omar: Además tenemos que leer mucho sobre a qué edad sería lo ideal. Estaba pensando en hacerle algo más didáctico y divertido.

Daphne: Si logramos construir un buen discurso, incluso podría servirle a otras personas trans que a futuro formen familia. El hecho de nosotros salir del clóset con nuestra hija va a ser algo con lo que ella vivirá siempre. Pero a mí me preocupa más que nada su entorno, el fanatismo. A ellos les diría que acá estamos, que somos trans y nos reproducimos. Me interesa normalizar este tema, que no sea tema. Bajémosle el peso y ese enfoque negativo que se le da.

La idea de embarazarse surgió gracias a que un día Omar, tiritando de nervios, le hizo a Daphne una pregunta que venía masticando desde hace un tiempo:

—Oye, ¿has pensado en tener hijos?

Era un sueño que ella tenía desde pequeña, pero meditó un poco antes de responderle. Quería formular una pregunta que le diera certeza de que él estaba dispuesto a embarazarse. Sin poder lograr pensar en algo lo suficientemente rápido, replicó:

—Sí, me encantaría. Pero, ¿cómo?

—¿Por qué no ocupamos nuestros cuerpos físicos? — respondió Omar.

Hoy, Daphne asegura que no esperaba esa proposición:

—Yo creo que al principio de la relación encasillé mucho a Omar en el trans machista, en el sentido de que no salía de lo que el hombre puede hacer. La masculinidad es súper delgada, un hombre toma la cartera de una mujer y siente que se rompió su masculinidad. Algo impuesto por la sociedad.

—Para mí fue ofrecerle la vida. Un hijo siempre te va a unir, independiente de si estás junto o separado. Cuando pensé en esto con Daphne fue como “Ooh, sería algo tan mío y algo tan suyo”. Me pareció algo hermoso — asegura Omar.

Carla Morales recuerda que no podía creer cuando habló con Daphne sobre cómo había podido tener relaciones con Omar: “Con la Daphne no tenemos pelos en la lengua, me contó así no más. Esperó mi reacción después de decirme cómo había sido”.

—¿Cómo así?

—Así po’, como Adán y Eva no más, jajaja. O al menos iba a eso.

Omar Ortiz durante su embarazo.

Un salto sin paracaídas

Los meses de embarazo fueron de mucha unión, pero también de muchas dudas. De partida, el nombre de la bebé cambió tantas veces que la pareja tuvo que frenar su costumbre de utilizar los nombres tentativos como claves del Facebook.

También estaban las dudas respecto a qué pasaría con Omar al estar embarazado. Algo que incluso hizo que su hermana Pamela confrontara visiones con su padre:

—¿Viste? Con este embarazo la Danielita… — le decía él.

—No, papá —replicaba ella.

—Ay, pero si tú no eres adivina ni tienes una bola de cristal. Lo más probable es que este embarazo le genere un sentido de maternidad y se vuelva mujer.

—No, papá…

Pamela prefería discutir con su familia que hacerle más daño a Omar, quien, por su parte, no cuestionó su género por el hecho de estar embarazado. “Nunca pensé ‘ooh, voy a ser una niña por tener un hijo’ ni ‘mis pechos van a crecer’. No. Iba a ser un niño que está embarazado, que iba a dar vida y sería padre”, asegura.

La determinación de Omar es confirmada por la matrona del Centro Comunitario de Salud Familiar (Cecosf) de Isla Negra, Margarita García: “Cuando llegó este caso, que sería más o menos inédito en Chile, yo tenía un miedo especial con el tema de la lactancia. Le ofrecí a Omar el apoyo con un psicólogo para prepararse en el tema del rol que se asumía al amamantar. Pero él me dijo: ‘No, yo lo he pensado, antes de embarazarme decidí que iba a ser así, que iba a amamantar y me preparé’. Era una preocupación de él y afortunadamente todo ha sido súper exitoso”.

Para tratar el caso, la matrona fue enfática en preparar a su equipo para que se dirigieran a la pareja trans por sus nombres sociales, anotados en todas las fichas. Además, el trato siempre debía ser cercano y respetuoso. Al poco tiempo, según cuenta García, ambos se volvieron los “regalones” del Cecosf de Isla Negra.

Esto se repitió después en el Hospital Claudio Vicuña de San Antonio, donde además llevaron a cabo capacitaciones con el equipo de Chile Crece Contigo y enviaron personal a una jornada de capacitación que realizó en Valparaíso el doctor Guillermo Mac Millan, quien realizó las primeras operaciones a trans en Chile. En total se debe haber preparado a alrededor de 50 personas que tendrían que interactuar con la pareja.

“Lo más importante fue haber trabajado en un ambiente de confianza, honestidad y de agrado real”, dice María Cristina Bravo, jefa de las matronas del Hospital Claudio Vicuña. “Siento que se rompen todos los prejuicios, porque son tan agradables que uno no necesita saber quién es la mujer. Es tan evidente, porque la Daphne es muy, muy cálida y él también. El cambio mental se hacía rápidamente”.

