El almacenero de mi esquina es famoso en el barrio. Cuando llegué, hace un año aprox., me incomodó inicialmente la cercanía en el trato, como si nos conociéramos de toda la vida. Con el paso del tiempo eso se hizo normal, y descubrí que es esa la razón por la que, habiendo muchos almacenes en el barrio, ése pasaba lleno. Eso, a pesar de que su dueño es Evertoniano orgulloso, cosa perdonable a muy pocos en los cerros de Valparaíso.

En las municipales de 2016 estuvo con Sharp, y una podía ver propaganda electoral en sus paredes, y, por supuesto, en sus palabras.

Frenteamplista, ilusionado con la Bea, fue el primero en contarle a todo el barrio que la que escribe había salido en la franja, y discutía más que yo con el Piñerista de sus compradores.

Los 300 mil votos de las primarias le dolieron. ¡Sacamos menos que Ossandón! se lamentaba con decepción. Algo había que hacer, había que redoblar esfuerzos en las poblaciones, en los cerros, el mensaje del Frente Amplio tenía que fortalecerse…

Hace unos días me lo encontré de nuevo, y esta vez no era preocupación, sino desesperanza, lo que fluía en sus palabras. “Es más de lo mismo, y ya están pensando en negociar. Nuestra candidata no se posiciona, no dice lo que hay que decir, no hay definiciones. Pero no sólo ella, sino que los candidatos. Yo veo los debates, y no hay sustancia”. Y yo replicaba “es que el programa…” sin mucha convicción.

La desesperanza de quienes por distintas razones no tenemos más casa política que el Frente Amplio es lo que sentí en mi vecino hoy, el reflejo de mi propia desazón por la ausencia de mecanismos que nos permitan incidir en el curso actual de las cosas. En nuestros territorios no existe un comando para nuestra candidata, no es  más que la suma de partes -comandos particulares de candidatos/as- que no llegan a generar sinergia. No existe, en la práctica, posibilidad de participación concreta de esos miles, más que en el voto por internet para el programa.

Si no existe ahora, que estamos en campaña, ¿qué queda para después de las elecciones? ¿Qué control o, al menos, capacidad de incidencia en “nuestros” parlamentarios tendremos las y los frenteamplistas?

He criticado, y seguiré criticando, a los agoreros de la derrota. Pero ¿cómo se resuelve la imposibilidad de hacer, para contribuir en que el curso sea otro? ¿Qué espacio ofrecemos a este almacenero implicado y convencido, pero sin cabida para proponer? El comando particular de una candidatura parlamentaria, menos frenteamplista y más propia de la organización de pertenencia, no resuelve este problema. Por el contrario, lo evidencia todavía más.

El segundo tiempo de la campaña, marcado por el eslogan “el poder de muchos” tampoco resuelve el problema de la falta de claridad política para instalar un eje de la disputa que nos permita recuperar la épica, el proyecto de país, la disputa abierta con los que lucran con nuestros derechos y nos imponen una democracia de papel, hecha a la medida de la reproducción de la herencia dictatorial. Porque no es sólo un asunto de cuántos caben en la cocina, sino de los intereses que se resguardan en ella.

Hay que decirlo con todas sus letras: la corrupción del Partido Socialista, expresada en la polémica de su alcalde en San Ramón, es una evidencia más de la podredumbre de los partidos tradicionales, que han capturado la política para la reproducción de sus propios privilegios, en su lugar de guardianes del 1% más rico de la población. La “altura” moral de Sebastián Piñera, que pone a sus nietos bebés como propietario de sus empresas para encubrir cómo gestiona “su” riqueza, debe ser denunciada públicamente, en cada espacio de debate, para contrarrestar la enorme cobertura mediática que le paga ese 1%. La explotación a la que estamos sujetas/os la mayoría de la población gracias al infra valor del trabajo, y el abuso por tasas usureras, colusiones, y el enorme endeudamiento al que estamos obligadas para llegar a fin de mes, no se pueden igualar como tema de campaña con la protección a los animales, pues eso es relativizar los aspectos esenciales de un programa efectivamente transformador del neoliberalismo rancio que nos impusieron.

Estamos a un mes para las elecciones. Y en Valparaíso, la segunda comuna con mayor participación presencial en el Plebiscito convocado por la Coordinadora No+AFP -cuya propuesta ha sido asumida íntegramente por el Frente Amplio- tenemos las mejores condiciones para revertir esta situación. Aquí podemos generar espacios verdaderamente frenteamplistas, capaces de convocar al conjunto de voluntades- que a ratos parece que sólo asumen el FA como una buena marca- así como a centenas de independientes, que esperan un lugar y una tarea desde la cual aportar.

El liderazgo convocante y carismático de nuestro alcalde, sumado a la anticipación de ese proyecto frenteamplista en la alcaldía ciudadana, nos ofrecen una oportunidad privilegiada para orientar esta campaña con un sentido estratégico, que post elecciones se traduzca en la composición de una fuerza política que profundice el quiebre con la política de los consensos, que obligue a la apertura de un nuevo ciclo político, esta vez favorable a las mayorías del país que vivimos de nuestro trabajo.

Hemos avanzado, no hay duda. Tenemos un proyecto y una candidata presidencial que nos han permitido llegar a más personas que ningún otro proyecto transformador desde el fin de la dictadura, abriendo las puertas a configurarnos como una verdadera alternativa al duopolio con centro en nuestra gente. Pero para eso es urgente constituirnos efectivamente como colectivo incluyente, asumir la responsabilidad histórica, y ordenar las filas tras un proyecto definido y sin medias tintas. A ese llamado, estoy segura que seremos muchas/os quienes acudiremos.


Coordinadora del equipo programático de pensiones de Beatriz Sánchez