“Fue muy bacán la recepción de las personas, el profesionalismo, la tolerancia. Las personas muy humanas, siempre me trataron como hombre y a la Daphne como mujer. Algunos doctores me tenían mucha confianza. Me decían ‘¡Ya po hueón suelta la guagua!’ Jajaja”, dice Omar.

Durante meses, habían visto poses para vivir el parto de forma natural. Escogieron una en que ella estaba atrás de él, abrazándolo mientras daba a luz. Pero, con 41 semanas y dos días de embarazo, hubo que cambiar el plan.

El 4 de septiembre, Omar llegó al Hospital Claudio Vicuña para inducir el parto. La locomoción desde San Antonio a El Quisco corre solo hasta las 9 de la noche, y ese día el personal médico le había dicho a Daphne: “Váyase para la casa no más, nosotros la estaremos informando”. Omar también le insistió en que regresara a casa, pero ella no quiso. Se quedó a dormir en la sala de espera de preparto.

Acertó con su intuición, ya que pasadas las 7 de la mañana le dijeron a Omar que le harían el parto por cesárea. Lo hicieron firmar y lo llevaron al pabellón.

Durante la operación, no le hizo efecto la primera anestesia en la espalda. “Me empezaron a trabajar y dije: ‘estoy sintiendo todo’. Me quedaron mirando y me pidieron que moviera los pies. Cuando los moví dijeron que había que ponerme otra anestesia. Ahí sí que no me podía mover, no sentía las piernas ni nada. Empecé a sentir como si me estuvieran succionando, no sentía todo, pero sí sentía eso”.

Omar imita los sonidos de succión. Uno, dos y tres. El cuarto sonido fue el llanto de un bebé de 3 kilos y 930 gramos, a las 9:28 am del 5 de septiembre. 

Miró hacia un costado y vio a Daphne con los ojos llorosos. “Qué bacán”, alcanzó a decirse a sí mismo antes de que le mostraran brevemente a su hija y se la llevaran. Se estaba quedando dormido y tenía los ojos semicerrados.

A Daphne la trasladaron con su hija a la Unidad de Recién Nacidos y le dijeron que esperara mientras estabilizaban a Omar. Con su guagua en brazos, empezó a enviar por WhatsApp algunas fotos a su familia y cercanos.

Tras horas de espera, se empezó a sentir sola. Lo mismo sentía Omar en el pabellón, además de un frío intenso que lo hacía tiritar.

El personal médico volvió donde Daphne y le explicó que Omar había sufrido una inercia uterina y tenía una hemorragia que estaban tratando de frenar. Ella define el choque entre la felicidad de ser madre y la noticia que le dieron como saltar de un avión y luego darse cuenta de que el paracaídas no funciona. 

De inmediato mandó las nuevas informaciones por WhatsApp, tan solo algunos mensajes abajo de las fotos de la niña recién nacida.

María Cristina Bravo explica que tuvieron que aplicar muy bien las suturas y afirmarle el útero porque no se retraía correctamente. “Eso significó también una cesárea mucho más complicada de lo esperado”, dice. Luego agrega: “A pesar de esto, terminó respondiendo bien. Me comentaba eso sí que estaba molido, que le dolía todo. Estuvo entre 4 y 6 horas en recuperación, en vez de las 2 ó 3 que se tienen normalmente”.

—Casi se le va el Ken po’ hermano — bromea Omar, que hoy ya tiene superado el episodio.

Amor por la esencia

Pablo Álvarez

El viernes 8 de septiembre, Omar fue dado de alta y pudo disfrutar de verdad a su hija. A pesar de las complicaciones que tuvo su primer parto, asegura que se embarazaría de nuevo:

—Me gustaría, pero ya estando en hormonas, porque me gustara mostrar este caso con rasgos muy muy masculinos, con barba y facciones más duras. Me gustaría embarazarme sin pechos para que la gente, si no puede entender con las palabras, que lo vea.

—¿Cómo ven el tema de la discriminación de la gente hacia las diversidades sexuales?

—Es violento que una trate de vivir su vida normal y que un choclón de gente venga y te diga que eso no está bien, más encima con insultos. Es normal que chicos y chicas trans tengan miedo de salir a la calle por cómo es la sociedad — dice Daphne.

—Yo creo que la gente está entendiendo más. Siguen habiendo hueones básicos, a esa gente le digo como: “¿Qué te he hecho? ¿Por qué te duele tanto que yo sea de esta forma?” — agrega Omar.

Actualmente ambos sueñan con estudiar para luego instalar un centro de estética en el sur de Chile, donde ella se desempeñe como colorista y él como peluquero.

Respecto a qué vaya a pasar con sus tránsitos de género, quiénes fueron o serán, parece poco importante:

—Si Daphne mañana no quisiera ser Daphne y quisiera volver a ser un chico, seguiría enamorado de quién quisiera ser — dice Omar.

Ella responde:

—Yo también le he dicho que estoy más que nada enamorada de su esencia, de la persona. No de Omar, no de lo que en algún momento fue, de cómo nació, de lo que tiene entre sus piernas. Esas cosas pasan a ser detalles. Todo eso me daba a entender que esto sí es amor, y lo mejor ha sido experimentarlo, sentirlo y, lo más lindo de todo, compartirlo.